jueves, 28 de marzo de 2013

Carta de reconciliación


Pendona, estoy nervioso.

Te has enfadado conmigo porque crees que te quiero follar o, como diría yo, hacerte el amor, joder.

No lo entiendo, ¿acaso hay alguien que no lo quiera? Pero seré sincero: yo no. Sólo quiero una hermosa amistad contigo, como hasta ahora.

Nunca entenderé por qué te enfadaste el día que fuimos a la granja y comimos luego en casa de Carmiña. Qué amable fue ella enseñándonos las gallinas jóvenes, los pollitos y las pollitas. Mató a dos hembras, ¿recuerdas? Nos invitó a comer y te atascaste con un hueso. Me querías decir algo, y simplemente te comenté que te quitaras la polla de la boca para hablar conmigo. ¡Joder, no sabía que no podías respirar! Pues eso, chica, discúlpame por no darme cuenta… cuando Carmiña logró quitarte el hueso a tirones estabas toda roja de ira contra mí y yo… dale que te pego con mi polla. Lo siento… tenía apetito.

Una pregunta: ¿Por qué te enfadaste en nuestro viaje a San Sebastián? Eso NUNCA lo comprendí. Te dije que podíamos coger e ir a la Concha incluso caminando. Y tú me dijiste que habías pasado no sé cuántos años en Argentina, justo después de dejarme marcadas tus huellas dactilares en mi rostro.

La Concha, ¡qué hermosa playa...! Tras el baño yo te dirigía el chorro de la ducha hacia la espalda. Luego me percaté de las arenillas de ahí, de tu trasero, y me marcaste la otra mejilla cuando te dije que te iba a dar por el culo. Señor hostiazo que me metiste, como para tratarlo de don. Un donostiazo.

Me tragué un lagrimón callado.

Callado el lagrimón, claro. El alarido fue en Do Mayor… y sostenido. De hecho creo que hasta fue plural. Y de género femenino.

:…-(

En el puerto nos paramos a contemplar los peces pequeños y los pezones, tú les echaste migas de pan y salieron a la superficie. Y luego cenamos allí, al lado del Aquarium… ¿por qué me tiraste el contenido de tu copa a la cara? ¡¡Qué picor en los ojos!! Es que te estoy escribiendo y me estoy mosqueando, ¿eh? Si me gusta comer la almeja, me gusta comer la almeja, joder. ¿Tú eres más de percebe? Pues fale,  yo no te digo nada. En mi tierra hay de los mejores. Pero cuidado, cuando los descapullas te pueden salpicar.

¿Y qué pasa si tengo problemas de envergadura?  En ningún momento hablé de condones ¿pero qué dices? TODO te lo tomas a mal, querida Asensia. Y no lo acabo de entender. Eso sí, me acuerdo de que después de tu patada tuve un dolor de cojones. Yo también me lo podría haber tomado a mal, porque siempre me los acababas tocando (de una manera un tanto exagerada, todo hay que decirlo).

Deberé tener mucho ojete contigo, de eso sí me doy cuenta, para ti nada es una chorrada. Y, como dicen los ingleses, sólo quiero pis, el resto es entrar en guerras de mierda.

Ni siquiera te gustaban mis amigos, cuando siempre nos salengranos mucho de verlos. ¿Acaso te molesta que se hagan solitarios? Que hagan lo que les salga de los cojones, ¡qué mala leche! Y no, no actúan con Blancanieves aunque practiquen el enanismo.

Cuando te vas al servicio es normal que mea burra, joder, ¿es que eso tampoco lo entiendes? Tampoco te gusta mi música ni mi instrumento… soy un miserable incomprendido con ganas de llorar. Primero cambié el órgano por la gaita, y en mis peores momentos hasta toqué el flautín. Y ahora te ruborizas cuando sonrío tocando la zambomba delante de nuestras amigas. ¿Por qué escondes tu rostro entre tus manos? ¿Acaso te avergüenzas de mi bigote, de mi sonrisa, de mi desinhibición?

¿Qué quieres que haga, entonces? ¡Sólo quiero hacer lo que me gusta! JODER, JODER Y JODER, ya, COÑOS.  ¡Es que me cabreo, eh?

Y no te mosquees, pero te vuelvo a repetir que tu sobrino es un mamón, ¿qué tiene de malo? ¡Con tres meses es lo más normal del mundo! Me tendré que acabar poniendo un es para el trapo en la boca.

Creo que hay momentos en los que te preocupas demasiado por mí, una especie de cariño maternal que no pretendo, pero coño, si la manzana tiene monda, ¡me la puedo pelar yo solo!
Te recomendaría una cosa, pero ya sabes que yo no soy de recomendar…



…bueno, ya que insistes… aunque las reglas las marques tú, no vayas compresa a todas partes, genera estrés y a veces hasta escuatro. De nuevo, ojete con eso.

Bueno, ya sólo me falta despedirme. Espero que el problema de tus espinillas vaya desapareciendo… y el de tus rodillas y tobillos. ¡Mira que romperte las piernas…! Como te decía, no vayas compresa, que después vienen los accidentes y las sangres. Tampónco me hagas demasiado caso, de estas cosas no sé demasiado.

De nuevo, pendona, y desde este manojo de nervios en el que me hallo acongojado, espero que te mejodes.

:-)

Te mando recuerdos de mis partes.

:-)

Un salido,

Sbmeau

PD- Tengo ganas de llevarte al cine. ¡Echan una peli que se te caen las bragas!




martes, 26 de marzo de 2013

Condición


Estás sumergida en tu vida, en tu trabajo, en tu monotonía y en tus historias. Te quejas, cómo no, es un descanso para la mente.

Viaja hacia atrás en el tiempo, colúmpiate en el pluscuamperfecto y deja que el aire refresque tus recuerdos y los deje volar al ritmo de tu cadencia.

Había reído, había cantado, había gozado, había sentido.

Ahora deja que yo te acompañe:

“Había, contigo”

Había contado nubes, contigo.

Había refrescado mis pies en el río, contigo. Había descubierto las fases de la luna, contigo.

Había nadado, contigo; había corrido, contigo; me había corrido, contigo.

HABÍA CAMBIADO mi vida, CONTIGO.

Méteme más en la historia, hazme galán y protagonista.

Te había chupado, te había besado, te había palpado, te había escuchado, te había contemplado, te había dejado ser mi dueño…  

¿Lloras? 

 No lo hagas. Utiliza el condicional.

Te chuparía, te besaría, te palparía, te escucharía, te contemplaría, te dejaría ser mi dueño…

----------------------------------------------¡Te lo ruego!------------------------------------------------------

Todo condicional se somete a condiciones. Sólo te impongo una: vuelve a ser TÚ. Es difícil, casi imposible, pero, ¿sabes? Depende SÓLO de ti.

Porque yo, sin condicionales, también te lo ruego, mi AMOR.




lunes, 25 de marzo de 2013

Arte contemporáneo


Soy un cateto. Entre otras muchas cosas negativas, soy un cateto. Y sí, lo reconozco, ser cateto es negativo. De hecho soy más paleto que cateto, porque al menos un cateto forma parte de una geometría. Yo no llego a tanto. Soy un signo menos, un resto, un denominador, un producto, el resultado de la incógnita que todos quieren despejar en la ecuación. Una sobra, un desperdicio, una basura, un pastel de caca, un ignorante, un iletrado, un estúpido, un límite… como dicen en mi tierra: un pailán.
Lo reconozco.
Pero chico, que me digan que una habitación vacía es arte… pues no me lo parece. No me llega. Y si en esa habitación pintan un agujero de Pixie & Dixie donde al parecer dentro habitan ratones, y la habitación sigue siendo blanca y vacía… pues tampoco me llega. Que en la misma habitación haya una silla en el medio y eso se pueda interpretar como: “descanso”, “silla solitaria”, “la madera en su forma”, “ahí falta alguien”, “si hay menos luz es más oscura”, “aquí habitó un hombre”… pues no me llega.
Tampoco me parece arte un cartón de rollo de papel higiénico al que le falta el papel. Y que ese papel que le falta haya sido utilizado para crear un perro sin orejas, sin patas y sin rabo, y sin hocico. ¡Y que sea un perro! ¡Y que lo defiendan como tal los que sí saben interpretar el arte!
O un cuadro negro.
Repito, soy un paleto.
Porque después llega la gente sabia, culta y transgresora (utilizado el último término como algo sublimemente positivo) y se llena la boca con nombres del Este y del aquél. Porque no importa que el cuadro sea nada más que negro, que lo pueda pintar un niño con ceras o un mono con una brocha (lo cual también es arte ¡y se vende!)
Y como todo se trata de haberse metido en vena los nombres y conceptos, el mono ya no es mono, es un pentadáctilo estrepsirrino del hemisferio sur.
—Oye, vaya cuadro, menudo truño nos quieren vender.
—¡Pero qué dices! ¡Si es del gran Kasimir Malevich! —me mira de arriba abajo.
Yo me seco de la cara los fonemas escupidos. Y, como poseo orejas (que no me valen de mucho, pues no uso gafas), y dentro de ellas están los oídos, escucho lo siguiente:
—¿No te das cuenta de que es un impulsor del Suprematismo?, ¿no sabes que la sociedad actual no sería tan abierta, plural y tan innovadora si no llega a ser por Kasimir?
Vaya, pienso… debieron ser colegas. Kasimir y este intelectual se tratan de tú… ¡y gracias a una mancha negra somos más abiertos, la hostia! Si lo llegan a pintar los egipcios, el hombre habría llegado a la luna en el siglo XII y la mujer habría sido equiparada con el hombre por esas mismas fechas.
Me enrosco la boina, la edad me ha puesto una arruga más en la frente.
Y es que todo arte tiene un apellido. Como el minimalismo. Desde su biblioteca, sala de discos y fotografías donde no cabe un alfiler, uno de los precursores del minimalismo, Sir. Arnold Shzupsteings, nos explica que el concepto no es entendido por una mayoría de la población, porque se ha acostumbrado a vivir con objetos inútiles como una muñeca legionaria al lado de una flamenca y un toro encima de un televisor de barriga. ¡Y la espada de la boda colgada! ¡Y el calendario de “Frutas Gómez”!
No, la gente no asume este concepto, aunque les encante en las películas yanquis, donde sólo los millonarios se pueden permitir estos lujos de la nada.
¡Y los rasgos lineales son la hostia! De hecho, la mayor parte de la gente que visita París, Roma o Praga, se queda en los alrededores, en polígonos industriales cuyos bloques son linealmente perfectos y la arquitectura es minimalista.
Pues nada, os invito a mi tierra, es sumamente interpretable. Decadencia, dejadez y suciedad. Representa (sin intención, de manera natural) la situación y la época que estamos viviendo. No es negra pero es gris. Lo curioso es que hay más visitantes en la Torre de Hércules que en la rotonda donde se puede contemplar un muelle de acero de siete metros de alto que probablemente con su visión podría cambiar la dimensión del mundo futuro.  Luego está la catedral de Compostela, ¿quién va a querer verla teniendo a un paso “a cidade da cultura”? Claro, el problema es que estos edificios no han tenido gran éxito porque los ordenó construir Fraga. También son grises, cómo no, esto es Galicia. Y su estética es… qué coño, lo mandó construir Fraga con el patrimonio de todo Dios, lo de menos es la estética, porque ya no es arte. Lo empezará a ser cuando se representen allí obras de artistas impronunciables, porque al final, ser una máquina de dar nombres y tecnicismos es lo que realmente vende (que se lo pregunten a los publicistas). Al menos lo pienso yo, que soy obtuso y pailán.
Y además… he salido de una caverna.




domingo, 24 de marzo de 2013

Los locos inmaculados

Otro de mis grupos preferidos de los ochenta son los británicos Immaculate Fools, mucho menos conocidos que otros grandes grupos. En mi tierra sonaron bastante en los ochenta y noventa. Tienen grandes temas que, increíblemente nunca les dieron el éxito de otras bandas británicas, manteniéndolos en una especie de segunda división. No obstante, un concierto que dieron en una sala de mi ciudad, y a la que acudimos un máximo de trescientas personas cuando el aforo era muchísimo mayor, fue uno de los mejores de mi vida. Tenían un directo espectacular, y un sonido cuidadísimo. Aunque se separaron, el alma del grupo sigue tocando bajo el nombre de Dirty Ray.


Come on Jayne (Ven, Jayne)-Immaculate Fools

Well, ok, Jayne, so he put a scar across your heart
Ok, so he never said goodbye
He left you asleep, your blanket on your feet
Gone like a thief in the night!
The letter he left was the poor second best
To having him there by your side
You feel empty and dry
There’s a hole in your life
And your bed feels a hundred feet wide!

Come on Jayne
Don’t hide yourself away
Jayne!
Come on Jayne!

Well, ok, Jayne, so you’re not feeling too good
Ok, so you’re hurting inside
But there’s a life to live and there are friends to be found
And you’ll come along from the ride
Something’s changed so let’s turn another page
And wipe those tears from your eyes
The things he has done may be sent now to hell
So put on your wings and let’s fly

Come on Jayne…

Hang all your tears on hooks in the sky
Soft winds shall blow
They’ll soon be dry
So come on Jayne
Come on Jayne
Come on Jayne!

Come on Jayne
Don’t hide yourself away
Jayne!
Come on Jayne!


Come on Jayne
All the things must change
Jayne!
Come on Jayne!

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Vale, Jayne, él te produjo una cicatriz en el corazón

Vale, él nunca dijo adiós
Te dejó dormida con tu manta en los pies
Se fue como un ladrón en la noche
La carta que te dejó fue el segundo de los premios
Después de tenerle ahí a tu lado
Te sientes vacía y seca
Hay un agujero en tu vida
Y tu cama parece mucho más ancha

Ven, Jayne
No te escondas
Jayne!
Ven, Jayne

Vale, Jayne, no te sientes demasiado bien
Ok, te han lastimado profundamente
Pero hay una vida que vivir y hay amigos que encontrar
Y te recuperarás poco a poco.
Algo te cambió, así que pasa página
Y limpia aquellas lágrimas de tus ojos
Las cosas que él te hizo han de ser enviadas al infierno
Así que ponte tus alas y echa a volar

Cuelga tus lágrimas en ganchos del cielo
El viento suave las soplará
Y pronto se secarán

Así que ven Jayne
No te escondas
Jayne!
Ven, Jayne!
Todas las cosas deben cambiar.



https://www.youtube.com/watch?v=ciuYdAxGDx8







Bueno, cuelgo otra canción, qué cojones.





viernes, 22 de marzo de 2013

Tu fuerza


Fuerte me decían. Porque no lloraba.

¿Y qué es cada letra sino una lágrima? ¿Cómo se traducen mis palabras sino en charcos? ¿Cómo se descifra una frase sino como la extensión de un río que desemboca en un mar de angustias?

Estoy seco.

Seco.

Seco me decían. Y que no lloraba.

Sí, seco a la fuerza. Desbrozaste el Paraíso y me quedé atrapado bajo el peso de la arena del desierto. Grano sobre grano, soles de soledad, fríos de frivolidad. Y todo aquel océano lleno de vida ha quedado reducido a un erial de sentimiento, un paisaje lunar con la única sombra de tu espíritu.

Espíritu.

No te encuentro con la ouija. Nadas perdida entre las nadas. Sólo oigo gritos ahogados que chapotean y se aferran a mis sienes como lo hacen mis manos presionándolas. Se derrama la sal y se mueven los muebles cuando me levanto y me apoyo en la pared, extenuado de soportar el peso de mi cuerpo.

Cuerpo.

Cuerpo enjuto de energías. Agónicos lamentos de los huesos. Y venas azules que se abren coloradas por tu ausencia. Cuerpo que conoces sollozando en tus sudores. Roces compartidos en banquetes coincidentes de anfitriones e invitados.

Nosotros.

Nosotros pretéritos. Nosotros todo. Nosotros nada. Nada yo.

Nada yo. Sí, nada de nada. El fuerte. El insensible.

El insensible que no llora.

Que no llora pero que siente la caricia de un verbo, la ráfaga de un aliento, la tilde de un adiós, y el peso del vacío.

¿Fuerte?

He roto tabiques, bocazas, cabezas y huesos. Y tú, con una palabra, me abres en canal y me arrebatas el abrigo de mi carne.

¿Insensible?

Sí, insensible la locomotora con cien vagones a la que de un codazo haces descarrilar. Insensible el sol sediento impedido de beber el mar en el ocaso. Insensible la hoja que se mece con la brisa, ajena a voluntades. Insensibles las nubes que se derraman de mi parte sin conciencia. Insensible la noche de mis días y el frío de mi alma.

Insensible, sí, pero te extraigo de mí y se anuncia un pentagrama de alaridos en redonda. Una bomba de neutrones de conciencia.

Llámame fuerte e insensible porque decides abandonarme a mi suerte y noto que mi vida se escapa de mi vida, huyendo de sí misma en una paradoja infinita de miseria.

Llámame fuerte… fuerte.





miércoles, 20 de marzo de 2013

Cucurucho de culo


El otro día, en los vestuarios del gimnasio, me encontré un cucurucho de culo. O un pirulo. O… bueno, no sé cómo llamarlo o si ya tiene nombre y lo desconozco. Lo dejaré en cucurucho. Cucurucho de culo.
Para que os hagáis una idea, me refiero a un papel de ojete con una forma característica que se comprime por un extremo de tonalidad marrón y tiene una base algo más ancha y probablemente más blanca o beige, dependiendo de la profundidad a la que se sumergió. Vamos, un tapón. ¡Y yo pensando que era el único que en alguna ocasión se había puesto un tapón! Y no es que tenga ancho el orificio, que supongo que está más cerrado que el coño de la Nancy (así ha de ser). Es que con la mata de pelo que tengo por esa zona, en alguna ocasión y dada la calidad de mi producto (una calidad de mierda, tengo que reconocerlo), era difícil dejar aquello limpio como una patena. Siempre queda algo en el extremo de la brocha. Y… bueno, con un bóxer negro se puede disimular. Si es marrón, más. Pero con uno blanco es indispensable una solución urgente ante un más que probable problema estético. Ya lo decía Sánchez Ocaña: más vale prevenir.
Porque si hay algo que no soporto es un frenazo en un gayumbo.
Y no es que nadie me mire los calzoncillos, no. Tampoco es que me ande compartiendo por ahí con gente, porque además de feo dicen que soy guarro (no sé por qué). Yo creo que esta manía de jiñar y evitar dejar un palomo en mis prendas íntimas viene de la época en que mi madre me decía que hay que tener siempre la ropa interior limpia por si pasa algo y hay que ir al hospital.     
8O
Lo de arriba no es un ochenta, son unos ojos abiertos y una boca abierta. Pero no cambiéis de tema, que lo estamos pasando bien.
Encontrarme con un pirulo que no es mío no me mola nada. Aunque la mierda sea mierda, no es lo mismo mi mierda que la de los demás. Es como saborear un moco, me daría mucho asco hacerlo con uno ajeno, sobre todo si la persona es tan fea como yo. Y es algo que no logro comprender, porque un moco es un moco, lo lleve quien lo lleve. Pero bueno, no seguiré hablando de mocos que es un tema muy manido y que además me da mucho asco, los que me “conocéis” ya lo sabéis.
Bueno, al grano. Encontrarme aquella pirámide extraña y sucia me hizo recordar una ocasión en que pasé por estas circunstancias tan psicológicamente horribles. Resulta que hice caca (bueno, ya estaba hecha, yo sólo empujé) y expulsé un pastel. Se ve que no horneó bien, porque salió algo deshecho, como una mousse de chocolate (jodó, me está entrando un hambreeee).  
Luego me tocó limpiar los bordes. La primera mitad del rollo lo gasté en ir, cerda a cerda, limpiando cada cabello hasta la punta (¿o no se llaman cabellos a esas alturas?... ¿culellos? ¿ojellos? ¿cabeanos? ¿pelanos?). Y con la segunda mitad profundicé casi hasta el dolor. Pero chico, no había manera. Y eso que casi me quito el virgo. Con una punta del papel hice un cucurucho y… padentro.

Pero…
:…-(
…me olvidé de hacer el corte por la parte que tocaba, y con el resto de papel hice una especie de colchón que separaba mi ojete ceniciento y peludo de la tela de mi bóxer pálido por lo asustado.
Al principio, un objeto extraño molesta. Doy fe. Tener algo entre las paredes de un culo que ansía libertad y oxígeno no es algo que me guste. Pero poco a poco el papel se va haciendo a los accidentes del ano. Se acopla a las arrugas y llega un momento en que ya andas más a gusto que una chica con bolas chinas.
Pero no todo es tan hermoso como os lo he contado hasta ahora, no. El papel te traiciona porque te olvidas de él.
Sí. Así me ocurrió.
Fui al gimnasio, y cuando me estaba cambiando, noté que un tipo me señalaba y otro miraba. Cuando dirigí mi vista hacia ellos… como que disimularon… Y no sé si fue impresión mía o aprensión suya, pero me inclino por lo segundo, y ellos se inclinaron atrás con cara de culo.
Atrás, atrás… esa palabra se repetía en mi mente. Me acababa de quitar los gayumbos y noté un tironcillo. El peso del papel utilizado se estaba desplegando corte a corte, enseñando las sobras de mi comida del día anterior con la profesionalidad de una modelo de alta costura. Yo notaba el zium, zium, zium de cada escalón con que se abría el papel.
Y, queridísimos no amigos, me cambié de gimnasio. En el que estoy ahora, como ya os he contado, hay mucho guarro suelto.
Y ahora me voy silbando y levantando la mirada hasta el techo.



domingo, 17 de marzo de 2013

Silvio

Los que me conocéis ya un poquito por mi blog, sabéis que uno de mis autores favoritos es el gran Silvio Rodríguez. Aunque su música se puede escuchar en cualquier momento, siempre he creído que se merece su lugar y su tiempo. Y su atención. Hacía bastante que no lo escuchaba. Ayer de noche, bajo la lluvia, Silvio me acompañó a casa. Bueno, él y su guitarra. Cuando llegué, apagué la luz y desde mi ventana contemplé a mi vecino más guapo: un inmenso castaño que se viste y se desnuda para mí en las estaciones. Tuve la suerte de que me llegó el olor del mar y es como si se juntasen todos los elementos para remover mi interior.

Os dejo con él.

¿Qué hago ahora?-Silvio Rodríguez

¿Dónde pongo lo hallado?
En las calles, los libros
La noche, los rostros
En que te he buscado      

¿Dónde pongo lo hallado?
En la tierra, en tu nombre
En la Biblia del día
Que al fin te he encontrado

¿Qué le digo a la muerte tantas veces llamada a mi lado
Que al cabo se ha vuelto mi hermana?

¿Qué le digo a la gloria vacía de estar solo
Haciéndome el triste, haciéndome el lobo?

¿Qué le digo a los perros que se iban conmigo
En noches perdidas de estar sin amigos?

¿Qué le digo a la luna que creí compañera
De noches y noches sin ser verdadera?

¿Qué hago ahora contigo?
Las palomas que van
A dormir a los parques
Ya no hablan conmigo

¿Qué hago ahora contigo?
Ahora que eres la luna, los perros
Las noches, todos los amigos.







miércoles, 13 de marzo de 2013

Er cine apañó


De todos es sabido…

Repetimos.

De algunos es sabido que eso que se llama cine español, salvo contadas excepciones, es una cosa… es una cosa…

Es una cosa.

Cierto es que algunas películas que se han hecho no han estado mal del todo. Joder, el otro día vi una bastante interesante (porque la daban por la Dos, que no pago yo un pavo de taquilla por ir a verla al cine), que se llamaba “El método”, y que se desarrollaba principalmente en una habitación y a la que le sobraba, como no podía ser de otra manera en el cine español, una escena de sexo que no aportaba nada a la trama. Pero el desarrollo de la película (film, si preferís),  me mantuvo atento hasta el final.

Hay otros títulos que no han estado mal para mi gusto. Me encantó la originalidad de “Amanece, que no es poco”, me entretuvo “Bajarse al moro” o “El día de la bestia” y me hizo reír “Air-Bag”. Y probablemente alguna más perdida por ahí. Pero lo que se dice calidad… pues poquita, ¿para qué engañarnos?    

Me jode bastante la propaganda del cine yanqui con su banderita estelada-estrellada que no falta en alguna escena de cualquier película. Me repatea que la gente haya oído hablar más de Connecticut que de Lugo o que los jóvenes de aquí lleven una gorra de medio lado porque así nos lo han enseñado desde Estados Unidos. Me jode que si van a la luna en una misión tengan que poner por decreto a un negro y a un latino por quedar como políticamente correctos con las minorías más amplias. Pero tengo que reconocerlo: el cine estadounidense me ha ofrecido las películas que más me han gustado a lo largo de mi vida.

Luego podemos oír a algunos “actores” de aquí hablando de que no tienen los medios que tienen allá y de esto y de lo otro, y muchos de ellos criticando. Pero se entregan los Goya en una ceremonia basada en la entrega de los Oscar. Y se intentan los mismos giros que en Hollywood. Y se traen actores de otros sitios.

Luego están los que se van a los Estados Unidos y nos los venden como actorazos, y no soy yo quien lleve la contraria a los medios de comunicación y a los críticos (que sí), sino que a mí no me meten en la película más que cualquier secundario de una serie B estadounidense, porque no acabo de ver al personaje, sino al actor.

También están los actores políticos con sus eslóganes de turno (algunos que después reniegan de ellos), de uno y otro bando.

¿Pero qué es el cine español? Alguien me dio su opinión hace poco y estoy completamente de acuerdo con ella: “el género español es un género por sí mismo”. Tal cual: una cutrez. Y encima con un sexo explícito y marrano y rebuscado. Pero bien, le va a estos tiempos tan singulares.

No soporto lo más choni de Almodóvar (ni siquiera lo menos choni). No estoy de acuerdo con el retrato general que se hace de vidas particulares. Sí, muy aplaudido en algunos círculos de Estados Unidos y Francia. Pues muy bien para él y para todos sus santos y vírgenes. Ésta es mi opinión particular.

Tampoco me encaja el discursito bohemio y progresista de actores españoles que “triunfan” en Estados Unidos y se mezclan en fiestas particulares con la sociedad más conservadora y clasista, con atuendos que mi sueldo de dos o más años no se podría permitir. Pero eso ya es más cambiar de tema… o no. Sigo viendo al actor, no al personaje.

Y es que, nos vendan lo que nos vendan sobre el cine europeo o español, cuando un Banderas, Almodóvar, Pene, Bardem, Renó o Depardieu saltan el charco, les hace el culo chiribitas.

El público que acude a los cines no falla, y en su gran mayoría accede a las salas para ver películas estadounidenses (o americanas, como está tan de moda decir aún cuando no se refieren a Perú –saludos Sweet-, a Brasil o a Cuba). El resto, palabras.













lunes, 11 de marzo de 2013

Fábula del burro y la perra


Vivía un burro muy burro en el establo de un país no demasiado lejano. El pobre, siempre decía burradas, ¿qué otra cosa iba a hacer si no? Rebuznaba de vez en cuando sus soflamas y sus historias, y lo hacía de una forma grotesca, pero ¿quién conoce un burro que trine como los pájaros?  No, no, el burro se desarrollaba como tal. A veces, cuando crecía la hierba mucho y le rozaba en sus bajos, de su interior salía una tranca y rebuznaba como diez veces más. Pero eso ya pertenece a otro cuento, y no se le denomina burro, sino pollino.

En el mismo establo vivía una perra muy lista, astuta como un zorro hembra, es decir, la mujer del zorro (aunque no estaban casados, al menos por la Iglesia y al menos que yo sepa).

Ambos animales llegaron a congeniar mucho. El burro charlaba sus burradas y la perra le respondía con perradas. Ambos diferían en sus argumentaciones, quizá porque el asno no tenía dientes caninos y la perra no dormía de pie. Sus circunstancias eran distintas. El burro intentaba aprender, sabía que la perra era más simpática a los ojos de los hombres y que de vez en cuando le lanzaban una caricia (y ella la cogía al vuelo). Al pobre burro, le ponían dos parches en los ojos y simplemente daba vueltas a la noria, por lo que conocía sólo su alrededor.    

Ups, me está dando tanta pena, que me está saliendo un lagrimón.

Snif.

La fábula sigue.

Un día, Burro rebuznó una cosa que no le gustó nada a Perra, que además ese día estaba de malas pulgas. Y la “amistad” se terminó.

Burro se dio cuenta de que le hizo daño a Perra con su comentario y lo lamentó, pero su mente todavía tenía espacio suficiente para reflexionar que Perra también le había hecho daño a él. Y decidió no tener más comunicación con ella. Así es la vida, selaví, que rebuznaría un burro francés.

Sin embargo, coincidían a veces en la pradera, y mientras Burro se dedicaba a sus labores dando vueltas y vueltas y rebuznando, Perra, que era más bien pequeña, daba saltos intentando tocar sus testículos con el morro, quizá pretendiendo morderle... el jumento no lo sabía; sólo seguía a lo suyo, callado o rebuznándole a otros animales amigos.

Un día, Perra sacó los dientes y rasgó el escroto de Burro. Entonces, Burro le metió una coz y le rompió tres costillas.

Moraleja: No me toques los cojones.





sábado, 9 de marzo de 2013

De castellano antiguo

Luar Na Lubre es uno de los grupos más representativos de mi tierra que canta en gallego la mayoría de sus temas. Éste en concreto está cantado en castellano antiguo y trata de una chica que tiene dicha y consulta a una gitana si seguirá con esa suerte.

La cantante (que ya no está en el grupo) bien podría ser la mujer del café de la entrada anterior si no fuera porque no me cae demasiado bien. Pero es perfecta para mi gusto físico, mmmmmm. 

Espero que os guste la canción a los que las escuchéis (casi nadie), pero como a mí sí me gusta y éste es mi espacio, pues la cuelgo.

Buen fin de semana.




jueves, 7 de marzo de 2013

La mujer del café


Ahí está, pidiendo un café con leche y un churro, con una sonrisa amable que enmarca sus ojos y que se dibuja levemente en los extremos de unas comisuras que se hunden tímidas en el sur de su rostro. Viste formal, más o menos igual todos los días. Prendas oscuras que se acoplan a ella en una simbiosis perfecta de carne extremadamente clara y tela extremadamente oscura. Es una fotografía en blanco y negro que apaga los colores a su paso, porque se hace la protagonista y el resto del escenario… deja de existir.

Se sienta a mi lado y yo me disfrazo de figurante. Un tipo que lee el periódico, frunce el ceño, arquea las cejas y mueve la cabeza en horizontal negando otra indecencia de la vida. Joder, me hace sentir una pieza, estoy representándome para ella… yo… que nunca busco un papel mayor que el que me ha escupido mi personaje en este teatro de máscaras.

Se quita la gabardina negra y de su interior emerge un perfume suave que se derrama sobre el mostrador. Y el café sabe más rico.

Su pecho pequeño se disimula entre sus brazos delgados, abrigados por una lana que envidio a muerte, y una de sus largas piernas se apoya regalándole vida al suelo mientras la otra engorda descansando en el taburete, ofreciéndome imágenes que sólo ella puede contemplar en la vida real. O –maldito sea- quien ella haya elegido.

Sus movimientos tienen un estilo natural. No fuerza un solo gesto, es de las pocas personas que siendo ellas transforman cada acción en una fotografía.

El idiota de la barra le comenta que qué tiempo tan horrible. Y al parecer, es porque llueve. Ella sonríe y sigue a lo suyo, que es brillar en la escena.

No puedo entender que existan personas que hablen en sus mesas, que simplemente estén pendientes de sus miserables vidas, mientras respiran el mismo aire que respira ella.

La repaso diez veces por minuto. Me ayuda el espejo que tengo enfrente.  Conozco cada accidente de su piel, cada gesto de su rostro y cada gramo de su lana. No es estúpida, ella lo sabe. Pero ni la intimido ni parece molestarse. Menos mal. Ella ha marcado mi hora del café y su ausencia me haría más vacío. Si cabe.

Busco entre las palabras algún recoveco para dirigirme a ella. Escucho tonterías del partido de ayer, de Fernando Alonso, del Iñaki de los cojones, de Galicia Calidade y de la marca España. Sería una banda sonora sin pena ni gloria, si mi objetivo no fuese agarrarme a cualquier vestigio de esperanza o de idea en el que ella pudiese participar. Y luego intentaría entrar yo, como un perro faldero, como una alfombra sin más dignidad que mi escasa altura respecto al suelo.

Pero no. Ella ni se molesta en bajar al mundo corriente de los seres finitos.

Porque me encantaría decirle que le dedicaría un concierto, que bailaría claqué, que le compraría un globo y me tiraría por una barandilla, que le haría reír, que la haría mujer y que contemplaríamos juntos un horizonte de agua salada mientras repasamos nuestras penas y glorias acompañados de calimocho y de cigarros de contrabando.

Y que si no le gusta, volvería a nacer para conocernos en la próxima vida, y que me dejase entrar en esa escena de blanco y negro que envuelve cada fotograma de mi película.





miércoles, 6 de marzo de 2013

La gripe, y el cenicero... y tú

La gripe es una enfermedad muy común que tiene muy mala fama, pero por otra parte, merecida. No en vano ha dejado la historia sembrada de cadáveres.

Desde que estoy en este mundillo de los blogs, muchas personas me han comentado que "hay que" ver el lado bueno de las cosas, y no esa interpretación más innata que sale desde mi percepción individual. Bien, para que no creáis que vuestros comentarios caen en saco roto, lo cierto es que dedico gran parte de mi día a día en interpretar "la otra cara" de todo lo interpretable. Eso lo he hecho siempre, lo que pasa es que veía la otra cara de eso que llamabais "cosas buenas". Ahora, para equilibrar un poco la balanza, lo que intento ver es la otra cara de las "cosas malas". Os pondré un ejemplo.

La semana pasada tuve un episodio de gripe de éstos que te atacan directamente a la totalidad del organismo. Y sufrí esos síntomas que casi todos hemos padecido: fiebre, pesadez de cuerpo (vale, reconozco que durante esos días algunas cosas pesan menos que de costumbre), calores, escalofríos, fatiga, tos, estornudos, dolor de garganta, de cabeza, sensación de mareo, etcétera. No obstante, y casi sin buscarlo, encontré una parte hermosa que ahora paso a relataros.

Para poneros un poco en antecedentes, os informo de que quiero dejar de fumar. He vuelto después de muchos años sin hacerlo y no quiero ser más tiempo esclavo de ello. De esta manera, lo que hago es que cuando me sobreviene una gripe, para sentirme más jodido, fumo el doble, así quizá logre aborrecerlo. Bendita gilipollez, que sólo me hace sentir peor.

Pues bien, el otro día tenía un pollo en la garganta. El cabrón se agarraba con el pico y las patas ¡y aleteaba! Yo intentaba arrastrarlo hacia fuera pfjjjuá que pfjjjuá. Y el cabrón se resistía... ¡no quería salir por si le daba un aire y se pillaba una gripe! Finalmente logré desasirlo de las paredes de mi garganta y, tras intentar aferrarse a mi campanilla, que no paraba de tañer, conseguí arrastrarlo hasta mi boca a modo de chicle y, como yo me hallaba en el despacho y me pesaba el cuerpo, pasé de levantarme a por papel de ojete para escupirlo ahí y que muriera de inanición, sin mi pienso y sin mi existo. De esta manera... ¿qué hice? Pues lo deposité en el cenicero.

El hijoputa no quería y se negaba, se agarraba a mi lengua y ahí estaba colgado por un extremo a mi boca, y con el otro extremo jugueteando con las colillas del cenicero. Al final logró enganchar una de ellas y ahí, el pobre, vendido, ya perdió sus escasas posibilidades de volver a su hogar (porque yo creo que su intención era que me lo volviera a tragar y sentirse de nuevo como en casa). Entre su peso y el peso añadido de la colilla, con un simple corte de dientes al cordón umbilical que nos unía, se precipitó al vacío. Bueno, al lleno.

Ahí permaneció, triste y resignado, y su color marrón-nicotina se fue impregnando de tono ceniza mientras se hundía por el centro, y sus extremos se aferraban a los bordes del cenicero.

Yo me olvidé de él, como de un amor pasajero, no sin antes dedicarle una lágrima de despedida (¿o sería de esfuerzo?) y pasé las horas, trabajando y trabajando.

Poco antes de irme, me disponía a vaciar el cenicero, y noté que las colillas estaban todas apelotonadas, como unidas con pegamento, y caí... pero no me hice daño. Tiré de una y salieron cinco o seis, que pesaban mucho más de lo que mi mirada podría calcular. Y en el tirón noté un "tic" que despertó mi interés. ¿De dónde habría salido aquel sonido? Me pregunté, como si tuviera algún sentido preguntarle a la misma persona que tiene la propia duda. ¡Pero lo descubrí! Se habría partido, ya seca, una de las patas con las que el pollo se había aferrado a los bordes. Entonces pensé... jodó... qué tic más sensual... ¿sonará así si me meto un trozo entre los dientes?

Luego pensé en vosotros, mis compis blogueros. Vosotros que siempre tiráis "palante" y que decís que "hay que" probar de todo. Bien, pues probé (os lo dedico). Y el tic se convirtió en un clack perfecto. Aunque reconozco que el sabor salado no me lo esperaba...

En fin, que ya voy terminando. El título de esta entrada era la gripe (de la que he hablado), el cenicero (del que he hablado también) y tú.

Hablemos de ti: ¿me das un beso con lengua?