domingo, 25 de septiembre de 2011

Ésos a los que llaman anónimos

Siempre he pensado que no soy un anónimo. Vale que no soy conocido, soy, entonces, desconocido. Desconocido para mucha gente, para la mayoría. Pero tengo mi nombre, mis apellidos, mi manera de ser y de actuar, y soy un ser social como cada uno de los “anónimos” que al parecer circulan por la vida. Me niego a ser un anónimo, a ser el hombre invisible (ojalá pudiera). Pero no me niego por negarme, sino porque estoy obligado a ser YO, con mi cuerpo y con mi mente, con mi fachada y mi interior, para el bien o para el mal de aquél que se me cruce a lo largo de cada uno de los instantes de mi vida. O para su indiferencia. Paso, en caso de indiferencia, a ser selva, a ser uno más, un árbol, una sombra, un suspiro que camina. Un cualquiera que tiene un aspecto, un nombre y unos apellidos (y una forma de ser y de actuar). Una imagen que se desarrolla mediante unos procesos cerebrales, y que te puede ayudar o atacar, o defenderse de ti, o que no se ha percatado de que existes, aún teniendo tus nombres, tus apellidos, tu manera de ser y tu forma de enfrentarte a la vida. Posees tu “TÚ”, que te hace distinto a todas las personas del mundo. Y ese TÚ tampoco es anónimo por mucho que te lo propongas, por más que desde los medios de comunicación analfabetos te llamen anónimo, número o estadística.

Klaus Wolfgang Schmittenwithchtchtcht (no sé si ha existido esa persona o si existe ese apellido, pero creo que no), ha apedreado a un grupo de judíos cuando los trasladaban a un campo de concentración a principios de los años cuarenta en Alemania. No era un anónimo, un anónimo no mató de una pedrada a Simon Levin, que tampoco era anónimo. Como tampoco es anónima la mujer que me pidió la hora ayer, a las doce y veinticinco de la mañana. TODOS somos entes, y es imposible que entre nosotros nos conozcamos, somos demasiados.

Cuando un día de éstos volváis a oír a algún palurdo de los informativos (con sus nombres y apellidos) que nos desinforman cada día, hablando de ciudadanos anónimos, entonces comprenderéis que si os han metido en ese grupo, os han ninguneado, pues cada uno de vosotros, repito, sois un ente particular.

Además... ¿qué cuesta decir "un grupo de ciudadanos" correctamente, en vez de decir "un grupo de ciudadanos anónimos"? Aunque... tampoco cuesta nada decir "dos grados bajo cero" correctamente, en vez de decir "dos grados negativos". O dos grados negativos y anónimos.

En fin, desde que es más importante la persona que transmite noticias que las noticias en sí mismas, muchos de los entes que nos "informan", creen que son demasiado "anónimos" y los tenemos que conocer, aún basándonos en sus meteduras de pata.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Hola a quien me lea

Hoy he decidido crear un blog, no es que me sobre tiempo, más bien todo lo contrario, pero bueno, digamos que viene a ser una nueva experiencia. No sé ni cómo enfocarlo ni qué temas tratar ni con qué frecuencia, esas circunstancias me las irán marcando el calendario y mi agenda, además de mi tiempo y mi atención.

No tengo ni idea de cómo funciona esto, supongo que con el paso de los días me iré haciendo un poco a este trozo de mi vida que ahora comienzo. Y es precisamente eso, la vida, la que irá marcando también los temas que trataré. Temas sociales principalmente, sentimentales en los momentos más almibarados, tristes o alegres, quizá algún tema ¿político?, (no, ni de broma). Pero bueno, ya veremos...

Antes de crear este blog, me he paseado por otros, quizá unas decenas. Algunos me han sorprendido por su diseño, su imponente presentación, y luego, apenas en las superficie de las palabras, me he visto perdido. Sé que tu vida es muy feliz, porque has creado un sitio desde el que puedes presentar una vida hermosa, sin problemas y sin frustraciones. Eres feliz. Yo no. Vivo de momentos, unos buenos y otros malos, unos gigantes y otros odiosos. Pero qué más da. No voy a plasmar mi vida aquí, a nadie le importa si cuando mi novia me hace el amor (si es que tengo novia y si es que me hace el amor), clava sus uñas en mi espalda y me susurra que me quiere de tal manera que mis vellos se enderezan hasta rascarle. Eso queda en mi más estricta intimidad.

También he visto blogs interesantes, al menos para mí, donde las palabras se logran clavar en el alma, donde se reflexiona y se analiza de una manera deslumbrante y he visto gente de la que se puede aprender y mucho. Pues bien, queridos humanos, quiero aprender de vosotros, ya que hasta ahora no lo he conseguido. Si aprendo o no ya lo comprobaré yo mismo, porque aquéllos que van repartiendo enseñanzas por el mundo, aquéllos que todo lo saben, son los más pobres. Si algo puedo aprender, será algo auténtico, fuera de las tres tipologías que predominan en esta sociedad absurda.

Como en la canción de Silvio, Ojalá.