viernes, 20 de septiembre de 2013

Entra o no entra

Una canción entra o no entra. Estamos acostumbrados a que nos obliguen a que nos entre, cuando nos condiciona algún amigo (quien lo tenga) o algún medio de incomunicación que pacta con una distribuidora. Es cierto que con algunas canciones se hace justicia desde un punto de vista subjetivo, y otras que tienen un éxito clamoroso son verdaderos zurullos, también desde un punto de vista subjetivo.

Pero una canción entra por sí misma… o no entra.

¿Cuándo sabemos que entra? Cuando nos agarra por nuestras zonas nobles y nos transporta. Quizá es que llega en el momento adecuado o la escuchamos en un sitio en el que precisamente esa canción o esa música se encuentran en el contexto que les corresponde. Siempre pongo el ejemplo de que no me gusta nada el flamenco, pero estoy seguro de que si lo escucho en Andalucía, en un garito típico y tomándome un loquesea típico de ahí, con una andaluza que me deje oler su cuello, me tiene que entrar sí o también. Claro que este ejemplo no me vale de nada, porque el rap no me entra ni aunque lo escuche en el Bronx rodeado de negros.

Tanto rollo para deciros que, visitando blogs he escuchado la canción que a continuación voy a colgar, de una de las personas más misteriosas de las que me comentan.


Y es que, os guste o no, a mí esta canción me entró. Y yo, que soy facilón (más bien lo parezco), le dije que sí.






miércoles, 18 de septiembre de 2013

En Cuentro

—Hooooooola, ¡cuánto tiempo! Muá, muá (en el aire).

—Hola.

—¿Qué tal?, ¿cómo te trata la vida?

—Vamos tirando, tal y como están las cosas ya es todo un logro.

(Toses)

—Perdón, estoy con tos.

—Pues yo estoy con mi hijo Ricardito.

—Grrr.

—Richi, dile hola a mi amiga.

—Ngola.

—Está estudiando solfeo y arpa de boca. Además juega al furgol y es el número uno en la catequesis.

—Mmmbién, bien. Ya se le nota cara de avispado. (Pitagoritas —piensa—, carne de colleja, carajaula, Sapientín, comehostias, pagafantas).

—Caracoles, mamá, no me toques la cabeza.

—A mi niño le cabe todo aquí. TO-DO.

—No me ex…        preso bien hoy, creo, perdona por la tos. (Menudo cabezón).

—¡Faltaría más! ¿Y tú, tienes hijos?

—Sí, tengo dos niñas.

—¡Poooobre…! (ejem), me has contagiado la tos, jujujú. Pobres niñas, decía, que tienen el futuro muy difícil. Pero Richi ya se está preparando. Mira, te voy a enseñar un dibujo que hizo ayer.

—(No, por Dié) ¡Oh, qué barco más hermoso!

—Grrrés una casa.

—Ah, como está sobre el mar…

—¡Es el campo!

—Ah, como es azul…

—Le han puesto una alfombra, porque allí se reúne la nobleza. A mi Richi le encanta la aristocracia, ¿verdad, hijo?

Ceño fruncido.

—Oh, se está concentrando… espera, a ver qué nos dice… ¡si es que se sabe todos los artículos de la Constitución! A ver, dime el… ¡artículo cinco!

—(Por el culo te la hinco)

—La capital del Estado es la villa de Madrid.

—¿Te das cuenta?

—Oh, sí, qué maravilla, ¿puedo probar yo?

—Glup. O.. otr… otro día, cambiemos de tema, dile los puntos cardinales a mi amiga, Richi.

—NOSÉ

—¿Ves? Norte, Oeste, Sur y Este. Ayyyy, si es que es el más mejor. El muy óptimo del mundo mundial. Es más que una persona humana común. Le han ofrecido ir a un programa de Sardá, pero Rosa María dijo que en estos momentos está realizando una película.

—Chica, yo me alegro de verte, pero me tengo que ir.

—Despídete, Richi, amor.

—Al fidir sen.

—Huyyyy, es que el alemán… es el futuro. Bueno, Marta, espero verte pronto, cuídate.

—No me llamo Marta.

—¿Ein?  ¿No eres Marta la de las Jesuitinas? ¿Marta García?  

—No, soy Talera, Cris Talera. Y estudié en las discípulas de Andress, en las Ursulinas. En cualquier caso ha sido un placer conocerla, señora, y que me leyera el currículo de su hijo. Acabará siendo político.





jueves, 5 de septiembre de 2013

Paréntesis

Me voy a tomar un paréntesis, que por ahí dicen que sabe bien, ya os lo diré a la güelta. Voy a quitar la opción de comentarios, porque si no a la güelta tendría que responder a los miles que me enviáis cada día y sería bastante traumático para el menda.

No me acordaré de ninguno de vosotros, y si me acuerdo supongo que será porque no estoy a lo mío, y ése es el objetivo.

Os dejo con una canción optimista que se llama Septiembre y está dedicada a un chico que se ahorcó por culpa de los exámenes. O eso se dice.

Como siempre, muchos besos, abrazos y tactos para las chicas y una palmada lejana para los machotes. Sed felices si creéis en ello y no os peleéis. "La vida es una caja de bombones y nunca sabes cuál te puede tocar", como decía una teoría inteli-gente.


Septiembre-(Los Enemigos)

¿Por qué estoy frío si hoy hace calor?
Yo iba a ser un gran tío, todo un ganador
Será que no es lo mío esta competición
¿Por qué os reís tanto delante de Dios?

Lo he intentado de corazón,
me hubiera encantado, lo sabes, Señor
Es cierto que no tengo ninguna vocación

Ya es septiembre y yo no voy a estar
En septiembre
En septiembre no pienso vendimiar
En septiembre

Id a por el pan que yo no voy a ir
Y a por la leche, yo no voy a estar,
Antes de que me echen prefiero salir
Aunque sea abriendo la puerta de atrás

Mientras los frailes vayan a rezar
Mientras los bailes sean sin mí igual
Yo besaré a la madre que hoy me velará

Voy a estrenar corbata hoy
Por fin haré algo de verdad
Qué feliz soy

Septiembre




PD- Sé que me faltan comentarios por responder, pero se me echa el tiempo encima y pesa mucho. También visitas por vuestros ingeniosos blogs. Me pondré al día en cuanto pueda, y no lo haré por obligación, sino por devoción.
:-)



miércoles, 4 de septiembre de 2013

El café sí tiene precio

He dejado de tomar café en la cafetería donde lo compraba. En realidad ya no tomo café de cafetería todos los días… quizá uno a la semana o cada dos semanas. Un euro y cinco céntimos, sin ser desorbitado en comparación con otros locales, supone casi dos pares de calcetines de Carrefour. Cierto es que los calcetines que tengo ahora por lo menos dan tomates, y que esos tomates tienen la posibilidad de plantarme hongos, y así podría tener una pequeña huertecilla en cada una de mis botas, pero nunca me ha gustado el campo de la bota. Prefiero ahorrar con la ausencia de café. El de mi casa está más rico y lo puedo llevar en un termo. Lástima… no tengo termo.

Zzzzzzzz

Zzzzzzzz

Perdón, me he quedado dormido. La falta de café, ya sabes. Prosigo.

Bueno, antes de proseguir me gustaría saber de dónde se ha sacado la onomatopeya “zzzzzz” para el sueño. En mi caso, como no podría ser de otra manera, es una jota aspirada y larga, como si tuviera pollo en la garganta. Mmmmm, poooollo. Barato.

Pero sigamos con el precio del café. Lejos del precio que le ofrecían al ilustre ZP y a las pobres personas que trabajan en el Parlamento, un euro y cinco céntimos equivalen a 175 pesetas. ¡Un café! Hace poco, en el año 2001… ayer como quien dice, un café valía 75 pesetas en la cafetería de abajo. Luego se cambió a 75 céntimos de euro, lo que equivalía a 125 pesetas.  Luego a ochenta céntimos, a noventa, ¡a un euro! Y ahora, en los sitios más baratos, un euro y cinco céntimos.

De todas maneras no tomo el café en la cafetería, me lo llevo al curro. No les gasto servicio ni servilletas ni asiento. Me lo llevo puesto… ¡y me cobran más caro que si lo tomase allí!

Pues ya que te pido un café y me gasto 175 pesetas, tía, dámelo bien, ¿no?

¿Cómo quiero el café? Café con leche normal. Dos sobres de azúcar que uno no me llega.

¿ES TAN DIFÍCIL?

Pues nada, un día frío, otro hirviendo, otro con la mierda de la espuma que sólo hace de relleno y aprovechan para echarte medio vaso de líquido.

¿Lo quieres templado? No, normal.

¿Vaso grande o pequeño? Normal, como siempre.

Pues no hay manera, chico.

¿Por qué cuesta tanto hacer las cosas bien? ¿Por qué hacen de lo más simple algo compuesto (de espuma)?


Esta semana me podré comprar diez pares de calcetines de Carrefour. Cojonudo, porque si salen buenos, me pueden durar hasta dos meses.



domingo, 1 de septiembre de 2013

No tiene precio

Lunes, 17-05-1982

—Sbmeauíño, ven.

—Dime, momó.

—¿Ves esta carpeta?

—Véola.

—Si me pasa algo, contiene documentos importantes. Son todo tipo de seguros.

—¿Cómo que si te pasa algo?

—Si me muero.

—¿Te vas a morir?

—No, pero por si acaso.

—Ah, qué bien :-), yo pensaba que todos moriríamos.

—(…Silencio y mirada…)

—Vale, no te preocupes. Perdona mi pedantería, pero como hoy hemos comido judías...

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Viernes, 21-05-1982


Abrimos la carpeta mis hermanos y yo. La pequeña llora.

—Mira, nos dan millones del banco. Más millones del seguro de vida. Por aquí parece que nos dan más…

—¿Qué hacéis, niños?

—Nada, momó.

—¿Cómo que nada? ¿Por qué habéis abierto esa carpeta?

—Por curiosité.

—La curiosidad mató al gato.

—¡Nos dijiste que había muerto de viejo!

—grrr, Grrr, GRRRRR….

—Momó, resulta que si te mueres, nos haces millonarios…

—Lo sé, hijos. Pero mi hora no ha llegado.

—Son las doce y media.

—Por eso lo digo.

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Pasaron los años, y vivimos con innumerables problemas. La gente de nuestro alrededor se volvió hostil, nos hicieron saber que nuestro lugar era uno nuevo, y se separaron. Sólo unos pocos permanecieron a nuestro lado y ahora los llevamos dentro.

A veces me pongo a pensar en lo que sería de nosotros si nuestra querida madre hubiese muerto.  Nuestro futuro habría sido mucho mejor económicamente y la gente de alrededor se apiadaría de nosotros con sus blablablás.

—Fíjate, pobres, sin padre y sin madre, la vida es una mierda, qué injusta, por Dios.

Ella luchó con todas las armas que sólo una madre puede tener y nos sacó adelante. Y el inmenso cariño que nos abrigó desde su corazón no se podría pagar con todos los seguros del mundo.

Por eso y por tantas cosas que ni te puedes imaginar: GRACIAS DE NUEVO, MAMÁ.