miércoles, 26 de septiembre de 2012

Preludio


Con estas tres entradas que llevo, y que en principio iban a ser más (faltaban Hijos de puta IV-Periodistas; Hijos de puta V- Todos (bancos, inspectores, empresarios, trabajadores, desempleados, empleados, etcétera) -aquí iban a saltar chispas, jajaja-; e Hijos de puta VI-Conclusiones), me he dado cuenta, o más bien he confirmado las sospechas que tenía. Todo seguirá igual. Los que se dejan hostiar por la policía se seguirán dejando hostiar, los abogados defenderán su profesión, como los jueces y los sindicalistas, y los políticos y toooodo, porque tooooodo está de puta madre. Y si te sales, zapatazo, jajaja. Bah, estaba claro.

Todo seguirá igual, aunque muchos canten "the times they're a changing", que mola mucho.

Me río de asco.

Curioso.

Y todos son luchadores. Yo sólo estoy sentado observando, como si me conocieran de algo.

Una sonrisa despectiva.

Si tiras hacia un lado, eres esto, si tiras hacia otro, eres lo otro. Si disparas a lo que crees, con tus convicciones, erradas o no, que no digo que sean correctas, sino que son mías, zapatazo también.

Ciertamente me he sorprendido con algunos comentarios. Me han gustado aquéllos en contra de los míos en los que he visto una razón, y me han insultado aquéllos en los que he visto LA razón.

Pero yo también peco.

Yo sí.

Como me dijeron un día, no hace mucho, ¿quién eres tú para decir si alguien hace mal o no, cuando te pasas el día odiando a las personas? O algo así. Bien, es una lectura.

En fin, esto se acaba, y me da rabia no tener tiempo para publicar lo que todavía me ronda en la mente. Casi mejor, estoy cada día más envenenado, nunca he hablado desde una posición de privilegio, soy uno más de los que las están pasando putas. Además llevo unas semanas en que no logro concentrarme en estas cosas por falta de tiempo y tampoco logro explicarme. 

Normáaa.

¡Penúltima!






martes, 18 de septiembre de 2012

De piel

Poco texto puedo meter en esta entrada. Que guste más o menos es una posibilidad. Que penetre en la piel y la levante, indescriptible.





martes, 11 de septiembre de 2012

Hazme una buena comida


Tu fama te precede. Comenzaste en tu casa, pero tu ego te obligaba a que te vistiesen de piropo.

Así, fuiste dando de lado a los tuyos y vendiéndote a los de alrededor. Primero fue aquel hombre de bigote, lo recuerdas perfectamente, se manchó de tu producto mientras tú la gozabas. Después llegó aquel joven atlético que te frecuentaba cada día hasta que terminó sus estudios y te abandonó.

Siempre te regalaba el oído, y te sentiste plena y satisfecha.

Acudía a ti en principio al mediodía. Luego mañanas y anocheceres. Y tú latías, feliz.

Y fueron llegando más hombres, eras la número uno y tu nombre circulaba ya en boca de todos creándote una fama que quizá te sobrepasó.

¡Y mujeres también acudieron! Sin ánimo de competencia, asumieron de inmediato que tenías más experiencia.

Y, claro, ya no hacías ascos a nada.

Un día, por casualidad, alguien me habló de ti. Era primavera y tenía una necesidad imperiosa de satisfacer mis deseos.

No eras cara.

Abrí la puerta entornada, me senté y te esperé. Pronuncié tu nombre y me sonreíste, coqueta, iluminada.

-Maruxa, por favor, hazme tu mejor guiso de choupas . Nada de precocinado. Trabaja sin condón.

Sonreíste de nuevo y te pusiste a ello.