martes, 30 de julio de 2013

O sea, no

—Jopelines, Borjamari  ya no me hace caso. Essss muy fuerte, tía, pero que muyyy fuerte, ¿sabes? El otro día me quería tocar ahí y no le dejé.

—(……..) ¿Ahí arriba o ahí abajo?

—Ahí arriba, o sssea, ¿por quién me tomass?

—¿No le dejaste?

—No, no le dejé.

—¡Entonces sigues con él!

—Pues sí, me tocó, jo, tía, no se te escapa ni una…

—Je.

—Luego Borjamari se enfadó, tía.

—¿Y eso por qué?

—Es que no lo entiendo, ¿sabes?, no entiendo, porque, o sea, estábamos bien, ¿entiendes?, y de repente pasa de mí. O sea, no estábamos mal, ¿sabes? O sea, que si estamos mal y no me habla, pues vale, pero estábamos bien, ¿sabes? No en plan bien, sino en plan bien, o sea, bien de verdad, ¿sabes? Y no entiendo, porque si estuviéramos mal, o sea, hubiese habido algún indicio, porque a ver, tiene que haber indicios de que no está bien, ¿no? O sea, estar bien y luego no hablarme... Jopé, no sé, o sea, eso no se hace. Me desestabiliza.

-Voy comprendiendo.

—Lo que no me gusssta es que habla roro, ¿sabes, tía?

—¿Habla raro?

—Sí, roro, tía. Dice “macho” cuando se dirige a Pago.

—¿Pago?

—Sí, por favor, no tengo sssuelto. ¡Camarero!

—¿Sí, señorita?

—Por favor, cóbrale su café con leche y mi gogagola y mi ración de ensssa.

—¿Ensalada o ensaladilla?

—Ladilla, ladilla, ¡oh, por Dios, qué me hacess decir!

—Son quince euros.

—Grrtome.

—Puess como te iba diciendo, habla roro. ¡Y el otro día me dijo que no le tocara los bebes!

—¿Qué bebes?

—Una copei, gracias.

—Hummm… vale, pídela entonces.

—Camarero, por favor, tráeme una copei. Un yintoni.

—¡Oído barra!

—Es una pena que no dejen fumar, o sea, me apetece un piti. Jo, tía, es surreal.

—Si quieres salimos a la terraza.

—Espera, que me termino la copei. La consumo más que la Ser, que son rojosss, tía.

—¡Vaya, te la has bebido de penalti!

—Sí, porsiaca se funde el hielo y le quita consistencia. ¡Vamoss a la terraza!

—Veeenga, vamos pues.

—Como te decía, tía, desde que Borjamari se ha hecho amigo de Thomas, no le entiendo, o sea: no le entiendo… ¿conoces a Thomas?

—¿Qué Thomas?

—Otro yintoni, ¡gracias! :-))))

—Grrrrrracias, dice… (pensamiento)

—Ademásss le han rebajado el sueldo y eso me ha hecho replantearme mi relación con él, o sea, que no sé si me casaré. ¡Sólo le pagan milquini!

—¿Y no te parece suficiente?

—¡Eso no llega ni para ir a las Bermudas un finde! Jo, qué sssupermal. Bueno, te dejo, o sea me voy, chao-chao.


—Esta tía es imbécil. O lo soy yo por aguantarle y aún encima pagarle todo.



viernes, 26 de julio de 2013

Agradecimiento

Yo no represento a una tierra, sólo faltaría, estaría todavía más desprestigiada de lo que lo está. En cualquier caso, muchos de vosotros sabéis que soy gallego y que ésta es mi tierra. Quería agradecer públicamente todas las muestras de cariño o interés que, por el hecho de ser gallego, he recibido por el correo privado (me han sorprendido), así como las muestras de apoyo hacia mi tierra a través de otros blogs.

Muchos de vosotros sabéis que no paro de criticar mi sitio, porque me duele más que cualquier otra cosa. Desde el fatídico accidente de tren he sentido orgullo de mi gente (como estas cosas me pasan tan espaciadamente, no quiero dejar de mencionarlo). La explosión de solidaridad REAL de mis paisanos me ha conmovido. Supongo que ante un acontecimiento así, en muchos lugares actuarían de igual manera, pero es bueno sentir gráficamente que ante ciertos hechos no estamos dormidos. Lástima que esos hechos tengan que ver con más desgracias.

Como no podía ser de otra manera, estos días se me ha quedado mal cuerpo, no soy tan insensible como puedo parecer. Ante las cosas que tienen solución soy rabioso; ante las que no la tienen, me siento impotente.


Un abrazo y un beso.





La vida sigue, y en mi tierra lo seguirá haciendo con algún rayo de sol y lluvia. Mucha lluvia.



jueves, 18 de julio de 2013

Canciones de verano

Todos los veranos nos bombardean con canciones etiquetadas como “canción del verano”. Verdaderos truños en su mayoría: la mayonesa, la bomba, Ave María (hay que joderse), la barbacoa, la Macarena, el tiburón, que la detengan y un largo y triste etcétera. Pues bien, yo me voy al pasado, cuando todavía tocaba primero de arpa entre las nubes y no me habían llamado a ningún escroto para un futuro lanzamiento. Desde allí arriba –que siempre era verano, pero con el aire acondicionado de los cielos-, con mis ricitos de petróleo, llegaban las notas de una música que ahora es la que me suele acompañar en verano. Si es que soy de un rancio…



Dion & The Belmonts- I wonder why






Shangri-La’s-Give him a great big kiss




The Diamods-Little darlin’





lunes, 15 de julio de 2013

Playa II

Como ya he dejado clarito, en la playa me tumbo un rato boca abajo y leo… y todo me distrae. Sí, todo. ¿Qué es todo? Todo puede ser un culo. Mi problema es que en la playa no hay un culo, hay muchos.

Bien, llega un momento en que decido meterme en el agua (una de las sensaciones más bonitas que existen para mí es saberme rodeado de agua fresca). Luego doy un paseo para que la brisa marina seque mi cuerpo marrano… digo… serrano, y vuelvo a la toalla para escuchar música boca arriba. Suelo escuchar rock estadounidense de los años cincuenta y duduá, por alguna razón he etiquetado este tipo de música como música de verano. Todavía no sé por qué, pero así es.

Otro baño, otro paseo, otro fragmento de lectura…

Otro culo. Tengo los ojos llenos de culos, malditos sean (Connery). Y si el culo va acompañado por un pecho pequeñito… me pongo enfermo.

No creáis que soy un salido; ni me cae la baba ni se me pone cara de palurdo ni lo persigo lascivamente con mi mirada. Mi cerebro hace “clic” y le saca una foto. El resto lo inventa la imaginación (esto lo digo para algunos que piensen que soy yo… no, no soy yo, es ella).

Un culo dice mucho de una persona, y hay varios tipos de culos, de hecho hay cientos de tipos. Los que más me encuentro son:

Culo tres asientos: se han puesto de moda y normalmente quienes los portan se juntan entre ellas. Suelen comer helados.

Culo de media caída: Dependiendo del tamaño los hay mejores o peores. Sus portadoras suelen ser chicas jóvenes con un futuro incierto o mujeres a partir de los treinta años. No me disgustan.

Culo de caída entera: Pertenecen a mujeres que no hacen demasiado ejercicio y a mujeres mayores que también tienen todo lo demás caído. Probablemente hayan tenido mejores momentos.

Culo rana: Para mí es el culo más feo que existe. Las nalgas se afinan en la parte inferior y se juntan, ofreciendo un aspecto extraño. No recomendables para bikinis verdes.

Culo levantado: No sé, a mí me parece un poco antinatural… ¿también se operan los culos? No me gusta el plástico.

Culo impronunciable: Mejor no me pronuncio.

El culo desapercibido: Es un culo que está como si no estuviera. Puede pasar ante mis narices que me pongo a contar arenillas.

El culo tatuado: Soy demasiado clásico, hay cosas que entiendo que son para que vean las personas que tú eliges. De cualquier manera, no me gustan los tatuajes.

El culo hucha: Tiene varias tipologías, hay el culo hucha bonito, donde te dan ganas de echar una moneda en la ranura que se muestra, y el culo hucha feo, con el que te dan ganas de decir que rompan el cerdito.

El culo impresentable: existen los que no se quieren presentar y van ampliamente tapados y los que no se pueden presentar si no quieres que te retiren el saludo.

El culo respingón, el culo cuadrado, el culo plano, el culo mulata, el culo con granos, el de raya alta…


y…

¡El culo perfecto!: Consiste en dos cachas con una raya entre ellas.

Me voy al agua...












                                   



viernes, 12 de julio de 2013

Playa I

Ayer fui a la playa, que es una extensión de arena que se baña en el mar y que está poblada por seres que, vestidos, pueden llegar a parecer humanos, pero que una vez desnudos pierden toda su dignidad y, en la mayoría de los casos, su prestancia, sobre todo a partir de ciertas edades que varían en función del animal.

¿Qué se puede decir de una playa? Pues joder, lo acabo de escribir ahí arriba, ¿o es que no me leéis?

En mi tierra hay distintos tipos de playas, destacando sobre todo dos tipos más generales: las playas de ría y las playas de mar abierto y, aunque cada uno tiene sus gustos, a mí dame las de ría. Si no me las das, la cojo yo.

En mi tierra la fisonomía de las playas cambia en función de las mareas, no como en el Mediterráneo que, debido a la poca cantidad de agua que puede penetrar por el Estrecho, las mareas son apenas perceptibles.

Como en todo, aunque parezca mentira, respecto a las playas también hay modas, y donde va Vicente va el agente. Se ve que nuestras playas están llenas de agentes. A favor, y exceptuando cuatro playas abarrotadas, los arenales de mi tierra y de mi mar tienen sitio para todo el mundo, no sólo por la cantidad que hay, sino también por la cantidad que hay. De esta manera, al lado de una playa abarrotada puede existir otra casi virginal.

Tengo una serie de ritos en la playa. No oriento la toalla hacia el sol para tostarme, porque no me gusta tomar el sol. De todas maneras es el astro el que me toma a mí, me pone caliente y sonrojado. Si hay una sombra, la tomo, sabéis que soy amigo de las sombras.

Una vez extiendo la toalla y  me tumbo sobre ella, fabrico una incubadora, esto es, un agujero para que dos de mis mejores amigos no se aplasten con mis 75 kilogramos. Allí los conservo a salvo en su nido, como si fueran polluelos. Con la polluela lo tengo más fácil… podría acomodarla en el agujero del palo de alguna enorme sombrilla, pero no estoy yo como para ofrecer espectáculos de puntería a través de una toalla, no. Simplemente la echo para un lado que suele ser el izquierdo o el derecho. Si la arena está blanda, no hay problema… si está dura… me coloco boca abajo.

La temperatura del agua que moja mi tierra, dependiendo de la playa y las corrientes, es baja o muy baja, así que cuando salgo del agua, si me he encontrado con sirenas interesantes no se me nota demasiado, porque se me encoge la piel en toda mi geografía. De esta manera, bien puedo dar un paseo, bien puedo tomar el sol boca arriba sin tienda de campaña.


Amenaza-(Continuará, porque estos días no tengo tiempo para nada… bueno… quizá una horita para la playa... y para textos intrascendentes pero puede que refrescantes).




viernes, 5 de julio de 2013

Padre e hijo

Cuelgo una maravillosa canción de Cat Stevens. Y aprovecho que ya viene subtitulada para no tener que escribir la letra ni hacer esas traducciones libres que hago siempre...

...bueno, va...

(lo siento por los puritanos, pero es que Cat Stevens se refería a una familia burguesa y ésta sería una versión más adaptable a una familia obrera del extrarradio):

No cambies ahora, tío, ¿de qué vas?
Tranqui, ¿eh? No me mosquees.
Eres un pipiolo y ni lo sabes
No has salido del cascarón

Móntatelo con una tía pero ya 
Y no me des la vara
Si te casas pagarás menos a Hacienda
Tú mírame y comprueba lo bien que me lo monto

Yo también me colocaba
Y me salía la adrenalina por todos los poros
Cuando te coscas de que eso no funciona
Tienes que darle salida

Menos pajas mentales
Que mañana es otro día
Que te entre en la cabeza de una p-vez ***
Lo digo por tu bien, joder
A mí también me lo dijeron
¿O qué te crees?

Cuando me parieron
No paraban de decirme que atendiera
Luego crecí
Y llegó un momento en que me las piré (faltaría más)

Te he dicho que no cambies ahora, ¿es que no me escuchas?
Tranqui, ¿eh? No te mosquees
Eres un pipiolo y ni lo sabes
No has salido del cascarón
No te queda vida ni ná

Móntatelo con una tía pero ya 
Y no me des la vara
Si te casas pagarás menos a Hacienda
Tú mírame y comprueba lo bien que me lo monto

Cuando me jodieron, seguí siendo yo
Fue una putada (una más), pero la asimilé
Todos se equivocaban menos yo
¿Quién me conoce mejor que yo? Je!

A mi bola me voy.


*** La "p-" queda a la libre interpretación de cada uno. No me gusta decir tacos.







jueves, 4 de julio de 2013

Pequeño cabreo

Hace unos años, en los (des)informativos estatales, bajo las palabras en gallego de la gente que lo hablaba, sobreimpresionaban una traducción. Salía gente de pueblo hablando su idioma, algunas cosas se les entendía, otras no. Aunque muchas palabras gallegas sean iguales en español, los acentos de las personas podrían llevar a la confusión a los que veían la noticia desde otras comunidades.

Hoy en día, lógicamente, ya no se traducen. Y es que salen políticos que utilizan un español mal hablado al que le meten simplemente los artículos y alguna preposición. En vez de “la” dicen “a”. En vez de “el” dicen “o”. Pero el idioma que hablan es una cosa rara, es más español mal usado que gallego mal usado. El gallego de verdad, ése que nos han quitado inventándose palabras que la gente no utiliza, el normativo, o el que utilizan ahora los intelectualoides durante dos años de estudiantes, y los trabajadores de la televisión de Galicia (con un acento completamente españolizado –esto es increíble-), ha hecho pensar a la gente que el gallego es eso.

Pues no. 

Los gallegos también tenemos la fama de hablar despacito. Todo tiene su explicación. Aquí se habla normal, como en todas partes, unos más rápido que otros. ¿Qué pasa? Que como el idioma gallego ha estado tan mal visto por considerarse propio de la gente más pobre y rural, muchos galego-falantes se han pasado al español creyéndose más urbanitas, y no lo hablan con fluidez.

El audio que cuelgo se corresponde a una situación real (puede ser graciosa, aunque al tipo no creo que le esté haciendo mucha gracia), y esta situación se podría ver en cualquier punto de mi tierra sin llamar la atención más de lo que la llama ese tipo de pueblo que es nuestro presidente o todos los políticos y periolistos y gente de poder, que habla una cosa rara inventada recientemente.


Pero no os llevéis a engaño. También hay acentos dulces que no se cagan en nada y que hablan el gallego de verdad, no esa cosa enlatada que se encarga de destrozar la esencia de un pueblo desde las altas esferas de un país que se suicida.






martes, 2 de julio de 2013

Monólogo decaído y de levantado - I

Muchos días, rodeado de gente, me siento solo como el único árbol que sobrevive en un oasis esperando la muerte desde sus raíces.

Suelo encerrarme en casa, total… allí tengo más compañía, porque no estoy solo en realidad.  Tengo una sombra sin personalidad que hace lo que yo hago (y que espero que lo siga haciendo para evitarme un gran susto). Si la quiero alargar o engordar me acerco más a su silueta. Es divertido transformarla en enana o gigante. ¿Gigante? Bah, proporcionada a mi cuerpo proporcionado, esbelto y sin atisbo de garbo. En ocasiones me muevo ágilmente para pillarla en un renuncio, pero no hay manera… su velocidad es la mía. 

¿Qué espero?, ¿Qué salga de la pared y apriete mi cuello? Susto, muerte…  buena suerte.

¿A que son divertidos mis juegos?

También tengo espejo. Sí, un espejo singular, porque es uno. Le da color y relieve a mi sombra. Y una nueva dimensión de profundidad de la que carecía… y creo que carezco. Alguien que pretende burlar su propia imagen no puede ser demasiado profundo.

Yo no soy de mirarme en el espejo, todos los materiales se desgastan, y los días en que me siento solo lo fatigo. Comienzo con muecas grotescas, intento ser más feo (todavía). Luego me ayudo con las manos y me abro la boca con los dedos índices y corazones. ¿Os parece patético? Pues no veas cuando aún encima emito sonidos: GRLUÁ, GROARGH.

Desde esa roca que es el propio yo se divisan varias caries que riman con Aries, que alguien dice que lo soy por empezar a morir en un día de cierto calendario extraño. También se observa una campanilla de carne cuyo badajo me ha dado grandes disgustos cuando me ahogaba en calimocho y acudía al campanario diariamente.


En mi casa hay un cactus lleno de escalofríos.  Crece el condenado gracias a mi conversación. De vez en cuando le regalo música barroca. Parece que gana en altura, se pavonea y sólo yo soy capaz de verlo. Mi sombra, no. Con las piezas contemporáneas languidece. Por eso nos parecemos… bueno, también por los pinchos.