viernes, 28 de diciembre de 2012

Cerrado por obras

Chicas y Antonio, estos días mantendré cerrado el acceso a comentarios. No sé si hoy o mañana cerraré el chiringuito, pero la semana que viene volveré a abrir para que me sigáis mandando besos  (Antonio, ¡tú no!).

Si no os respondo es porque no respondo, y si respondo es porque sí. El caso es que como no voy a estar pendiente del blog, me sabe mal que escribáis cosas y esperéis las respuestas, porque dicen que el que espera desespera, aunque también dicen que no hay que pedir peras al olmo o que no por amanecer se madruga más temprano.

Os tendré en mi corazón (ah, no, coño, que no tengo).

No sé si me habré plicado bien, lo que sé es que mañana me habré ex-plicado bien. 

Os deseo un FELIZ AÑO NUEVO, que simplemente son tres palabras. Lo que tenga que cambiar cambiará y lo que no, seguirá como siempre.

Bueno, os dejo una canción superguay (yo no la tengo que escuchar, je)



jueves, 27 de diciembre de 2012

Abriendo boca


Me llamo Amaro.

Soy de natural escrupuloso. Algunos piensan que demasiado, y así me lo hicieron saber en más de una ocasión.

En la única persona  en quien he confiado a la hora de comer ha sido en mi madre… ¡qué hermosos años aquéllos!

Incluso cuando he ido a restaurantes, tras observar algunas cocinas o a algunos cocineros/as, he pedido siempre comidas fritas, confiando en que la temperatura del aceite hirviendo acabase con los virus y bacterias.

Hoy en día eso de comer fuera lo llevo muy mal, hay un programa en la tele en que un cocinero famoso visita algunas cocinas de restaurantes y… bueno, no os lo voy a comentar porque se me arruga el careto. Luego están los cocineros renombrados a los que dedican programas enteros y han llegado a la categoría de grandes artistas. Son ésos que tocan cada milímetro cuadrado de todo lo que pasará por tu gaznate. Gente que también caga y se limpia el ojete, y se mete un dedo en la nariz y escupe cuando pronuncia una P. Gente a la que se le cae el pelo, se come las uñas y se toquetea para satisfacer sus necesidades más primarias. Sí, como he dicho, luego manipulan cada milímetro de lo que vamos (vais) a engullir y lo bautizan con extraños nombres que no sabemos qué esconden.

Que sí, que hay algunos que se lavarán las manos. Un poquito de jabón y un chorrito de agua con dos frotamientos de palmas… como si no quedasen en los surcos de las huellas dactilares restos de todo tipo. No estaría de más meter por uno de esos surcos la punta de un alfiler y analizar con microscopio lo que contiene.

Peeeeeero luego está el camarero, y ya no hablo de la típica imagen de veraneo en el chiringuito de la playa donde la paella adquiere un nuevo concepto de sal y luego descubres que pertenece a la frente sudorosa del hombre que te sirve.

En invierno también existen peligros. Y es que en este país a la gente le encanta hablar, y los camareros, lo creáis o no, también son gente. Y mientras os llevan los platos a la mesa, le gritan a sus compañeros: “¡Falta una PePsi en la terZZZZera mesa!”. Y los fonemas llegan al plato convertidos en burbujitas blancas o transparentes que, en el caso de unas lentejas pueden pasar desapercibidas. Lo malo es cuando te encuentras a un profesional de los equilibrios que es capaz de llevar hasta dieciocho platos en cada mano y te das cuenta de cómo reparte las zetas.

Pero… ¿conocéis a esas personas que tienen una especie de babilla blanca eterna entre los labios y en cuanto hablan se les queda  una bolita pastosa en el de arriba o en el de abajo?; ¿o los más peligrosos que crean un hilillo blanco y elástico que se estira y se encoge cuando chapurrean sus  palabras? Bien, pues alguno de ellos trabaja de camarero.

Otro peligro… tus compañeros de mesa. Algunos no se cortan ni un pelo. Les da igual hablar de las operaciones quirúrgicas que han sufrido en sus zonas más íntimas (ésas que sólo se enseñan a quien uno elige) y son capaces de retransmitirte la incisión del bisturí por un pliegue del ano para buscar un pelo enquistado que ha nacido hacia el intestino. Ya digo: no se cortan un pelo. Luego están otros, que hablan con la boca llena disparando perdigonazos a esas lonchas de jamón ibérico que ya vienen saladas de frente de camarero o fonetizadas de pes y zetas. 

Yo no soy capaz de asumir un perdigonazo pequeñín. En ese caso me quedo sin entremeses. Pero cuando ya es de gran calibre (pongamos tamaño diente, aunque sea diente pequeño), me destroza todos los platos “futuribles” y tengo que empezar a excusarme con lo de siempre: “buf, tengo el estómago cerrado”.

En realidad no miento.

Una hora más tarde, la gente se sorprende cuando me acerco a la barra y ellos siguen de cháchara con las historias de SIEMPRE.  Entonces me aproximo a un camarero de barra que sale del servicio (y yo, que me fijo en estas cosas, me doy cuenta de que no se ha lavado las manos… ¡después de tocarse la polla!) y no se me ocurre otra cosa –IMBÉCIL de mí- que pedirle un perrito caliente para matar el gusanillo…  Joder, el gusanillo que se acaba de tocar un tipo que aunque tenga el carnet de manipulador de alimentos, se lo pasa justo por ahí –grrrr-.

Pero, ¿por dónde iba, que ya me pierdo? Ah, sí, por eso de IMBÉCIL de mí. No puedo pedir un paquete de patatas fritas, no. ¡TENGO QUE PEDIR UN PERRITO CALIENTE! Y como si fuera una metáfora de todo lo que pasa por mi cabeza, el camarero, con su carnet de manipulador de alimentos, y después de tocarse la chorra, agarra al pobre panecillo y lo folla con un pincho que sobresale de la plancha. No lo clava en el pan, no: se esmera a dos manos y lo frota y lo mete y lo saca… que llegados a este punto ya no me sorprendería que tuviera restos de orín en las palmas. Luego introduce la salchicha (con pinzas, que no se diga que no es higiénico) y ésta se pierde en los interiores de un pan acojonado y ya triste.

:-(

:-(

:…-(

Con el estómago vacío, mis ganas de asaltar mi nevera son extraordinarias. Quiero que nos vayamos ya, suelto alguna indirecta y se decide entre todos pedir la cuenta. Y entre todos se paga. Me toca poner mi parte, que es tan grande o tan pequeña como la del resto. Pago por el gran reserva que no he bebido, por los chuletones, el marisco y todo lo demás que no he comido... nadie tiene compasión de mí.

Se me acerca un camarero:

—¿Ha disfrutado de la comida?

—La Coca Cola no estaba mal, no… claro que la hubiese preferido embotellada, no de grifo.








PD- Esta entrada no va contra el colectivo de camareros. Ya sabemos todos que son gente absolutamente profesional. Ni contra el colectivo de cocineros, que también sabemos que son unos auténticos profesionales. Ni contra la gente en general, que es muy humana…

domingo, 23 de diciembre de 2012

Gracias, Fuxan


En una de las tabernas del puerto los hombres mojaban sus gargantas  con alcohol. La mayoría de ellos eran jóvenes y no tenían mujer e hijos. Xoán y algunos otros, sí, pero aquella noche sus compañeros de fatigas habían decidido celebrar la llegada a puerto sanos y salvos después de aquella jornada agotadora en la que poco habían conseguido faenar.  El mar se había levantado de mal humor y tuvieron que pelear con él hasta la extenuación. Le insistieron a Xoán para que acudiera a dicha reunión.

Los temporales de esos días convertían a su pesquero en una cáscara de nuez, perdida en medio de la nada, que se hundía y emergía entre enormes montañas de agua salada que les perdonaba la vida en cada envite.  En esas fechas los mares arreciaban con una fuerza descomunal, como si estuvieran enfadados con el planeta y quisieran resquebrajar la línea de la costa.

En ese momento entró en la taberna Don Evaristo, el armador. Un paréntesis de silencio se coló entre algarabía y conversaciones, pero uno de los chicos lanzó un aturuxo al aire y el resto le acompañó, robando al ambiente notas de voces roncas que entonaban cantos marinos, con una percusión soportada por las viejas maderas de las mesas, y una gaita que lloraba agudos sobre el griterío.

Las horas fueron pasando. A Carmiña no le importaba que de vez en cuando su marido diera rienda suelta a su alegría con sus compañeros de penurias. Ella, mientras, cenaba en casa con sus dos pequeños.

Las notas que fluían de las gargantas de lija se alargaban empapadas de alcohol, y alguno de los hombres dormitaba ya sobre su mano.

Llegaron dos amigos de Don Evaristo y soltaron las redes. Pescaban marineros.

A dos de los chicos los convencieron para embarcarse de madrugada. Fue sencillo: “te duplicamos el jornal” y “los pronósticos dicen que el temporal va a remitir”. A otros dos hombres les dijeron que los acompañaban a sus casas y los embarcaron, adormilados o borrachos, ajenos al mundo como estaban, inmersos en pensamientos extraños que sólo pueden salir de baños de ribeiro, cerveza, güiski o caña. Otros dos marinos, amigos de la euforia de aquellos momentos, bravuconeaban con su valentía.

Xoán se acercó a su casa para avisar a Carmiña de que embarcaría con los otros seis compañeros…, que no los dejaría solos en aquellas condiciones. Ella, como siempre, lo comprendió. Al principio se asustó, el tiempo estaba revuelto, pero cedió como siempre hacía. Había que sacar a los chavales adelante y al fin y al cabo ése era su modo de vida.

Antes del amanecer, el pesquero se perdió en el horizonte. Una vez en medio del océano, los sonidos de madera y metal chirriando y quejándose eran apenas perceptibles, acongojados por la furia de las olas. Y los saltos de la nave desplazaban a su antojo aquellos cuerpos de hierro y carne, doloridos ya de esfuerzo y pugna.

¿Encontrarían un banco de peces? Necesitaban el dinero para ellos y sus familias.  

Evaristo se había tirado en la cama y dormía a pierna suelta, satisfecho con su labor. El negocio seguía en boga.

El cascarón se movía a babor, a estribor, empopaba y chocaba contra muros de sal y agua. Desde el cielo, un rayo crujió y les mostró los nubarrones negros que se confundían con la oscuridad del mar.  Alguno de los marineros tragó saliva y degustó el salitre.

Un trueno sobresaltó a Carmiña. Su luz se coló entre las fisuras de las contraventanas. Pegó un bote en la cama. Palpó las sábanas a su lado y se percató de una ausencia. Se serenó, se levantó y se asomó a la ventana. Fue incapaz de abrirla, en su pulso contra el viento. En todo caso, de abrirla, se habría encharcado su habitación. Llovía a chuzos y el ventarrón ladeaba las gotas que lamían el suelo casi en horizontal. Hacía frío, se abrigó, pero notó cómo su cuerpo seguía temblando de presentimiento. Sus dientes redoblaban ritmos a pasos acelerados.

Xoán pensó en Carmiña y en sus pequeños, pero rápidamente los desechó de su mente, tenía que estar concentrado en la lucha contra la naturaleza si pretendía volver a verlos.

Notó que un sentimiento de impotencia le abrigaba y, como si no existieran más gotas en su cuerpo, sólo se percató de las que de súbito le nublaron la vista.

En tierra Evaristo recibió una llamada telefónica. La tormenta era verdaderamente peligrosa… ¿se salvará el barco?, pensó.

Amaneció.

Viento: cero nudos.
            
            Calma aguada por llanto de nube.

Con la claridad llegaron las noticias a puerto. Un mercante que faenaba por la zona acababa de encontrar varios cadáveres y los restos de un pesquero esparcidos una milla a la redonda.

—¡Me cago en todos los santos! —exclamó Evaristo —. ¡Joder! ¡He perdido el barco!

Los servicios de emergencia lograron rescatar los siete cuerpos sin vida. Los depositaron en la playa mientras los habitantes del pueblo contemplaban con rabia los cadáveres y con temor al siempre húmedo horizonte.

El pueblo se hallaba de luto, las campanas tocaban a muerto.

Evaristo recorrió unos kilómetros por la costa. Dentro de la taberna del pueblo más próximo algunos marinos quemaban la suerte de sus compañeros con alcohol.

El armador llamó a sus dos amigos, y llegaron cargados de redes.










viernes, 21 de diciembre de 2012

Ama

Un clásico del rock de Extremoduro, uno de los temas que más me gustan, junto con "Standby", "Salir", y algún otro. Me he encontrado con un montaje bastante currado de fotos y aquí lo cuelgo, así cambio un poco de tema. La mayoría de vosotros ya conocéis la canción, a mí es de las que no me cansan.

Aprovecho para felicitaros las fiestas y desearos que todo os vaya bien.

Una sonrisa de las mías!!!   :-S 


¡¡FÁCILES FIESTAS!!







jueves, 20 de diciembre de 2012

Doblada


Otra mentira más, otra grandilocuencia visual que engañó al mundo y recibió el premio Pulitzer de fotografía.

En la imagen se puede ver a un niño que va a ser devorado por un buitre una vez se muera de hambre. Gracias a ella, la ayuda de Occidente se volcó con el país del niño en cuestión (Sudán). Cuando me refiero a la ayuda de Occidente, hablo de toda aquélla que se dona y llega a su destino (en algunos casos y según algunas fuentes que han trabajado en oenegés, apenas un cinco por ciento, y supongo que en otros, un cincuenta por ciento, eso no lo puedo saber).

Muchos ya conoceréis lo que os voy a escribir aquí. Otros, como yo hasta hace poco, se revolvía pensando en una imagen tan atroz.

La fotografía la tomó un sudafricano blanco llamado Kevin Carter, famoso precisamente por la escena que había realizado, según un documental sobre su vida, y por no resistir el peso de la conciencia al imaginar que no había podido ayudar a aquel pobre niño, terminando por suicidarse.

La escena fue simbólica: el buitre representaba al capitalismo, el niño a la pobreza y el fotógrafo a la indiferencia de la sociedad.

Según la wiki-wiki, el fotógrafo fue criticado ferozmente desde todos los ámbitos por no mover un dedo para salvar al pobre niño.

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La otra cara de esta noticia era mucho más simple… o compleja.

Veamos:

-La imagen estaba trucada. En realidad lo que estaba trucado era el mensaje. La fotografía en sí era real, pero utilizando el objetivo creaba una imagen de cercanía entre el buitre y la criatura que no se correspondía con la realidad.

-La fotografía se realizó en un poblado de Sudán mientras la ONU repartía comida. Los padres del niño habían ido a recoger su ración de alimentos y el chaval se quedó solo unos momentos.

-Los buitres acechaban para comer las posibles sobras de esos alimentos o las de un estercolero cercano donde los habitantes hacían sus necesidades. Luego las aves se marcharon tan tranquilas aleteando pacíficamente (o no).

-El niño creció y creció hasta que tuvo ocho años y desgraciadamente murió de una enfermedad después de sobrevivir a la hambruna.

-El fotógrafo no se suicidó recordando la fotografía y su pasividad ante aquel hecho. Ya estaba medio majara, tonteaba con drogas y su vida era un auténtico desastre.

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Todos estos datos los he obtenido de la Wikipedia. Ahora ya no sé quién miente, si el Pulitzer, el documental o la Wikipedia.  Sólo sé, una vez más, que nos dan carnaza de un lado y de otro para que enfrentemos nuestras convicciones y no molestemos.

Venga, menos historias, Sbmeau. 



miércoles, 19 de diciembre de 2012

Con educación


A nadie se le escapa que si el país está como está es por vuestra puta mala gestión, excelentísimos, ilustrísimos, altezas y barrigones con corbata… y otros uniformes.

Tenéis la puta manía de echar la culpa a otros. Que si la crisis, que si el partido de la oposición, que si la Ley está mal, que si la Constitución, que si el coño de la Bernarda. Que tú esto y que tú lo otro.

Nos(otros) lo asimilamos, nos posicionamos, defendemos una parte de vuestra gestión porque nos habéis enseñado el blanco y negro,  la cara y la cruz, la derecha y la izquierda.

Es el juego que os interesa, el que os da de comer, el que os pagará unas pensiones que ya quisiera yo la vigésima parte para vivir como Dios. De esta manera siempre estáis respaldados por la mitad de un país, a la vez que la otra mitad os ataca. Pero ése es el equilibrio desde hace décadas y más décadas. Y ese equilibrio os mantiene ahí, pegados a vuestras poltronas,  escaños, tronos y asientos de salas, y púlpitos y despachos de periódicos nazi-onales.

Que sí, que tiene que haber recortes, eso ya lo he pillado, sé que muchas personas no. Soy consciente de que vuestros recortes son no sólo necesarios, sino vitales. Los de antes se llevan las manos a la cabeza y se llenan la boca con vuestra gestión: tienen que desarrollar el personaje que les ha tocado, su sueldo va en ello. Son la oposición (…) Antes vosotros hacíais lo mismo.

Sí, ya he hablado de vuestro juego: el equilibrio.

Ya todo me suena a cachondeo, a postureo y a, por decirlo de una manera suave: a mierda caquita. Cuando llegaban gentes de otros países en condiciones lamentables los ubicabais en pabellones donde tenían sus literas y sus raciones de alimentos. Ellos os daban igual, no nos engañéis, simplemente había que dar una imagen de un país desarrollado y quedaba muy bien de cara a la galería. Cuando hay alguna catástrofe natural hacéis lo mismo, y ya se encargan vuestros medios de incomunicación de daros bola con vuestra gestión: bomberos, ambulancias, emergencias en general, promesas, literas y alimentos. De pocos es sabido que luego muchas de esas personas se quedan olvidadas (Barrio del Carmel, terremoto de Lorca, o el cabrón cabrito de Rubalcaba que la montó con la huelga de controladores y prometió que se pagaría a los afectados y todavía estoy esperando mis miles de pavos que nunca llegarán). 

Ná, puta mierda caca. ¿Qué dice ahora la prensa? Dice chitón.

¿Dónde están los planes de emergencia cuando más falta hacen?  Mucha gente vive en la calle, se alerta de que la palabra HAMBRE ya no es literatura, EXISTE, cojones

¿Por qué sólo desde las fundaciones y las asociaciones privadas son las que se encargan de ayudar a los más desfavorecidos? ¿Por qué no legisláis al respecto? Sí, sí, el partido del gobierno y la oposición y todas las demás oposiciones, joder cáspita. Los desfavorecidos, y ya que es lo único que importa, también tienen la capacidad legal de votar –aunque desgraciadamente creo que volverán a caer en vuestra trampa-. ¿Dónde están los Decretos Ley, los Decretos, las Ordenanzas y demás normas que se echan en falta? ¿Dónde están los pabellones o estadios para ubicar a las personas que están sin techo y darles una comida y medicamentos–y ya no digo una educación-? Ah, sí, ya sé, están para jugar al furgol y al baloncesto, que es lo que importa.

Nada, chicos, eso no vende. Lo suyo es que haya una catástrofe con tres o cuatro muertos y se realice un despliegue de medios donde no falten las cámaras. Pero luego, si hay un goteo de muertes (ya van cuatro suicidios por deshaucios), si la gente pasa hambre (repito: ya es un hecho: en Spain se pasa hambre), o si no tienen ni un euro para comprar medicamentos, NO TIENEN VALOR COJONES para gestionar lo que la gente necesita de verdad. ¿Gobierno? ¿Gobierno de qué? ¿Oposición? ¿Oposición de qué?

El otro día salió en las noticias un tipo que quiso robar un banco para que lo metieran en la cárcel ¡Y TENER TRES COMIDAS AL DÍA!

¿Qué es esto?

Cuando habláis de vuestros macros, yo veo a los micros recogiendo basura, y sólo con mirarlos me dan ganas de potar. En vuestra puta cara.

A nadie se le escapa que si el país está como está es por vuestra puta mala gestión, excelentísimos, ilustrísimos, altezas y barrigones con corbata… y otros uniformes.

Pero tranquilos. Sabéis que tenéis a medio país que os respalda. Sois unos mierdas, por eso tenéis éxito. Nos habéis educado en la mierda.









viernes, 14 de diciembre de 2012

Delirium


El rock vasco de los años ochenta dejó grupos para la historia de las minorías que lo escuchábamos. Impactaban los famosos, pero los que no tuvieron un nombre demasiado sonoro o cantaban en euskera se fueron olvidando si es que alguna vez se les tuvo en cuenta. A mí me entraron en vena los más conocidos, y con el tiempo me he dado cuenta de que los que mayores sensaciones me causaron fueron aquéllos que en esos tiempos, y por mi desconocimiento del idioma, ignoré.

Hoy los escucho con nostalgia y me recreo en muchas de sus letras. Grupos como Delirium Tremens, Hertzainak o Zarama me llenan de recuerdos que ningún otro grupo es capaz de conseguir.

Sé desde YA que casi nadie escuchará la canción. Tiene todo en contra: idioma desconocido, grupo “antiguo”, estilo rock, sin repercusión… pero sobre todo no los han bombardeado en programas de telecirco ni en los cuarenta, no cantan pop rumbero ni se someten a esa extraña música que desde Raphael hasta Bisbal desgraciadamente triunfa; no fusionan y no son rítmicos. Son llanos y simples. Echan lo que tienen. Pero qué cojones, cada uno tenemos nuestras sensibilidades.  Y para mí… SON AUTÉNTICOS, aunque no me lo digan los locutores más guays de la península, ni canten en inglés de segundo de BUP (o como coño se llame ahora ESO).

       Boga boga-Delirium Tremens

Boga boga
Itsasorantz zijoaz
Senideak, lagunak eta neska
Lehorrean utzita

Boga boga, horrela da bizitza
Kresala azalean, haizea aurpegian
Noizean behin gorrotoa diozu
Baina nire barnean maite duzu

Boga boga, egun bat eta
Beste bat eta beste bat
Itsasoa eta zerua ikusten
Kresala azalean, haizea aurpegian
Beirasuan itsasoan galduta

Egun bat eta
Beste bat eta beste bat
Itsasoa eta zerua ikusten
Egun bat eta
Beste bat eta beste bat
Kresala azalean, Haizea aurpegian
Bairasuna itsasoan galduta
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Boga boga
Vas a la mar
Dejando en tierra
A la familia, a los amigos y a la novia

Boga boga, así es la vida
Salitre en la piel, el viento en la cara
De vez en cuando lo odias
Pero tu “yo” interior lo ama

Boga, boga, un día y
Otro y otro
Contemplando el mar y el cielo
Salitre en la piel, el viento en la cara
Y la mirada perdida en el mar

Un día y
Otro y otro…




martes, 11 de diciembre de 2012

Calendario


Me ha comentado un compañero de dardos que vamos a posar desnudos para un calendario de 2013.  A favor del club, desde luego, necesitamos ingresos para equiparnos con las mejores dianas del mercado, made in USA, faltaría más. Yo me he empalmado. Que me miren y babeen unas chicas desconocidas me pone. Y si no lo hacen, yo pensaré que sí, es normal, soy roca, soy muralla.

Me he comido varias piedras. Si consigues un buen fisioterapeuta, a base de masajes y presiones aquí y allá te las mueve a donde quieras y oye… no me quedan mal en los brazos, no. Además, no paro de comer tabletas enteras de chocolate, pues dicen que de lo que se come se cría. Mis tetas han crecido: son dos tejas de pizarra. Ya no tengo pechos, oh no, ahora poseo pectorales.

Temblad pues.

Me da miedo, no penséis que no. Trabajar el pecho significa convertirlo en tetas caídas una vez deje de entrenar. Y… lo reconozco, temo otras cosas… cuelga poca mecha para tanta dinamita (shhhh, en las fotos eso irá tapado con hoja de parra, no se lo contéis a nadie. Vale, alguno ha elegido el tanga (…)).

Hace años pensaba que menuda gilipollez hacer un calendario de mi cuerpo bañado en aceite, con sus luces y sus sombras, y su maquillaje en el abdomen, pero coño, me encontré a Carmen, una mujer cincuentona que, junto con otras de su grupo habían realizado otro calendario en su pueblo, éste Michelín, lleno de grasa y pliegues y manchas y accidentes para recolectar dinero y ampliar el centro social de amas de casa. Y me dijo que era una idea fantástica y que tendría amplia repercusión. Creo que así fue, las risas de Villarriba se oían en Villabajo.

Los bomberos de mi localidad también hacen calendarios.  Todos con manguera y fuego y sudor y tizne. ¡Qué suerte! Lo malo es que las cinco localidades que rodean a la mía también tienen bomberos, y ese hecho conlleva que los de mi ciudad vendan menos calendarios de los que les gustaría.

El año pasado, en mi club, imprimieron mil calendarios a diez euros cada uno. ¡Diez mil euros de recaudación! Desgraciadamente, sólo lo compraron los familiares y allegados del club y apenas cubrieron gastos.

Pero este año salgo yo. Y me pone. Me pone mucho. Casi tanto como a Carmen cuando enseñó todas sus amortiguaciones. Porque, no nos engañemos, el club ya se buscará la vida que para eso está la directiva. Lo que a mí me mola es mi propia escultura griega, digo… gallega. Y si hay algún fallo, siempre se puede recurrir al fotochó.

Bueno, os dejo que por fin voy a saber qué es de Pilar. Dicen que duele… ya veremos.




martes, 4 de diciembre de 2012

Muñecos rotos


La conocí, hermosa como era.
Alta, delgada, y con un precioso rostro que defendía como normal. Su presencia era dura como el granito, aún con la sonrisa colgada o esculpida en acero helado. Y sus ojos fabricaban patas de tiempo o bigotes de gato.
Pero no maullaba.
Rugía.
Su gesto bramaba dolor. Y su mirada era la perfecta exposición de un corazón cuarteado, cosido con hilo grueso al que se le escapan unas puntadas.
Y sangre que huía.
Su único tatuaje era la misma vida marcada en su expresión. Y su semblante, una sombra de pintura gastada por el calendario.
Así la conocí, con treinta largos, o cuarenta cortos que emborrachaban sus tablas.
Quemada y erguida, y de ánimo lacerado.
Perdida y encontrada por enésima vez, mostrando las uñas expectante.
Así la conocí y se llamaba Cris, Paula, Merche, Amanda, Carla, Mariana,…
 Me detuve con esmero, intentando pegar cada una de sus partes, utilizando las mejores colas de cariño, conversación, ternura y amor. Y pegamentos de comprensión, complicidad, tono y realidad.
Una vez enteras ellas, rehechas y vitales, seguras de sí mismas, fuertes y sanas, se dirigieron hacia un bate de béisbol y con él me hicieron pedazos.
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Estoy roto y necesito que me cosan.
Ella se acerca, dulce como almíbar, con sus colas y pegamentos y su aguja y su dedal.

En mi espalda siento un escalofrío al contacto de mi piel con la madera lisa de un bate guardado. 

Duro como mi dolor.