jueves, 29 de agosto de 2013

¿Noticias?

Al parecer hoy en día a alguien le puede parecer una noticia que arda mi sitio.

¡Venga, no me jodas!

Eso es el día a día aquí, y no soy más listo que nadie habiendo sabido desde hace meses que esto pasaría. Es más, mi pronóstico para los próximos años es que seguirá ardiendo. Queda aquí, expuesto, como quedó hace un año.

Hurguemos en la noticia verdadera:

“La Xunta de Galicia CREE que los últimos incendios son provocados”

Eso sí es noticia. Que unos tipos que llevan toda su puta vida en Galicia, que han visto cómo se quemaba y regeneraba la superficie total de mi tierra a lo largo de los años multiplicada por x veces; unos tipos que saben que los incendios tienen varios focos que curiosamente arden a la vez; unos tipos que dicen saber las causas, que conocen las detenciones de pirómanos que reinciden; unos tipos que nos (des)gobiernan; que tienen unos sueldos elevados y que juegan con nuestros destinos… resulta que CREEN que los incendios son provocados.

¡Manda carallo!

¿Les ponemos una medalla?, ¿les subimos el sueldo?, ¿les dejamos otra manguerita para la foto? Si es que el presidente éste es la hostia. Resulta que hace un par  de años o tres, como ¡¡¡sólo!!! ardieron 26.000 hectáreas, se atrevió a decir que la campaña de lucha contra los incendios forestales era ÓPTIMA.

¿Y la oposición? Calladita.  Cuando estuvieron ellos en el gobierno se masacraron los montes gallegos. En un solo año casi ciento cincuenta mil hectáreas. Repito: en un solo año.

¿Y la gente? Sí, cojones, lo tengo que reconocer. Me jode que me lo digan los de fuera, pero no me quedan más cojones que reconocerlo: la gente ni le busca explicación.

¿Por qué?

Por la puta política, que lo invade todo.

El Prestige fue un desastre más de mi tierra, pero ni de lejos tan grave como los incendios. De hecho, ya que a la gente sólo le importan las personas (y ni eso), durante la crisis del Prestige no murió nadie; sin embargo con toda la quema de mi tierra ya ha habido decenas de víctimas mortales.

¿Dónde están las manifestaciones? Ya, no hay un partido que las dirija. ¿Dónde está la gente protestando por que NUNCA MÁIS haya estos desastres ni en el mar NI EN LA TIERRA?

¡Huy!

¡No los veo!

¿Y todos esos músicos y artistas que crearon discos y canciones y llenaron artículos con el eslógan del Nunca Máis? ¿Ésos músicos que llevan a sus portadas bosques que están ardiendo? ¿Las miles y miles de camisetas con la bandera gallega sobre fondo negro? ¿Las pegatinas de los coches?

Hummm, se debieron de quemar sus hilos o alguien los cortó.


El puto chapapote (que en realidad era petróleo) con el que os llenabais la boca se ha convertido en ceniza. 




El que aparece en la foto tan dispuesto a la ídem es el presidente de mi tierra cuando estaba en la oposición.

Abajo, Luar Na Lubre, interpretando "Memoria da noite" después del desastre del Prestige.








martes, 27 de agosto de 2013

Reflexo

Desde siempre, el ser humano ha tenido unos ídolos en los que reflejarse. La historia está llena de nombres propios: héroes mitológicos, fantásticos reyes, descubridores, creadores, médicos, gurús, compositores...

También malvados rufianes, ingeniosos, perversos, inteligentes y trepas. Todos ellos han tenido seguidores y la historia los ha interpretado a su antojo. Los que para unos eran buenos, para otros eran terribles.

Llegaron los tiempos modernos y con ellos la fotografía, el cine, los medios de comunicación, las modas a gran escala, internet…

Hoy en día tenemos a nuestra disposición miles de grandes nombres simplemente pulsando un botón.  

Admiramos a quien nos mueve o conmueve. Actores y actrices, músicos, artistas a los que ahora podemos juzgar nosotros mismos sin que nadie haya escrito sobre ellos (o sí). Y dentro de cada profesión podemos identificarnos con alguien que destaque desde nuestro punto de vista, si es que tenemos criterio (………………………).

Por otro lado existen los fenómenos de masas, esto es, lo que venden como buenos siendo basura. No pondré ejemplos para no herir la sensibilidad de nadie.

Los países más civilizados ya no practican la guerra entre ellos (………). No  estoy de acuerdo con lo que digo, pero qué cojones, puedo decir en la misma frase una cosa y su contraria, me lo enseñan todos los días. Si quiero hasta me puedo poner la zancadilla mientras camino.

En vez de esa posible guerra, el orgullo patrio se basa sobre todo en los éxitos deportivos, y sería hermosísimo si esta premisa se cumpliera (o cumpliese). En todo caso, en algunos países las banderas acomplejadas sólo salen a la calle cuando gana un equipo de fúrgol. Sin ir más lejos, podemos nombrar el caso de... ¿Bélgica? jeje. Pero bueno, no me gustan los símbolos. Digamos que lo que mueve a las personas a identificarse con algún ídolo son sólo los resultados. 

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Johnny Weissmuller (el Tarzán por antonomasia, mucho más que el que interpreta a George de la Jungla), batió 67 récords mundiales de natación. No es que fuera un actor de la hostia, fue contratado para lo que hizo, colgarse de los trapecios de los estudios de Hollywood. Los hermanos Marx, además de interpretar comedias, eran excelentes intérpretes de varios instrumentos. Bud Spencer, ahí como lo veis, participó en dos juegos olímpicos. Otros muchos intérpretes del cine destacaron por su voz, su música, su cultura, su deporte… por su talento. Había verdadero esfuerzo para llegar hasta donde llegaron. Y quizá una pizca de suerte.

Y mucha gente se podía reflejar en ellos. Intentar llegar hasta donde otros llegaron e intentar superarlos.

Miremos hoy en día hacia arriba. ¿En quién nos podemos reflejar?

¿En unos políticos que no sabe ni hablar inglés ni han estudiado nada y que están ahí por pertenecer a un partido?

¿En un sistema que no funciona ni aún con todas las corbatas que lo manejan?

¿En unos banqueros que reptan entre la usura más abominable?

No.

La sociedad en masa se fija en deportistas, pero los nuevos valores son que no te pillen en la trampa, llega a lo alto como puedas, utiliza todos los medios legales o ilegales a tu disposición y un largo etcétera.

Por eso no es extraño que una enorme masa de jóvenes te desafíen con la mirada y se muestren tan vacíos. Sus ídolos proclaman:

“Soy guapo, rico y buen jugador”. Otros, multimillonarios, se ríen cuando defraudan a Hacienda y se hacen los tontos. Otros, se dopan.

Menos mal que hay dignísimas excepciones. Lo malo es que la mayoría de ellos no llega a las masas. Les falta toda la parafernalia y por supuesto: no son noticia.




PD- Sé que esta entrada es demasiado genérica, quizá los ejemplos que he tomado no sean los correctos. Entre las grandísimas excepciones, referentes por su esfuerzo, su tesón y su enorme fuerza mental están nombres tan conocidos como Rafa Nadal, David Cal, Gómez Noya, Ivan Raña y un largo etcétera. Pero lo cierto es que éstos sólo son ídolos de minorías, y que sólo lo son por sus resultados, nunca por sus esfuerzos.

viernes, 23 de agosto de 2013

Hermoso paseo

Para compensar mi insoportable visión de la vida, hoy he decidido colgar un buen momento, que de vez en cuando cae alguno.

Trata sobre un paseo que me di un día.

Ese día vi a Lucía y empecé con pareado. Lucía tanto como el sol, y sonrió nada más verme (por si no lo sabéis, un “verme” es un gusano, en gallego).

Algo me seguía, no supe el qué, pero lo notaba.

En la calle sonaban risas y alborozo, y una enorme fiesta con sus cohetes y su tamborrada. ¡Había hasta colas para entrar en la famosísima casa del terror!

Una niña con coletas resbalaba por tres de los siete colores del arco-iris con un helado de melocotón sonriente de almíbar en una mano y una piruleta de fresa en la otra. Le saludé y le tendí una mano. Se había manchado el rostro de tanto pasar la lengua al caramelo.

Acababan de renovar un trozo de la acera, y tampoco me importó que en la misma calle, de unos doscientos metros de largo, hubiera cuatro tipos de acera distinta, porque ahora ya no corría el riesgo de torcerme un tobillo, como digo: estaba reparada. Aún así, y ya por costumbre, oí una interjección de mi voz. Luego más. No les hice caso, llegaba a mi olfato un olor delicioso… sería un pastel, tan penetrante que me acompañó durante largo rato.

No recuerdo mucho más, porque al cabo de unos momentos, y como todo no puede ser tan bonito, alguien me dio una bofetada.

¡PLAS!

Salí de mi hermoso mundo.

¡PLAS!

—Qué… ¿qué pasa?

—Hola, chico, te llevamos siguiendo toda la tarde desde el coche de Google Maps, porque parecía que estabas como ido.

—Grrr. Pues estoy aquí.

—¿Sabes dónde?

—En mi casa.

—¿Vives en una cabina telefónica? ¿A ver, cuántos dedos tengo aquí?

No iba a caer en el truco de siempre, me enseña dos, y guarda el resto.

—¡Cinco!

—¡Por el culo te la hinco!... no, no, en serio. Tengo cuatro, antes trabajaba en un aserradero, ahora tengo problemas cuando hay mucha gente en la barra de un bar y pido con gestos cinco cervezas. Pero bueno, no hablemos tanto de mí, qué cotilla eres, la madre que te parió.

(Hostias… ¿estoy soñando?, ¿qué me pasa? Vale, recuerdo el alcohol y la Rohipnol).

—Es increíble, ¡nunca he visto a nadie como tú! Con esa sonrisa de oreja a oreja arrastrándose bajo la lluvia. Hablando con una yonki desdentada sin perder tu buen humor. Paseándote entre los policías y los manifestantes en medio de las cargas… ¡riéndote de los parados de la cola del INEM! Y ayudando a levantarse a la jipi de las coletas que llevaba la bandera gay, la de la cara ensangrentada, ¿recuerdas? ¿No te duele el tobillo? ¡Pensamos que te romperías los pies en cada hueco de la acera! Los manifestantes arrancaban adoquines, y tú te quejabas a cada paso, pero seguías andando y gritando.

(Me toco el tobillo, lo contemplo. No lo siento, pero está hinchado y tiene un color oscuro. Más oscuro es el tono de mi pantalón. Miro al tipo de Google Maps con los ojos abiertos y sigue con su monólogo).

—Caca de perro. Ibas pisándolas todas -me aclaró--. Y blablabá, blablablá blablablá.

—Entonces —balbuceo—, ¿entonces la vida no es bella?

—Chaval, la vida es la que es.

—¡Oh, qué tío más majo!, ¡me has llamado chaval! Bueno… ¡no me cambies de tema! ¿Es que acaso sólo puedo ver la vida hermosa si estoy drogado?


—Tranquilo, sois legión.




lunes, 19 de agosto de 2013

Me puede la escena

Uno de los objetivos cuando creé este espacio era conocer, de manera anónima, lo que piensa la gente de a pie con respecto a los temas que toco. Toda la vida me han dicho que estoy equivocado desde todos los ámbitos. Y seguro que lo estoy, tiene que haber alguna venita por ahí perdida en eso que se supone que debería de poseer, llamado cerebro, que me cortocircuita mis percepciones.

Yo veo algo y lo razono, puedo estar equivocado en mi razonamiento, en mi punto de vista, porque no coincide con el de la mayoría de las personas, pero las opiniones (quiero creer que aún la minoría de ellas) se basan en un razonamiento, aunque sé que la mayoría se basan sólo en el eslogan y en la frase hecha o, lo que es peor, en la cita que nos gusta de lo que otros "más importantes" han opinado.

Siempre me he aplicado eso de que cuando tú tienes tu razón y todo el resto tiene la suya, contraria a la tuya, no se puede equivocar todo el resto.

Pero.

Un ejemplo simple: he hablado de mi tierra en muchas ocasiones, quizá porque es lo que más amo, porque considero que tiene una identidad propia y diferenciada (para lo bueno, pero sobre todo para lo malo, y me jode y me duele).

Cuando digo algo negativo de Galicia es precisamente porque me duele, y doy la impresión de que la ataco.

¿Yo? ¿Atacar a mi tierra?

Yo la defiendo, cojones.

La defiendo de todos los que la atacan, muchos de los cuales creen que la defienden por  el hecho de enumerar sólo sus bondades. Arguyen morriñas y unos sentimientos que no sé por qué razón, sólo parecen tenerlos los habitantes de aquí. ¿Acaso un tío de Teruel o de Soria no echa de menos a su tierra? La palabra morriña es también española. Y se puede traducir al suajili, sueco o al mongol.

En algunas entradas sobre mi tierra (que es la que como he dicho, me importa), he hablado de los desastres urbanísticos, de las “fiestas”, de los incendios, de los eucaliptos, de las infraestructuras, del caciqueo, de las playas. He hablado sobre realidades que vivo de manera cotidiana.  Que veo con mis ojos y percibo en la superficie de mi piel y en el extremo de mi mala hostia.

Algunos comentarios, desde hace casi dos años que tengo el blog, me venían a decir que yo sólo veo la parte mala, que existe una evolución, que todo lo tiro por la borda. Coño, hasta me han vuelto a hacer pensar que todos tienen la razón menos yo, como cuando tenía “amigos”.

Y seguro que sí.

Pero no me doy cuenta.

Y entonces vuelvo a leer el periódico. Y cuelgo los enlaces. Playas contaminadas, rías con dos metros de residuos orgánicos sobre su lecho, incencios forestales, maltrato y abandono de animales, corridas de toros por decreto (sin afición y sólo para los turistas), pesca con dinamita, marisco esquilmado por furtivos, caballos con las patas atadas, santinazos, playas asquerosas con banderas azules, alcaldes que ganan más en épocas de crisis…

¡¡Mil trescientos incendios en Galicia a 19 de agosto!!

—Pero Sbmeau, tú todo lo ves negro.

—No te jode…

—¿Acaso no has estado en  la hermosa playa de “As Catedráis”?

—Sí, pero antes de que la hicieran guiada, con excursiones de autobuses y miles de turistas, y escaleras de piedra moderna hasta la arena con una horrible barandilla metálica, y un paseo habilitado sobre el campo, y autovía hasta allí, y… y… y…

—¡¡Eres un exagerado!! ¡¡Cenizo!!

Titular de La Voz de Galicia: “Usted se baña, usted espera”








Y es que a la gente le importa una puta mierda, mientras lo pase bien en la playa: ya no existe mierda, residuos sólidos, líquidos o gaseosos, ni incendios ni hostias. Todo va de puta madre. Y quizá ahí está mi fallo. No logro pasarlo bien.

Me puede la escena.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Canciones de verano IV

Bueno, ya se está acabando el verano y los días son más cortos. Son las diez y cuarto y aquí ya está empezando a anochecer, y en Cataluña eso ya ocurrió hace una hora. Pero como aún queda verano, aquí os dejo más música animadilla o menos animadilla y un chiste que me he copiado de internet y que me ha hecho llorar. 

"Llega un tío a una comida de etiqueta con protocolo y todo eso, y en medio de la comida le asalta un dolor de estómago terrible. Al ver que no puede más, decide tirarse un pedo y, para disimular según se lo tira, tose, pero le sale un gargajo y le empieza a picar la garganta. Así que el tío estornuda, con tan mala suerte que le quedan dos velas colgando de la nariz, de unos cinco centímetros cada una. El tío nerviosísimo por la situación decide sorberlas, pero le da tanto asco que va y vomita encima del plato.

Es justo en ese momento cuando se levanta el anfitrión y le dice:


—¡¡¡¿Qué?!!! ¿Con las orejas no sabes hacer nada?"

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Elvis Presley-Love me tender





Frankie Avalon-Ginger bread






Johnny Tillotson-Poetry in motion






Lynn Anderson-Rose garden






Lou Christie-Two faces have I





lunes, 12 de agosto de 2013

Tonto del bote

Desde hace algunos años, tengo la costumbre de meter en un bote de cristal las monedas de dos euros. Así, cada vez que me devuelven una tras un pago, yo ya sé cuál es su destino.

Bueno, eso sucedía hasta hace unos meses. El bote lleva vacío demasiado tiempo. He tenido que ingresar las monedas en un momento de crisis económica personal y grave. Siempre las utilizaba para hacerme un viaje cortito, o para ayudarme en uno más largo. Ahora lo dejo para los que decís que no tenéis dinero.

En el bote sólo caben doscientas monedas, que, si no me equivoco, equivalen a cuatrocientos euros, aunque las matemáticas, como el resto de ciencias… y letras, no son mi fuerte. Tengo que reconocer que no tengo ningún fuerte, aunque de pequeño tenía el fuerte Comansi con vaqueros e indios. Lo que hoy en día se llaman Cowboys y latinos, vamos.

Pero no eran indios de la India, es decir, hindúes, sino indios de verdad, con pluma y alaridos histéricos en sus ataques descocados, en los que quitaban las cabelleras a sus enemigos para hacerse pelucas rubias. La verdad: los que yo tenía eran muy pasivos, como de plástico. Pero no les importaba mucho, los defensores del fuerte eran más activos y ambos bandos lo pasaban pipa… de la paz (Bolivia).

En fin, que resulta que un día, más quemado que la pipa de un indio (oh, qué coincidencia), fui a cambiar mis monedas a un banco. Me tocó con una señora de unos… casi sesenta años, poco agraciada y mal encarada, lo que algún maleducado tildaría como “malfollada”. Como no soy maleducado para mí era sólo una gilipollas repugnante. Aunque su peor defecto era trabajar para un banco. Todas las mañanas iba al parque y lijaba la madera del respaldo del asiento y el propio asiento. Luego acudía a la sucursal del Santander, uno de los más famosos del santoral, y se sentaba para atender a los clientes, si es que atender a los clientes consistía en maltratarlos.

Me tocó la china en la cola, y estuve a punto de proponerle algo, pero mirando a sus ojos pensé que con su escaso campo de visión, se habría confundido de cola. Pero me excité.

Entonces llegó mi turno y, excitado como estaba, coloqué una bolsa llena de monedas en el hueco de la caja y saludé (nunca doy los buenos días, no creo que nadie se los merezca, hay que currárselos).

—Hola.

—Grmm…

—Quería cambiar estas monedas.

—¿Qué es eso?

—Monedas.

—Ah, me parecía una bolsa.

—Tiene usted razón, disculpe. Contiene monedas.

La señora se levanta, me mira de arriba abajo deslizando sus gafas a la altura de las fosas nasales y con cara de ajco (que suena más asqueroso que asco).

—¿Ein?

—Sí, monedas, son objetos circulares y metálicos a los que les asignan un valor… pensé que les obligaban a estudiar esas cosas en un banco. Se llama dinero.

—¿Y tengo que contarlas todas?

—Usted verá, hay cuatrocientos euros. Creo, por su mirada, que se fía de mí, así que apunte cuatrocientos euros y métamelos en la cuenta, sivuplé.

—Grrnó. Tengo que precintar la bolsa y enviarla a unos compañeros que las contarán y si está correcto, antes de una semana podrá comprobar que le hemos hecho el ingreso.

—Ya veo que trabajo con un banco amigo, como dice su publicidad.

—A mí no me pagan por ser su amiga.

—Tushé (touché). O, como diría usted, tuché.

En ese momento, la cajera me podría haber preguntado cuál era mi nombre. La respuesta habría sido Sbmeau. Pero no…

—¿Cómo es tu nombre?

—Pues es más bien corto, empieza por S y termina por U. Y ya que estamos intimando… ¿cómo es el suyo?

—No estoy para bromas, necesito saber tu nombre para hacerte el ingreso.

—Ah, haberlo preguntado, yo siempre respondo a las preguntas. Me llamo Sbmeau.

—¿Ein?, ¿Si bemol?, ¿cómo se escribe?

—Normalmente con bolígrafo, lápiz o teclas, pero puede emplear ceras si quiere, yo ahí no me meto… es su oído.

Me mira con cara de asesina y me despide con dos frases que odio:

—Buen día. Que le vaya bonito.








PD- El ingreso tardó dos semanas.


PD2- Efectivamente, había como mínimo cuatrocientos pavos. Si había más, nunca me enteraré.

viernes, 9 de agosto de 2013

Canciones de verano III

Bueno, pues aquí os suelto otros cinco temas, y para no obligaros a escucharlos y comentar por quedar bien, los acompañaré de un chiste que extraje de internet que me hace gracia, es decir, que no tiene ni puta gracia. Para que luego no me digáis que no pienso en la peña que me comenta.

"Entra una señora con su hija muy fea en un autobús público. Intenta sentarla y la gente no le deja ponerse a su lado. Sube un pasajero al bus, y al ver a la niña da la vuelta y se baja asustado. Madre e hija consiguen un sitio al fondo del autobús, se sientan y la gente que hay alrededor se levanta y cambia de sitio. Al cabo de un rato entra un ejecutivo, con su traje, su perfume y su maletín, y se sienta al lado de la niña, que recibe una sonrisa de su madre mientras ésta piensa: “por fin hay alguien educado y transigente, gracias a Dios”.


El ejecutivo abre el maletín, saca una manzana y una navaja multiusos y se pone a pelarla. Una vez se la come, mira a la madre de la niña y le dice: “perdón, señora, ¿la bestia come mondas?”


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Big Bopper-Chantilly lace






The Capris-There's a moon out tonight 





Helen Shapiro-Don't treat me like a child





The Crew Cuts-Earth angel





The Dovells-Bristol Stomp






miércoles, 7 de agosto de 2013

Más triste que un circo

Tristeza me pisó, después de asombrar a mi sombra y hurtarle toda su luz. Cruel compañera silente, Tristeza, de las agujas de un reloj eterno que comienza en el presente, y repite con saña los momentos de mayor destrucción: los hermosos, los que no volverán jamás.

Pesadilla pesada de miedo y sudor.

Callada cadena de quebranto incapaz de quebrar.

Tristeza, una más. Sin pena ni gloria.

Con pena y sin gloria.

¡Uf! Dolor.

¡Ay! Y habrá.

Fábrica de palabras que encienden las cenizas pensadas muertas. Con un soplido de letras prende el último combustible que avivaba la hoguera.  ¡Bah!, difícil con agua y con hielo. Esas gotas mataron las llamas y se embalsan en miradas que esperan el cierre de las compuertas de carne, ocultando la vista ausente ya de este mundo, para verterse.

Una derrota en un pulso, una cruel zancadilla, una impotencia de ganas.

Respiro botellas de disnea que me obligan a existir.

Angustia.

Por Dios. Por la Virgen. Por todo.

Por nada.

Hasta que apenas la pena me apene, moriré en el intento de morir. Con la impotencia y la frustración de no lograrlo y mi bolsa rebosante de lamentos desgajando mis carnes mientras me oxidan como a una lata.

Los mendigos me miran por encima del hombro. Ellos arrastran su ropa cuarteada, yo mis jirones de cuero y frío.

Y los payasos… los payasos sonríen cuando su pintura se apiada de mí.

Los perros me observan y levantan la pata. Pissss. Pero siguen su camino huyendo de un territorio que no merece la pena ni acotar.

El día no amanecerá más y…

…y la gente…


…la gente pasa de largo. No se percatan de mi enfermedad, aunque la hayan sufrido mil veces. Mis síntomas pasan desapercibidos en estos días en que no sale el sol, sino tu rostro. Gracias, Silvio, por vestir mi desdicha con palabras y darles lustre con bellos acordes de aflicción. 






lunes, 5 de agosto de 2013

De nuevo, la otra cara

Pues sí, las cosas son así, y como creo mil veces más a un paisano que a cualquier periolisto, porque ya llueve sobre mojado, os presento una carta de un vecino de la desgraciadamente conocida aldea de Angrois, donde tuvo lugar el accidente de ferrocarril de mi tierra, y sus habitantes salieron a ayudar con todos sus medios y voluntad.

La carta habla un poco de lo que os comento día a día sobre lo que pasa en mi tierra. Que los políticos catalanes hagan una representación de dolor, después de haber protestado por la inversión en las infraestructuras de mi tierra, me toca los cojones. Que el 87% (ojo, según datos de periolistos, así que vayustasabé) de la línea férrea de este Estado tenga medidas de seguridad apropiadas y justo en mi tierra no las haya es, como no puede ser de otra manera, lo que yo llamo el tercer mundo y que muchos de vosotros llamáis “eso pasa en todas partes”. 

Que desde Madrid sigan chupándole el culo a algunos partidos y zonas, y que nos sigan tapando los ojos a todos, es culpa de la mierda de prensa. Y que en Galicia seamos tan pintorescamente “bueniños”, y en vez de juntarnos para hacer fuerza estemos cada vez más separados, y sobre todo más separados que en otros lugares, nos ofrece el resultado que cada día vivimos, y del que sólo unos pocos nos percatamos. Porque muchos de mis paisanos todavía se creen que somos europeos. Pero no me da la risa.

Aquí, en una carta llana, clara y sin fisuras, se refleja mi tierra como en un espejo. En una aldea donde vive gente normal, toda se conoce. Sucede una desgracia terrorífica y todos arriman el hombro, no hay esa dualidad que nos venden día a día los cabrones. Da igual que seas de un partido político o de otro, o que seas alto o bajo, guapo o feo. Hay una meta en común: ayudar. Ayudar a gente que es de un partido político o de otro, que es alta o baja, guapa o fea. NO EXISTE LA DIVISIÓN QUE NOS VENDEN.

Pues bien, los habitantes de la aldea lo hacen. Ayudan. Como podría pasar en cualquier aldea de cualquier punto de otra latitud.

Y llega toda la mierda. No lo puedo reflejar mejor que alguien que lo ha vivido en primera persona, pero sí dejar claras las líneas críticas y gruesas: periodistas, figurantes, caciques, buenas palabras, falsedades, ofrecimientos, gestos… vacíos. Una novela en dos o tres páginas.

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CARTA

En la pequeña aldea de Angrois hay muchos ancianos. Cuando alguno tropieza y cae al suelo, corremos a levantarlo. Es una reacción espontánea, humana. Eso hicimos la noche del 24 de julio. No pensamos, actuamos. Agotados, sin cenar, sin dormir, desde las ocho de la mañana hasta que desfallecimos, respondimos al estribillo de cientos de micrófonos: “¿Dónde estabas?, ¿qué hiciste?, ¿qué pensaste?, ¿qué viste?”. Mientras, por la plaza, el puente y las vías transitan uniformes, chalecos amarillos y corbatas; las gigantescas grúas levantan convoyes, las maletas, los bolsos y el dinosaurio verde fosforito son transportados a furgonetas custodiadas. Ya no hacemos falta, no nos dejan ni mirar. Para regresar a casa hay que dar un paseíllo por senderos oscuros.

En casa los teléfonos fijos y móviles no paran de sonar, todos quieren una entrevista, desde Estados Unidos a Japón. Intentamos ser amables, educados. Para no herirnos, apagamos el televisor, la radio, el ordenador, apartamos los periódicos.

Llegan Rajoy y Ana Pastor, ni siquiera nos saludan. Luego Rubalcaba y otros; lo mismo. El alcalde nos convoca, por fin nos felicita. “No somos héroes, no queremos nada más de lo que ya estábamos demandando”. Llegan los primeros psicólogos. Un periódico nos concede el premio Gallegos del Año. Siguen los micrófonos acechando, los teléfonos sonando sin parar. “Ven a Madrid, a Barcelona, al programa de fulanito, te pagamos el viaje”. El Facebook y la página web de Angrois se bloquean, como nosotros.

Hay que ir al Ayuntamiento corriendo: vienen sus altezas los príncipes de Asturias, hay que estar a las 6:30 para recibirlos sonrientes, como así hicimos. Tras ellos, Feijóo, ministros, altos mandatarios. “Para lo que haga falta llámame, mi secretaria te dará mi teléfono”. Más micrófonos.

La policía judicial se lleva a los vecinos que socorrieron al maquinista para que declaren. El Ayuntamiento se reúne en pleno, nos concede la medalla de oro de Santiago. Un malagueño recoge firmas para nominarnos al Príncipe de Asturias. Viene el alcalde, nos comunica el premio. “Gracias, pero no queremos nada”. La concejala aprovecha para que le contemos y enseñemos lo que desde hace un año entró por el registro del Ayuntamiento. “Hay que hacer algo que conmemore esto”. “Por favor, no nos levanten un cementerio”.

Más micrófonos, más llamadas insistentes. Primero elogian, luego piden que concedas una entrevista para un programa basura. Vienen los técnicos del Ayuntamiento, recorremos con ellos toda la aldea, recordándoles lo que ya pedimos y no leyeron. Levantan informes que serán estudiados. Otro telefonazo, viene el ministro del Interior. “¿Y qué pintamos nosotros con él?”. Viene, ni nos mira. Pero le paramos y le pedimos que rinda homenaje al jefe de Caballería de Santiago, que se lanzó a las vías como desde un trampolín y nadó contracorriente toda la noche del 24. Toman nota, dicen.

Funeral por las víctimas en la catedral. Con tres horas de antelación, la Xunta nos ofrece autobuses. Corremos para avisar a todos. Nos colocan los últimos. Don Julián Barrio pregona el descanso y la paz eterna. Eso es lo que queremos nosotros también.

Un familiar le niega la mano a los príncipes: “ustedes no me representan”. Ésa sí que es una heroína. En el Obradoiro les aplauden generosamente.

En la aldea nos esperan más micrófonos, cordones policiales, trasiego de maquinaria infernal. “Por aquí no se puede pasar”. “¡Pero si vivo aquí!, tengo que ir mañana a trabajar”.

Más rodeos, más llamadas durante la noche de insomnio. Saltándose los controles comienzan a aparecer flores en el puente. En YouTube a un vecino le llaman hijoputa, cabrón, sinvergüenza, por haber grabado un vídeo y haber gritado fuera de sí ante el espanto. Se lo ha regalado a los medios de comunicación de todo el mundo. “No hagas caso –le consuelan sus vecinos-, nosotros sabemos lo que hiciste esa noche”.

Vamos cayendo, más psicólogos. Don José, nuestro cura, nos visita, nos alienta, programa una concentración en el Obradoiro saliendo desde Angrois. Llaman del hospital, van a devolvernos las mantas con que arropamos a los muertos. “Por Dios –grita un vecino-, ¿quién se va a arropar con ellas?”. Acordamos que las donen a un centro de asistencia social cercano.

Más micrófonos, ya invadiendo huertas, casas, ventanas. El Sindicato Unificado de la Policía Nacional quiere rendirnos homenaje. “Gracias, pero sin vosotros no hubiéramos hecho nada” “Hay compañeros que se tocaron los cojones”, responden. Aceptamos, no podemos ser desagradecidos.

Nos llegan miles de mensajes y cartas de todo el mundo llamándonos ángeles.

Los periodistas rascan en el pasado, el movimiento vecinal en contra del AVE, las promesas del ministro José Blanco, la aldea desgajada durante tres años, las casas derribadas, los terrenos expropiados, las duras negociaciones para levantar las actas, el pago a 3 euros el metro cuadrado por la finca que dio de comer a los abuelos, el no haber visto un duro desde entonces, el aplomo de Isabel Pardo de la Vega, jefa de Obras, asegurándonos que en dos meses levantaba el nuevo puente de la Vía de la Plata. Tardó dos años. “Queremos un falso túnel”, le demandamos. “No da la altura”, responde. Lo hizo un poco más allá, en Castiñeiriño, más bajo, pero residencia de la hija del concejal Bernardino Rama. Bonitos jardines. Para nosotros, unos bancos y unos rododendros que se agostan por la maleza, a pesar de nuestros mimos.

“Tenéis que asistir al homenaje de Bonaval”, nos dicen desde el Parlamento. “Pero si tenemos la concentración en el Obradoiro”. Nos dividimos. El presidente de la asociación de vecinos y el secretario aguardan consolando a la jefa de protocolo de la Xunta, rota en sollozos. Suben al estrado conmocionados por la Negra Sombra de Rosalía. “En Angrois nos cogeremos del brazo y despacio, poco a poco, andaremos juntos hacia adelante”, dice el primero. El otro recita a Valente y se derrumba. Le rodean decenas de trajes negros. “Lo que quieras, lo que nos pidas, llámame”. “Sólo quiero descansar, que me dejen llorar”. Un músico de la Real Filharmonía de Galicia le aconseja que les mande a la mierda, que los vecinos de Angrois también están heridos y necesitan ser respetados. El chico asiente.

En el Obradoiro nuestro cura se aparta, deja el protagonismo a un compañero suyo. Otra vez los malditos micrófonos y cámaras. “Pero ¿qué coño quieren que les digamos ya?, ¿una mentira?”. En Angrois los operarios son incapaces de sacar las locomotoras. El insolente tren que ya circula por una vía libre tiene la desfachatez de cruzar haciendo sonar el estremecedor silbato. Otra noche de insomnio, la séptima. Culpan al maquinista y un vecino acierta: “nos vendieron una Harley y resultó ser una Vespino”. Los altos jefazos del ADIF por fin dan la cara ante el pueblo. “Disculpad por no haber hablado antes con vosotros, pensábamos que erais un Ayuntamiento propio”. Sonreímos ante su propia contradicción. Levantan acta de daños en viviendas, bienes públicos, pero no daños personales. El operativo de emergencias del 112 para atender a los vecinos se cierra. “Acudid a urgencias”. Citas para el otoño a los que cada día van cayendo. Se levantan las murallas. Decenas de familiares y curiosos invaden todo. Cruces, recordatorios, flores, esquelas, incluso un artista graba en el hormigón con caligrafía esmerada un agradecimiento. Continúan los sabuesos reporteros grabando, pretendiendo ahora reflejar la vida cotidiana en Angrois. Se les cierran todas las bocas y puertas porque esa vida ya no existe. La policía nos rinde un sencillo pero sincero homenaje de cinco minutos. Les aplaudimos a rabiar. Los de traje y corbata se despiden. “Ahora me voy de vacaciones, pero ya sabéis dónde estoy”. Por fin nos quedamos solos. Llovizna. Nos miramos unos a otros con los ojos enrojecidos y ojeras descomunales.”

*El autor de esta carta es un vecino de Angrois  


** Algunos de los vecinos de Angrois han tenido que someterse a tratamientos psicológicos severos.  http://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/2013/07/28/ocho-vecinos-angrois-tratamiento-psicologico-severo/0003_2013071375022771740463.htm








jueves, 1 de agosto de 2013

Canciones de verano II

Y vamos por la segunda entrega, y como tengo tantas y se acaba el verano, sólo colgaré cinco, de las cuales, los diez que me leéis quizá escuchéis una, pero que me valen para escuchar yo cuando, dentro de unos años lea las tonterías que escribo y publico.

Curtis Lee-Pretty little angels eyes


Del Shannon- Hats off to Larry



Johnny Cymbal- Mr. Bass Man


Pat Boone- Speedy Gonzalez



The Angels- My boyfriend's back