jueves, 31 de diciembre de 2015

¡Bó ano!

Para no terminar este año con una entrada ceniza, he decidido felicitaros como hacéis la mayoría en vuestros blogs, con alegría y esperanza. Como sólo me comentáis chicas (todas guapas y seguro que cariñosas), os deseo lo mejor de corazón y de otras partes.

¡Que teñades bó ano!




lunes, 28 de diciembre de 2015

Paraísos de ceniza y desidia

Ahí en el pasado reciente hablaba sobre los incendios que afectaban a mi tierra. Me parecía mentira que ya en marzo empezara ese nuevo azote que ha carbonizado la superficie gallega en su totalidad varias veces.

Mis vías de escape, cuando quiero tranquilidad son a menudo Asturias, Cantabria y País Vasco. En realidad el País Vasco siempre fue la más frecuentada porque es una tierra a la que admiro (sobre todo Guipúzcoa) y donde tengo colegas y me lo paso estupendamente. También visité mucho Cantabria, que de unos años a esta parte ha cambiado espectacularmente (y no para bien). Y lo mismo pasa con Asturias, que considero la parte más bonita de la península.

Vale que en mi tierra hay sitios tranquilos a menos de media hora de mi ciudad, pero como siempre he dicho: me puede la escena. La escena es cemento por doquier, cacicadas varias, mucho eucalipto y falta de estética, amén de playas sucias y un largo etcétera. Que sí, que puedo escuchar a una gaviota, a unos árboles, el aullido de un lobo y arrullo de las olas. Pero me quema una nave industrial en medio de un bosque de eucaliptos lleno de desperdicios. Y es algo contra lo que yo mismo soy incapaz de luchar.

Por eso me voy de aquí, porque además a la mayoría de mis paisanos todas estas cosas parece no molestarles y eso me molesta.

En mis últimos viajes por lo que llaman el norte, eso que algunos gallegos tenemos a nuestro sur, he podido desplazarme por autovía, la cual no sólo destroza el paisaje, sino que además es muy cómoda. Me ha sorprendido la cantidad de eucaliptos que se han plantado en Asturias y Cantabria (y parte de Vizcaya). Esa tristeza de paisaje hasta no hace mucho nos pertenecía casi en exclusiva a los gallegos, igual que los incendios. Los eucaliptos no sólo son cerillas en potencia que resecan la tierra. Su plantación no sólo es un negocio asqueroso que pasará factura en el futuro (ya he hablado de lo poco que importará la vida de vuestros hijos al lado de unos billetes suculentos en el presente). Negocio aparte, lo que para mí representa la plantación de eucaliptos es mucho más de fondo, muchísimo más importante: la desidia.

Parece que todo nos da igual. En Cantabria han destrozado Comillas y San Vicente de la Barquera con tanto apartamento, no hablemos ya de la tragedia de Laredo; han creado conurbaciones como las de mi tierra y la magia de Bárcena Mayor ha sido reducida a cenizas estos días una vez más (este mismo año aún quedaban secuelas del último gran incendio de la zona). En Asturias están convirtiendo Cudillero y Luarca, entre otros, en pequeñas ciudades que hacen perder el encanto a esos pueblos singulares, y se están creando ciudades fantasmas como Piedras Blancas.

Y Galicia… de mi tierra ya os he hablado tanto… no sé, creo que es la foto del futuro de Asturias y Cantabria como sigan por el mismo camino. Cierto que nuestros vecinos de norte tienen todavía demasiado que destrozar para parecerse a nosotros, pero no es menos cierto que la tendencia no augura nada bueno.

Por eso, me duele hasta rabiar lo que han hecho con mi tierra. Y por eso huyo cuando puedo. Pero… ¿es que se me acaban los sitios a donde huir? No. Es que estáis acabando con ellos, cabrones. Y me refiero a los de arriba, desde los políticos a los alcaldes, a los que presentan proyectos miserables, a los que los aprueban,  a los que plantan eucaliptos y a los que desde la prensa son capaces de decirnos que en diciembre hay más de cien incendios a la vez en sitios donde es raro que existan, y que...

“…SE INVESTIGA SI SON INTENCIONADOS…”

A tomar por culo.



jueves, 24 de diciembre de 2015

Soy virgen, lo confieso

—¿Y a mí qué me cuenta el Sibemol de sus gracias y desgracias?

Pues eso, que soy virgen. Todo comenzó en el año 2015 en la capital del reino, Madrid. Llevábamos muchísimos años con una tradición cristiana proveniente de Oriente Medio. Tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltasar representaban a unos magos que llegaban al portal de Belén a obsequiar a un recién nacido con algunos regalos que en principio no le valían para mucho, pero que creo que al menos el incienso lo evadió de una cruel realidad. Si es que lo usaron sus padres, claro, lo cual no estaría bien porque el regalo era para el chiquillo.

Baltasar, aunque dijeran que era de color, era negro. De color era Pipi que tenía el pelo rojo, la cara blanca con pecas marrones y los ojos verdes. Baltasar no. Era negro.

Cuando yo era pequeño, donde yo vivía no había negros. Para caricaturizar a Baltasar pintaban a un tipo más blanco que las tetas de una monja, de tal guisa que daba más miedo que un escarabajo de 1.70m.

Llegaron los negros, primero dos, luego doscientos, luego dos mil y finalmente dos millones. Y la gente comenzó a decir que por qué pintar a un tipo blanco habiendo negros. Total, que desde entonces, Melchor y Gaspar hablaban con acento gallego: “hoooola niiiiiñus” y Baltasar decía “holaninio”.

Pero ya no valía. No. Había que dar otra vuelta de rosca.

Ahora Baltasar tenía que ser mujer, porque la vida es así y qué más da.

¿Pero mujer, mujer?

No, coño, mujer disfrazada de hombre.

¿Pero?

Nada de peros.

No, mi pregunta es: si querían que fuese un negro de Baltasar para no disfrazar a un blanco ¿por qué ahora disfrazan a una mujer de hombre?

¿Y?, ¿qué pasa?

Pasan varias cosas, la primera es que va a tener voz de castrati, y la segunda que no le veo ningún sentido.

Claro, porque tú eres un facha y no crees en la igualdad de sexos.

Ah, vale… será por eso… :-(

Como ya os digo, esto empezó en las navidades de 2015 en Madrid. Como todo lo bueno se nos pega a los de provincias, el otro día,  navidades de 2016, me propusieron ir de niño Jasús (que es como se le llama por aquí a los Jesuses). Cuando llegué me dijeron, después de darme un beso de Judas, que pinchaba, que iba sin afeitar y me salían los pelos púbicos por el pañal, y que no daba el pego, que metían como niño Jasús a Món-Ic-A (una chinita grande de unos treinta años) y que yo quedaba de Vírgen María, que me pondrían una peluca larga y sudor. Para el sudor les dije que no hacía falta, que en cuanto me viera mi gente no dejaría de sudar hasta que acabase la Navidad. Pero los muy cabrones me metieron polvos pica-pica dentro de las bragas. Las bragas, sí, tenía que vivir el personaje. Menos mal que recién parida no me vino la regla. :-(

Cuando llevaba sosteniendo a la chinita Jasús (de setenta kilos) una hora y media, se me resbaló, quizá por la fatiga, y un niño que nos miraba se empezó a carcajear. Menos mal que la madre le dio dos sopapos sonoros:

—¡¡PAZ, PAZ!!

Y se calló.

Lo peor de todo es que en el bar de mi barrio han colgado mi foto de virgen con dos velas debajo. Desde entonces, en vez de emborracharme, he dejado de ir al bar.




miércoles, 23 de diciembre de 2015

Felices Fiestas

Contra la naturaleza de mi tierra, donde se escucha antes un reguetón o un villancico andaluz que uno propio, os deseo FELICES FIESTAS y os cuelgo un villancico de aquí (aquí se llaman panxoliñas).

Este año me impregna un espíritu navideño fuera de todo pronóstico. Mi cabeza cada vez tiene más nieve, se me pone roja la nariz y un día comeré un filete de reno. Intentaré entrar en algún portal, sea de Belén o de Verónica, pero no lo conseguiré, así que tocaré la zambomba y echaré un vistazo a la estrella polar y me perderé en la noche.

Me alejaré de las luces de la ciudad, que ya no son de navidad, sino de diseño. Me alejaré también de eso que llaman árbol de navidad, que ya no es un árbol sino una estructura cónica de metal y les pediré mis regalos a Melchor y a Gaspar, como siempre. Y, como siempre pasarán de mí, pero me da igual, porque odio que me regalen cosas inútiles.

 Al gordo de Papá Noel lo veré sólo en las cocacolas y evitaré tragarme alguna película suya, en la que le llaman Santaclós. Brindaré con sidra porque me caen bien los asturianos (y porque me gusta más que el cava). Y el día de navidad me comeré dos huevos fritos, como acostumbro, porque dicen que “de lo que se come se cría” y como sabéis, siempre sigo todos los refranes y frases hechas. A esta en concreto no le doy demasiado crédito, porque llevo años atiborrándome de chorizos y güitos y parece que la cosa no funciona, pues me sigo agarrando el miniyó con pinzas de depilar. Pero no me cambiéis de tema, que estamos en navité.

En fin de año me la pelaré doce veces y le quitaré las josefitas y esperaré a no equivocarme con las campanadas. Mi cuerpo temblará nervioso, a su bola, quizá pensando que un cambio de año supone un cambio de algo, y brindaré con la pantalla de televisión. A las doce y un minuto me iré a la cama y apagaré el móvil, porque siempre me llegan dos mensajes y no estaré para atender a nadie. Ni a Belén ni a Verónica, que se creerán muy originales enviándome un texto “simpático” que ellas no han creado, pero cerrándome sus portales.


Bueno, a los que estas fiestas os resulten difíciles, os deseo fáciles fiestas. A los chicos os deseo felices fiestas y a las chicas, simplemente, os deseo.




lunes, 21 de diciembre de 2015

Abusando de mí

El otro día en el gimnasio, estaba tumbado haciendo press de banca, aguantando con esfuerzo mis veinte kilazos cuando llegó un chico muy guapo y me dijo:

—¿Te falta mucho?

—Depende, ¿para qué? —respondí—, para jubilarme aún me faltan muchíiiisimos años.

Me miró con cara de ascazo, que es como el asco pero un poco más grande.

—Para terminar de hacer esa mierda que haces —respondió mal encarado.

—Déjame a mí, Marta —dijo un gorila cuyos bíceps eran más grandes que mi cabeza. No me sorprendieron sus músculos porque salían de unas pastillas y unos batidos, pero me sorprendió cómo le llamaba a aquel chico hermoso: Marta. Entonces me fijé mejor y me di cuenta de que sus enormes pectorales no eran más que mamas. Total, que no era un Pablo Iglesias con su coleta, musculado y guapo, se trataba de algo parecido a una chica. Suspiré de alivio, sería la primera vez que un tío me parece guapo.

Mi mente se vio obligada a convertirlo en mujer, y curiosamente me dio algo de repelús.

—Deja a mi chica entrenar, que tú haces más ejercicio lavándote los dientes.

Yo me sorprendí por su tono amenazante, pero me sorprendió más el ejemplo que me puso. Mis dientes son verdes por falta de cepillo.

—Pero yo a mi manera también hago ejercicio—, balbuceé con las cejas arqueadas (en realidad sólo tengo una ceja larga, pero intento haceros llegar mi gesto).

—No me toques los cojones —me dijo, retirándome la mano de sus partes bajas—, o te quitas o te quito, que para eso soy más fuerte que tú.

—¿Te crees más fuerte que yo?— pregunté con poca convicción.

—¡Soy más y mejor que tú en todo!— exclamó con soberbia. Bueno, con Marta.

—Lo dudo— respondí con cautela. Y comenzó el combate verbal:

—Soy más guapo que tú.                   /   —Y yo más feo que tú.

—Soy más alto que tú.                        /   —Y yo más bajo que tú.

—Me follo a más tías.                         /    —Y yo a menos.

—¿A qué tías te follas tú?— preguntó Marto. Digo, Marta De Repente (tenía unos apellidos muy graciosos; vale que no me los dijo, pero esta historia me la invento como quiero).

—Es un decir…

—¿Eres más bocazas que yo? —le pregunté.

Él dudó.

Luego, me amagó un hostiazo, pero me di la vuelta a tiempo, es decir, hice el pino. Caminando sobre los brazos, doblé una esquina. He de reconocer que estaba dura de cojones, porque era de cemento pero, al verme hacerlo, la cara del gorila cambió de expresión y entonces se hizo caquita. Empezó a oler fatal y aproveché la confusión para ponerme de pie, quitarme un abdominal y atizarle con él en la cabeza. Marta se había alejado tapándose la nariz con arcadas primero y luego con los dedos.

Como vi que el gorila se estaba poniendo amarillo, saqué fuerzas de flaqueza, o sea, de mis dos bíceps y lo sostuve mientras Marta se daba un bote y se caía. Entonces se acercó el monitor, un tipo con cara de duro, porque se parecía mucho al rey y preguntó:

—¿Qué pasa aquí, Pablo?

—No me llamo Pablo, chico —respondí.

—Contigo no hablo, no eres nada, eres un cerdo a la izquierda, eres invisible, aire, transparente.

—Joder, pues para no ser nada mira que gastas saliva conmigo —observé con diplomacia mientras me limpiaba un perdigonazo. Él me quiso empujar y se precipitó al suelo. Eso le pasó por empujar al aire (menudo imbécil).


Y esta es la nueva odisea que me pasó en el gimnasio. No os contaré el final porque no me quiero extender, pero os aseguro que ya no me relajo ni siquiera haciendo press de banca.



Un hijo es lo que más importa

¿Lo habéis oído alguna vez? Es una de las frases más vacías que conozco. Queda bien, es un título, por tu hijo matas y todo lo demás. Que queda bien, que sí, repito. Vale. Queda bien para ti. Si tú te lo crees quizá sea suficiente. Yo no me lo creo, pero tú harás como que sí porque hasta te has tatuado su nombre. Te sentirás a gusto con ello porque esa sentencia te hará más padre/madre. Y es gratis.

Hace unos días culminó la última cumbre sobre el cambio climático en París. Por primera vez se ha llegado a un acuerdo global en base al cual, a partir de ¡2020! bla bla. Pues sí, es que a este paso en cien años el planeta boom. ¿Pero a ti qué más te da? Tú ya no estarás aquí, sólo tus hijos, ésos que tanto te importan. Vale, las pasarán putas, pero ya serán mayorcitos, ¿verdad?

¿Y qué es eso de que matarías por ellos? Lo tienes mucho más fácil: edúcalos. Fíjate, tienes tiempo.

No lo harás. O sí. Les dirás todo aquello que te dicen por la tele un día al año. Hoy es el día de la mujer trabajadora: ese día hay que luchar por la mujer trabajadora. Hoy es el día del lacito naranja: te lo pondrás.

¿Cuidas a tu hijo?, ¿en serio?, ¿de qué manera?, ¿diciendo que matas por él?

Pues no sé, no sé…

Yo veo que tu hijo sólo quiere ropa de marca, y se la das. Y si quiere un perro se lo compras (hasta que os vais de vacaciones y lo abandonáis en una carretera). Yo veo que lo atiborras de comida asquerosa. Yo veo que tu hijo hace botellón tres días a la semana, yo veo que te levanta la mano. También veo que desconoce la libertad, porque se cree que la libertad sólo representa un derecho y nunca un deber. Veo que en navidades enciendes las luces de la calle en noviembre. Veo que si tira un papel al suelo le dices que eso no se hace y sigues caminando como si nada. Veo que le hablas de una tolerancia y una solidaridad que ni tú mism@ conoces. Veo que no os comunicáis. Y también veo que tiene cinco actividades extraescolares para que sea un magnífico Beethoven, un estupendo Cristiano Ronaldo, y un excelente lord inglés. Veo que tiene el móvil más moderno del mercado. Veo que llama puta a otra niña. Pero… que nadie te pueda decir que no haces nada por él, ¿qué sabrá la gente, verdad? Tiene un padre y una madre (si tiene suerte) que hacen todo por el chiquillo, luego es la sociedad quien lo despista.

Si tu hijo te importase de verdad no te ducharías media hora seguida ni le darías de comer más de lo que necesita, ni pondrías la calefacción con las ventanas abiertas. Ni dejarías que tirase esa bolsa de plástico al mar, ni le comprarías un animal como si fuera un peluche que no necesita pilas.

Quizá lo que tu hijo necesite es dar un paseo por el bosque con sus papis, que le enseñen los distintos tipos de árboles, los ríos, el mar, que charlen con él y que le corrijan. Ya, es incómodo, lo sé, hay que sacrificar ese partido de fútbol del lunes, del martes, del miércoles, del jueves, del sábado o del domingo. Queda libre el viernes, pero es que el chaval tiene natación o ajedrez. Cachis.

Y es que no estás dispuesto (tampoco te interesa, no nos engañemos) a que tu hijo sea el rarete de su generación. Si se aleja de la “personalidad” del resto (la que venden en TV) será la oveja negra del rebaño, le escupirán.

Pero hay hijos que destacan, que tienen refuerzos positivos, que saben donde pisan (¿ves cómo hay alternativa?). Yo te conozco. En el fondo piensas:

—Qué suerte han tenido con él.


Porque la culpa nunca es tuya.



sábado, 19 de diciembre de 2015

Jornada de reflexión

Como todos vosotros tenéis ya claro vuestro voto y no pretendo erigirme en gurú, algo para lo que no serviría, dejo colgado un vídeo que acabo de ver en la prensa que nada tiene que ver con el paripé de mañana, ése que algunos llaman democracia y que sólo es un gesto de voluntad, una mínima parte de la democracia real.

Normalmente todos esos vídeos que circulan por la red intentan sacar la lágrima fácil sesgando y vendiendo. No suelo caer en la trampa, porque en la mayoría de casos lo que me presentan no se corresponde con lo que yo vivo día a día.


Esto, sí.


Lo he vivido en mi juventud y en el contacto que he tenido con los chicos de hoy en día que, curiosamente, y con todos los medios de los que dispone la sociedad actual, han agravado este problema con una gratuidad fuera de todo sentido.

Este vídeo es para reflexionar, yo el primero. Ya lo he hecho y dependerá de mí si ha sido un vídeo más, que es lo que suele pasar a la mayoría de los que conozco, o una reflexión que me sirva para algo. Yo lo tengo claro.

A los que sois padres sólo deciros que la educación no es que los niños sepan sumar y restar, hacer ecuaciones o tener la mejor voz en un concurso de la tele. La educación es una de las empresas más difíciles de la vida, algo en lo que todos aquellos intelectuales que nos dirigen han suspendido. Cuando cagáis un hijo en este retrete llamado mundo, tenéis un papel fundamental que muchas veces se os pasa por alto u os da pereza: limpiarlos. 

A ellos y a ellas.






Y por cierto, el problema no sólo es que llamen puta a tu hija, sino que tu hijo se lo llame a cualquier otra niña, porque en cuestión de títulos, tu hija sólo es más importante para ti, y sólo podrás cuidarla defendiendo y preservando la educación y los valores de su entorno. Aunque no esté de moda.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Fairy

Friego los platos todos los días, porque si no lo hiciera comería sobre sucio. A ver, no sobre sucio, sino sobre restos de comida de otros momentos, que la comida no es sucia. Claro que se puede corromper, eso sí.  Pues por eso friego, coño, que siempre estoy dando explicaciones.

No me fijo en los anuncios de la tele, pero esta tarde estaba planchando, cosa que hago para no llevar la ropa como los ojos cuando sonrío, y he visto un anuncio de Fairy, que decía que ese jabón es la hostia para bajillas. Mi madre lo usaba y, aunque no era baja para su edad, todo parece indicar que le iba bien. Yo lo he comprado alguna vez y tengo que decir que CUALQUIER OTRO de los que he utilizado, aun de menor tamaño, me ha dado mejor resultado. Así que normalmente compro el de Lidl, uno que se llama W5 que es menos aguado y me dura muchíiiiisimo más. Pero lo que importa en este blog femenino es su precio, y chica, es maravilloso.

El comentario anterior puede quedar machista y sin embargo no lo es. Todos sabemos que los hombres friegan los cacharros tanto o más que las mujeres, pero también es cierto que un hombre no es completo si no se pasa hablando 24 horas al día de furgol. Este comentario puede quedar feminista y sin embargo no lo es. Todos sabemos que los hombres también pueden hablar de coches y motores, incluso de política. Total, que no hablan de lavavajillas.

Ambos sexos tenemos grandes coincidencias también en algunos temas de conversación, porque ¿quién no habla del tiempo?  El otro día por ejemplo me escondí en el techo de un descensor (que es como un ascensor pero éste descendía) y escuché una conversación de este tipo.

—Parece que no viene el frío.

—Bueno, aquí le llamáis frío a cualquier cosa.

—No, yo a esto le llamo botón (y el descensor se paró).

Luego oí succiones y gemidos, porque ése es otro de los lenguajes universales entre hombre y mujer cuando salta la chispa. Si se vuelven a encontrar hay un silencio inquebrantable y quizá algún silbido y una mirada al techo. Pero eso me lo sé, por eso la segunda vez que me escondí fue bajo la cama del descensor.

Como éste es un blog femenino y voy a hablar con vosotras dos del tiempo, os diré que hacía tiempo que no publicaba tamaña tontería. O sí, la anterior entrada y la anterior y la anterior.

¿Y qué?

No me leáis. Punto.

---------------------------------------


Un grupo irlandés de mis tiempos (ya que hablamos del tiempo y ya que estos no son mis tiempos, sino que son una puta mierda), al que admiraba y me acompañó durante mis juergas, hablaba de los problemas que tuvo el Fairy en Nueva York. Aquí os dejo la canción. Es una lástima que apenas queden grupos así, pero siempre nos quedarán Andy y Lucas.




martes, 8 de diciembre de 2015

Grandes estudios de la humanidad

Ha salido la noticia de que una estudiante norteamericana ha realizado un estudio (lo raro es que no estuviese de fiesta), según el cual, si a alguien le dices que es guapo te gratifica con una sonrisa bastante más cara que tu piropo gratuito.

Vamos, viene a ser algo parecido a que si yo me cuelgo una cámara y le doy una colleja a la gente por la calle, su reacción sería, si es más débil que yo, asustarse, si es como yo protestar y si es más fuerte que yo intentar meterme un hostiazo. Creo que lo mismo pasaría si lo hiciese sin cámara, pero eso ya no lo sé.

Y es que estos yanquis son la leche. No sólo se preguntan si en España hay papel higiénico y televisión, sino que sitúan a ese país debajo de México, aún después de haber acudido a los Snfrmines. Sí, frmines.  Por eso, hoy en día muchos de ellos, los que más inquietudes tienen, se sorprenden al comprobar que un halago produce una emoción, lo llaman “estudio” y lo cuelgan en la red donde ¡mundialmente! se hace viral.

La manera de hacerlo que tiene esta estudiante se basa en el sentimiento de plástico, vamos, el que está de moda. La premisa principal es acudir a todos los feos que se encuentra. No todos son feos, claro, los hay también horribles. La cagó un poco porque hay un negro con pecas (os lo garantizo) que está muy bueno.

Y lo sabe.

El caso es que ve a un feo, se aproxima a él y le dice que es guapo. Así, sin anestesia. La tía ve una verruga, cien espinillas, unos dientes retorcidos  y allá va: al ataque.

Desde mi punto de vista no es muy fiable, porque en los cómics, los personajes cuando piensan tienen una nube en la parte superior, donde aparece una leyenda que nos descifra ese pensamiento. En este caso, no. No sabemos qué les hace reír a los feos. Unos se lo tomarán a broma, otros corresponderán a una amabilidad de cartón piedra con una amabilidad sincera. Los blancos se pondrán rosas y los chinos naranjas. Los negros, supongo que pálidos o… bueno, ¿es que acaso hay negros tímidos?

El más común de los mortales es feo. Uno de cada diez mil puede pasar, pero no nos engañemos, hasta ésos se echan pinturas, cremitas, y disimulan sus imperfecciones. Y un altísimo porcentaje querría cambiar alguna parte de su físico. 

Yo soy feo, aunque se me pone una cara graciosa cuando chupo calcetines sudados. Sin embargo, he tenido la suerte de conocer a alguna persona suelta que algún día me toleró. Vale que luego huyó, pero ése es otro tema.

La belleza real en una mujer me produce una especie de rechazo inconsciente, porque ya ni me planteo que me toque la lotería, pero cuando te metes en el alma de una persona, eres capaz de comprobar que ese moco que a veces asoma por su nariz y se pega a sus pelos conformando una masa indescriptible, es una parte simpática de su descuidado desparpajo. El atractivo, llamadme raro, me atrae más que la belleza. Creo que Rosy de Palma, por poner un ejemplo, esconde belleza. ¿No os lo creéis? ¡Y tanto que la esconde!


Pero de todas maneras, las cosas como son, y como os he leído a muchos tantas y tantas veces, y seguro que tenéis razón: lo que importa es el interior, el amor es ciego y bla. Por eso nunca entenderé por qué sonreís si os engañan llamándoos guapos.



domingo, 6 de diciembre de 2015

¿Cómo así?

—¿Aló?

—Hola, buenas tardes.

—Buena tarde, ¿qué se lofrese?

—A ver, llamaba para darle la lectura de mi contador.

—Ueno pusiustéstanamable, dispensunmoento. ¿Cómoes su nombre, papasito?

—¿Perdón?... Ah, no, es Sibemol.

—(Voses de fondo)

—(Más voses de fondo)

—Disculpelapera, Wenseslao ¿me desía?

—Grrrr, le decía que quería darle la lectura de mi contador, lo he intentado el lunes y al parecer tenían problemas con el ordenador, y…

—¿Que el díalunes qué me dise?, ¿qué dise de la pesé?

—Nada, nada, ¿me toma nota?

—Dispense lisensiado, ¿nota de qué?, ¿quéselofrese?

—Bueno, vamos a ver, ¿le puedo dar la lectura de mi contador?

—Disculpunmomento, señol Wenseslao, ¿no se la ha tomado mi compañera desde su selular?, ¿no lo ha apuntado en el computadol?

—No, su compañera me ha tomado el pelo, es lo único que me ha tomado.

—¿Cómo así?

—¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿………………………??????????

—¿Señol?

—Una pregunta, si no le importa.

—Dígame, señol, siustétanamable.

—¿Me está atendiendo desde mi provincia? Es que le noto un deje raro.

—¿Raro, señol?, ¿cómo así?, ¿lo dise de onda?

—A ver, pretendía ser diplomático y me quedé sólo en cónsul, pero la pregunta REAL es si me están atendiendo desde España o desde otro país.

—Varauté, señol, nuehtro réhimen intelno nos prohíbe proporsionale esol dato.

—¿Me puede pasar con una persona española?

—No. Pendejo weón.

Click.

------------------------------------

El último ejemplo de una conversación parecida me ocurrió estos días con una operadora de Endesa. ¿Qué viene a ser Endesa? Dicen que una empresa española (aunque un 70% de ella está en manos italianas hoy en día). Es como Unión Fenosa, que es madrileña y gallega pero que me lee el contador y me roba desde Barcelona).

La gente de la radio y de la televisión está muy pendiente de las acciones en bolsa de estas empresas y de las telefónicas y al parecer, si suben sus acciones, nos tenemos que alegrar.
¿Alegrar por qué? Me pregunto yo, estúpido como soy. Engorda mi factura, no me descuenta sus fallos y me corta si me retraso en el pago. Además, hoy lo sabemos mejor que nunca: están llenas de políticos nauseabundos (ya por el hecho de entrar en ellas y, en algunos casos, obviando ese hecho).

Cuando una empresa de éstas me ataca a cualquier hora del día para conseguir un cliente, al otro lado del teléfono suena una voz sensual tras la cual hay una mujer hermosa que huele a flores, aunque yo no lo sé, porque sólo escucho su voz empalmante. Te explica todo lo que deseas hasta el milímetro y te agradece tu atención. Es capaz de volverte a llamar, te lo promete. Tú te sientes un diosecillo, descubres que hay sol tras las nubes y te apetece soñar.

Si picas, la has cagado, porque a partir de entonces, lo que consideras una mujer maravillosa se convierte en una gorda llena de granos, maleducada, que habla rápido y que te tienes que esforzar en comprenderla. 

Pues bien, para no levantar suspicacias, no voy a hablar de ningún país en concreto. Me inventaré uno donde hablan español: Amerilandia.

Resulta que en Spain el paro sobrepasa el 20%, lo que eleva la cantidad de parados a una cifra entre los cuatro y los cinco millones de personas que no curran. Resulta que nos venden que somos del primer mundo y otros blablás que hay gente que se cree. Otros países hispanohablantes menos soberbios como Perú, Colombia y Chile tienen, respectivamente, un 6,5% , un 9,9% y un 6,2% de desempleo.

Y empresas españolas contratan a personal de este otro país que es Amerilandia porque les resulta más barato. Nosotros, que pertenecemos al primer mundo, tenemos dificultades para llegar a fin de mes, pero seguimos en el paro y pagamos la electricidad y el gas a precio de oro. Y nos tenemos que alegrar de que las acciones de estas empresas dirigidas por hijos de su madre suban en bolsa.

¡Anda y que os den!

Menos mal que en algunos sitios, al contratar los servicios de empresas de nuestra tierra, tenemos el filtro del idioma y eso está de puta madre, porque a ver si en Amerilandia les dan clases de gallego. Se jodan el resto, ya no me cambio.


domingo, 29 de noviembre de 2015

Coraz-a-ón

Te conocí cuando la aguja pequeña se posaba en un nueve, cuando la pleamar sobó mis tobillos y tu mirada acarició mi alma.

La arena se empapaba de océano mientras recibía nuestras pisadas. El agua borraba sus huellas en el momento en que el sol era engullido por el horizonte y, furioso, enrojecía.

La luna emergió en tus ojos y brilló sobre esmeralda. Y tu aliento pronunciaba mi nombre con el hermoso perfume del alba.

Hasta entonces siempre me había preguntado qué era eso que algunos llamaban amor. Lo descubrí abrasándome en la hoguera de tu cuerpo, sudando tús y descubriendo yos en la más sublime de las conquistas.

Nos desnudamos y nos anudamos. Te hice un siete mientras me hacías hombre.  Me hiciste siete creyéndote mujer.

Y por primera vez susurré. Y por segunda, y por tercera.

Y murmuré desde entonces tu nombre, esas cinco letras que abrieron mi coraza y la convirtieron en corazón.

Yo no he inventado la vida, ni el cuchillo ni la traición. Ni las malas artes ni el desamor.

Sólo sé que del colmo al vacío se muda un suspiro, y de la seguridad al interrogante en el quiebro de un semblante.

Y llegaron las cuestiones, hasta entonces escondidas. Y llegué a cuestionar mi vida, pero no era mi momento, porque la pleamar sobaba mis tobillos y tú sólo fuiste un sueño.


Ahora sólo me pregunto si me puedo cagar en tu puta madre.



sábado, 21 de noviembre de 2015

Y aquí está

Tras la segunda guerra mundial, en 1948, se creó el Estado de Israel. Allí se asentó una población muy numerosa para acoger a los judíos que llegaban de Europa y las ciudades comenzaron a crecer de manera vertiginosa.

La ciudad de Brasilia fue creada en 1956 y pasó a ser la capital de Brasil.

Sí, se construyeron y se ampliaron ciudades partiendo de cero. Hay otros ejemplos como Islamabad y otras.

---------------------------------

Hoy en día, asistimos a un flujo de inmigración que un continente superpoblado como Europa no puede digerir, aunque haya voces que así lo afirmen, porque ser bueno es lo que mejor vende.

¿Y por qué Europa no puede digerir a tanta población? Entre otras cosas, porque no existen las condiciones idóneas para acoger a tal cantidad de personas. Todo ello hace que se levanten vallas, que se laven manos, que se pasen la patata caliente unos a otros y que la sociedad europea se divida entre buenos y malos. Pero eso ya entra en los terrenos de la política y la demagogia, de un lado y del otro.

Los problemas reales son el desempleo, el choque de culturas, costumbres y religiones, y problemas logísticos y económicos de todo tipo, incluyendo, cómo no, la sanidad. Y es que la vieja Europa no está preparada para una contingencia de esas dimensiones ya que, sin ir más lejos, miles de personas mueren en las listas de espera de hospitales europeos, el desempleo es un drama para millones de familias que no pueden ejercer el derecho (y el deber, y la dignidad) de trabajar. Y otros muchos problemas que no venden más que para ganar votos.

Pero entonces, ¿qué pasa con esa gente que está sufriendo? Digo la que sufre, no la que se aprovecha, ¿la seguimos dejando sufrir? ¿La metemos en tiendas de campaña al lado de una valla, aterida de frío? He aquí el problema de verdad, y es ahí donde hay que actuar.

Mientras los países occidentales blablean escurriendo el bulto hay verdaderas tragedias humanas. No necesito que me lo vendan como un drama, extrayendo lo que desean para sacarme una lágrima, no necesito que la cámara vaya a buscar el morbo. No hay morbo, hay tragedia.

Mi idea es tan simple como costosa, tan difícil como posible. Y lo peor: tan llena de peros…

Mi idea es la siguiente: Buscar un territorio en una zona despoblada y crear, por consenso de la ONU, una ciudad para los refugiados, algo parecido a lo que se hizo en su día con Liberia y los esclavos afroamericanos.

Es simple, se le puede ocurrir a cualquiera.

Es costosa, el traslado de cientos de miles de personas acarrea gastos. También la manutención y el tema logístico en general. Además habría que buscar recursos naturales para abastecer de agua a la población, bien plantas desalinizadoras, bien cualquier otro recurso, para eso existen las ideas, los proyectos y la investigación. De los primeros campamentos se pasaría poco a poco a la construcción de lo más básico: viviendas, hospitales, escuelas. Mano de obra no faltaría. Además, un gasto importante a sumar sería el de cascos azules para tener perfectamente controlada el área. 

Es difícil, porque a ver quién es el valiente que pone de acuerdo a los integrantes de la ONU, cuando ya en una reunión de vecinos saltan chispas. Considero que el jefe del mundo, que además ostenta un Nobel de la Paz, podría dar el primer paso, apoyado en otros mandatarios amigos y el Papa, por ejemplo.

Es posible, no solamente porque se ha hecho en otras ocasiones y en diferentes puntos del mundo, sino porque lo único que requiere es el dinero y la voluntad. Estoy hasta los cojones del gasto en investigación para llegar a otros planetas mientras nosotros nos pudrimos. También estoy harto de la investigación para hacer un coche más cómodo o para sacar el videojuego más real. La realidad es otra. Y duele, sobre todo a quien la sufre. Si hay dinero para construir cárceles, si lo hay para crear enormes estadios de fútbol o para celebrar unas olimpiadas, si se riegan campos de golf en lugares con escasez de agua, entonces también lo ha de haber para crear un área para aquéllos que lo pasan mal.

Está llena de peros, de hecho no va a llegar a ser más que otra ida de olla de una mierda de blog que leen entre dos y tres personas. Pero tú y tú: imaginaos que los de Mountain View se hacen eco, le dan bola y se lo trasladan a… no sé… ¿Obama? Ya estarían los rojos y los azules dándose de hostias por ver quién es más amigo del jefe del mundo, parloteando sobre las consecuencias que traería (mientras se van a su casita a darse una ducha y engordar más sus cuerpos y sus papadas). Algunos estarían ladrando que por qué los apartamos, que quiénes somos nosotros para decidir el destino de las personas, que… y que… y bla y bla. Y mientras, ellos se mueren de frío y se juegan la vida para encontrar una vida.

Por lo general, en este mundo tan moderno (y empleándose como se emplea el concepto “moderno” siempre para lo positivo), se tiende a mirar el corto plazo. Pues bien, llevar a cabo mi idea no supone que de un día para otro se cree una megaciudad, claro que no. Estas cosas llevan años. Se trata de tener un área con infraestructuras para el REFUGIO de las víctimas de los conflictos. Personas que volverían a sus lugares de origen una vez terminase el problema. Allí podrían acudir todos aquellos que quieran aportar su granito de arena “in situ”, nada de mensajitos de “qué bueno soy”.

Otro pero sería dónde ubicarlo, pero… ¿por qué habría de ser uno solo? Se podrían crear varios refugios-ciudades en el mundo, en lugares poco habitados, sin peligro para los que llegan. Mongolia, Sahara Occidental… no sé.

En fin, que a veces las simplezas toman cuerpo. Salvo cuando no interesan.


Pero qué bonito sería.




lunes, 16 de noviembre de 2015

El preámbulo de otra gilipollez

Como soy consciente de que no sé hacer que un espíritu mueva un vaso a través de mi cuerpo (otros tampoco, pero nos lo venden de puta madre) y como reconozco que el uso de mi persona va en mi contra, y como asumo que mi manera de pensar no es válida para los parámetros que hay en este Estado, como me sé un antilíder, gurú o guía espiritual, no pierdo la esperanza de que, como siempre que publico una entrada, entre nuestros amigos de Mountain View (esos que buscan si soy una amenaza para el mundo y que saben que no lo soy) exista una mente despejada que pueda darle bola a mi idea en su país. ¿Os imagináis yéndole con el cuento al jefe del mundo?

Ya sabéis que sólo publico gilipolleces. Entre ellas publiqué en el año 2013 una que era la hostia, que todos mis seguidores (menos una) me aplaudieron y que quedó donde tenía que quedar: en el aire de las nadas.

Debería tener tirón para decir un día: “desde hoy, el día 16 de noviembre, todos los que estén a favor de la igualdad, se tienen que dar un cabezazo al salir de su casa contra una señal de prohibido”. Pero no tengo tanto tirón como el que se inventó que mola ponerse en calzoncillos en el metro de todas las grandes ciudades del planeta. ¿Por qué en grandes ciudades? Básicamente por tres razones. La primera, porque si lo haces en mi pueblo, los vecinos te fostian. Lo segundo, porque en mi pueblo no hay metro. Lo tercero, porque no tengo pueblo, vivo en una pequeña ciudad.

Pero es que tengo la solución menos traumática para los refugiados y para los países de acogida. Y ahí está la idea.

Es cara, claro, pero si se quisiera, se podría. Se han hecho, por diferentes motivos en Israel y en Brasil, por poner dos ejemplos. Ya os contaré. De momento, a ti y a ti, os haré estar expectantes.






PD- Aún estoy tocado por el suceso del viernes, es curioso lo que me ha jodido emocionalmente. No necesito ni llorar, ni símbolos, ni grandes frases, ni plásticos. Me ha tocado y punto. Intento que todo sea tan normal como siempre. Sólo terrorífico, sin hipérboles puntuales.


sábado, 14 de noviembre de 2015

NO a la Edad Media

Aunque muchos, desde dentro y desde fuera, la podáis justificar y comprender.

Yo, no.



jueves, 12 de noviembre de 2015

Regla


La siguiente entrada está basada en la canción que la acompaña. Sé que probablemente no os gustará, pero proviene de un grupo de los años setenta que me encanta, La Banda Trapera del Río, que se adelantó a sus tiempos y tocó temas comprometidos para aquel momento. Rock de barrio, rock de Cornellá.


Manuela era una adolescente que jugaba con sus amigas en el parque durante la segunda mitad de los años setenta. Los chicos la miraban. No era guapa, era una chica de barrio, descuidada, cuya ropa estaba en consonancia con sus gentes. Ella odiaba el uniforme del colegio, aquellas horribles faldas escocesas que se colgaban desde los hombros. Y es que no sabía, a aquellas alturas, que aquel atuendo era lo más lujoso que poseía.

Teófila, la madre de Manuela, fregaba escaleras. Había emigrado desde Extremadura a Cornellá. Su vida había sido dura como el callo de un agricultor. No había podido estudiar porque trabajaba desde niña y apenas pudo leer su primer y único contrato en el que estampó una X. Luego, trabajó en negro, porque ni le renovaron ni le ofrecieron más oportunidades. Pasó por los trabajos más desagradables. Tuvo que limpiar culos de personas que la miraban por encima del hombro cuando asistía en Barcelona a cualquier burgués que la trataba como ciudadana de segunda, como una simple charnega. Vivía en casa con su hija desde que su marido había salido a por tabaco, hacía ya siete años.

Pero su hija…

Su hija sería alguien, para eso ella se esforzaba en que la niña estudiase.

Casi todos los domingos, si su horario se lo permitía, Teófila asistía a misa. Allí rezaba ante todos los santos y ante Dios, cuyo hijo la observaba mientras su carne se abría en sangre. ÉL sí que había sufrido por todos nosotros. Amén.

Manuela conoció la existencia de la regla cuando vio, desde el gallinero del cine, tras colarse con permiso del hombre de la taquilla, la película Carrie. Aquel personaje, como ella, no había sabido, hasta aquel momento, que su cuerpo iba a eliminar sangre una vez al mes de manera natural.

Un día, Manuela se acercó a Teófila a la hora de la cena y, bajo una lámpara de cuatro bombillas, le confesó que le había venido la regla. Teófila se puso blanca, pero no se le notó, porque sólo una de las bombillas les alumbraba. Luego, se santiguó repetidamente.

—Hija mía, ya eres mujer —le dijo. Y sentenció—: Prohibido salir de casa.

La vida de Manuela de repente se volvió negra. De casa a la escuela, de la escuela a casa, nada de parque, nada de amigas, los hombres son malos.

Pero a la escuela ya había llegado la droga. Y en la escuela pública se mezclaban ya niños y niñas. Y, como tantas otras muchachas, Manuela encontró allí su válvula de escape. Conoció a Jorge García, un mal estudiante, también de Cornellá, también hijo de inmigrantes, también charnego.

Manuela empezó a fumar y la madre la hostió el primer día en que lo notó olfateando su aliento. La obligó a ir a misa el domingo siguiente. Allí la hostiarían con menos violencia.

Pero Teófila se pasaba el día trabajando de casa en casa, y Manuela dejó de ir a clase. Su madre era mala —se decía—, sólo la castigaba, le prohibía salir y le obligaba a estudiar. Y de vez en cuando le metía algún sopapo. Por su educación, claro, claro. ¿No quieres que salga de casa? No saldré.

E invitó a Jorge García a su casa. A su habitación.

Manuela llegó a odiar a su madre, y aunque la convivencia se hacía difícil, ese odio estaba bien guarecido. Pero algo en su interior clamaba venganza. Por eso, un día, bajo aquella triste lámpara, Manuela sonrió, miró a su madre desafiante y le gritó:

—¡Estoy desvirgada!

Teófila la miró como si no la conociera, y con ojos implorantes, llenos de lágrimas, exclamó:

—¡No, no, no, no, no, que te puedes quedar embarazada!

----------------------------------------------------

Hoy en día, Manuela comparte piso con Jorge García, él es repartidor de cervezas y ya se sabe que el que parte y reparte se queda con la mejor parte, por eso Manuela no aguanta su aliento. Ni su cara. Ni su mala educación. Ella, que le ayudó a salir de las drogas, no se merece sus desplantes, ni sus insultos ni sus... cambiemos de tema, él en el fondo me quiere.

La Merce es su hija, podría parecer su hermana si Manuela no tuviera esa cara de vieja prematura. La parió a la edad de dieciséis años.

Teófila sigue rezando, ahora por su nieta. Nota en su hija la carga de la culpa. Pero ella no la culpa de nada. La culpa es de la vida, de la puta vida que tan mal se ha portado con su familia. O quizá sea del gobierno, eso dicen todos. Tal vez, mientras tantos ciudadanos vivían en la pobreza, en negro, sin recursos, buscándose la vida, aquel señor Pujol podría estar robando… qué se yo… ¡un millón de pesetas! Tal vez… Y tal vez entre los de ahí arriba lo sepan o lo hayan sabido, porque todos se cubren.

Manuela siguió yendo al cine. Recordaba la película Rebeldes, aquellas peleas entre los niños bien y los greasers, se acordaba de esa frase que decía algo así como: “aunque unos vivamos mejor que otros, todos vemos ponerse el mismo sol”. Bah, no era así, pero ése era el mensaje. Parecía mentira que una sentencia así saliese de la mente de una escritora de dieciséis años, pero claro, seguro que en su vida nunca había existido un Jorge García.


Y seguro, ¡por éstas!, que no veían ponerse el mismo sol.