jueves, 19 de marzo de 2015

Historias de la TV - II

Estos periolistos me ponen cada vez más la carne de gallináceo. Resulta que ahora los grados bajo cero se llaman grados negativos. No sé quién cojones lo ha puesto de moda, pero todo lo que cambia a lo que le precede parece ser un síntoma de modernismo mal entendido. Que nada, que ahora todo dios habla de grados negativos. Pero claro, todo empezó con el buen tiempo y el mal tiempo.

Vamos a ver, si buen tiempo significa sol y todos los días hace buen tiempo, lógicamente llegarán las sequías. ¿Sigue entonces siendo bueno el tiempo? Pues no, pero vamos, que es mi opinión. Por otra parte, si el tiempo es bueno porque permite ir a la playa, para alguien que no pueda ir (pongamos que por trabajo), ¿es también buen tiempo? Cuando llueve se dice que llega el mal tiempo… ¿Y ESO? A partir de ahí, como la lluvia y el frío es mal tiempo, los grados son negativos (pobrecillos, que no tienen la culpa de nada). A mí me dan tanta pena que lluevo.

Otra de las modernidades que engullimos, y lo que es peor, que algunos repiten, es: un padre y su hija han sufrido un accidente. ¡Coño!, ¿y por qué un padre? No será mejor decir: “un hombre y su hija”? Porque ese padre también puede ser hijo, sobrino, primo, hermano, cuñado, esposo, carpintero, gordito, pelirrojo, alto, etcétera. Pues no, no. ¡Un padre y su hija!

Pero rizando el rizo ayer, en los informativos de telecirco del mediodía, una noticia me llamó poderosísimamente la atención… quizá lo hagan por eso. Veréis, mi sentido del humor poco tiene que ver con el vuestro, pero si no me llego a encender seguramente estallaría en carcajadas. Un subtítulo rezaba:

“Dos jóvenes y un camarero se caen en las frías aguas del Támesis”.

No contentos con el titular, el tipo que presenta esas noticias, David Cantero, lo repitió como si no hubiese leído antes la noticia. ¿Qué tiene que ver la profesión de uno de los tres que se han caído al río?, ¿los otros dos jóvenes no eran camareros?, ¿qué eran? ¿El camarero era joven?, ¿le gustaba jugar al fútbol?, ¿tenía novia o novio?, ¿trabajaba en un bar o en un restaurante?, ¿llevaba uniforme? Joder, en vez de informar te están creando dudas ¡que no tenías! Bueno, finalmente enchufaron una foto del camarero (aunque a estas alturas vete tú a saber) y era un chico de unos veinte años. O sea, no era joven, sólo era camarero.


Pero bueno, al final siempre lo “arreglan” éstos de telecirco. Ya no dan paso a la sección de deportes, porque sólo hablan de furgol. Ya no dan paso al furgol porque sólo hablan del Madrid y del Barcelona. No, ahora dan paso a Sara. Luego, búscate tú la vida para saber quién es Sara (que ya lo sabemos, claro, si vemos telecirco, ¿cómo no vamos a saber quién es Sara?) Total, que tendré que cambiar de informativos de nuevo.




lunes, 16 de marzo de 2015

Un brandy, sivuplé

Para no perder mi sana costumbre de colgar canciones, hoy le toca el turno a Brandi Carlile. Aunque el rock de hoy en día ya suena a repetido, todavía soy capaz de encontrar pequeñas joyas que se suman a mi vasta colección. Ésta en concreto es del año 2007.

En el mundo del dinero en que vivimos, donde sólo una marca milimétricamente arrojada al mercado de la basura se ofrece de forma machacona a los oídos aborregados de las masas que la jalean, aún se puede lograr, buceando un poquito entre el cieno, algún resto de oro. Sé que los que vais a la moda estáis acostumbrados a escuchar letras hermosas y vacías de cantantes que, con gorgoritos hispanos y modulaciones estudiadas, son capaces de narrar una tragedia con una hipócrita sonrisa de falsos dientes blanqueados.

Esto es otra cosa. Es rock (suave), guitarra, bajo, batería y (¡oh, por Dios!), SENTIMIENTO.

En esta repugnante y actual regresión al pasado más rancio, donde Camilo Sesto, Django y José Luis Perales son sustituidos por andys y lucas y bisbales y rosas de españa, y donde los grandes genios británicos de los ochenta son reemplazados por raperos y reggaetones que pregonan sus bondades de machito, me reconcilia comprobar que entre la gente que viene detrás aún existe el amor a la música por encima del amor al dinero.

Gracias, artistas.

Brandi Carlile-The story (La historia-traducción libre)

Todas las arrugas de mi cara
te cuentan mi historia
muchas historias sobre mi ser
y cómo he llegado a ser la que soy
Pero esas historias no significan nada
cuando no tienes a quién contárselas

Es verdad, estoy hecha para ti

Escalé entre las cimas de las montañas
Crucé nadando el océano azul
Crucé todas las líneas y rompí todas las reglas
Cariño, lo hice todo por ti
Porque incluso cuando estaba deshecha
Me hiciste sentir la más afortunada
Todavía eres capaz de hacerlo, estoy hecha para ti

Puedes contemplar la sonrisa de mi boca
Esconde las palabras que se quedan
Hasta mis amigos de siempre
desconocen mi confusión
realmente ellos no me conocen
por todo lo que hemos pasado tú y yo

Estoy hecha para ti

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All of these lines across my face
Tell you the story of who I am
So many stories of where I've been
And how I goto to where I am
But these stories don't mean anything
When you've got no one to tell them to
It's true... I was made for you

I climbed across the mountain tops
Swam all across the ocean blue
But baby I broke them all for you
Because even when I was flat broke
You made me feel like a million bucks
You do
I was made for you

You see the smile that's on my mouth
It's hiding the words that don't come out
And all of my friends who think that I'm blessed
They don't know my head is a mess
No, they don't know who I really am
And they don't know what
I've been through like you do

And I was made for you...





jueves, 12 de marzo de 2015

Canción urgente al aire

Hace unos años escribía bastantes entradas sobre mi tierra. Sabía que podía ser pesado, pero también sabía que no era obligatorio leerme. Si este espacio fuese escrito por distintas personas de diferentes lugares, seguramente sería menos tedioso. Pero lo dicho y lo obvio: ni es obligatorio leerme ni lo es comentarme (aunque en esta nueva etapa y debido a la falta de tiempo para contestar, he deshabilitado la función de comentarios).

Hoy cuelgo una canción de un grupo ya manido por estos lares. En los años setenta hacían su música, que, salvo en algunos temas puntuales, no era más que un acompañamiento a su mensaje. Aquellas personas creían que todo cambiaría, igual que hoy en día se piensa y se seguirá pensando siempre. La esperanza es lo que queda (dicen a los desesperados). El tiempo demostró que efectivamente, las cosas cambiaron, pero no sé por qué, algo me dice que el cambio no era precisamente el que esperaban.

Y es que las cosas no cambian por sí mismas.

Este canto a la emigración se forjó en aquellos años en los que mi Galicia, tras décadas desangrándose de población, se sumía en una pobreza que no por ser mayor o menor de la acostumbrada era menos trágica. Otros territorios que compartían con mi tierra a unos dirigentes ajenos y centralistas, se frotaban las manos mientras se repartían injustamente las riquezas. El Mediterráneo se hizo fuerte y nuestro rincón más esquinado. 

Hoy en día, aquella sangría tan significativa en mi tierra se ha extendido a otras poblaciones y la gente se lleva las manos a la cabeza. En nuestros cráneos, ya agachados, agotados y ultrajados, sólo cabe la resignación. Una sumisión pasiva, lo que por aquí se llama "velas vir" y por ahí "verlas venir". 


Brazos prá seitura/ Brazos para la siega (Fuxan os Ventos)


El viento de la emigración arrasó nuestra tierra

Los viejos se quejan, los niños gritan

Hace años, cincuenta; hoy no hay ni veinte

Llega el mes de la siega, ¿quién segará?

Quince en Suiza, doce en ultramar,

Tres en el sur de Francia, ¿quién segará?

De los veinte que quedan, diez trabajan

Siete de ellos son niños, ¿quién segará?

Tres viejos que esperan a que llegue la muerte

Con el cuerpo retorcido, ¿quién segará?

Hombres y mujeres: hay que sembrar

Nuestra verdad, y luchar por ella.

Cerremos las puertas, que no huyan más

Pues si se van todos ¿quién segará?






domingo, 8 de marzo de 2015

Los eternos carnavales de los intérpretes de la RAE

En la calle donde curro, todos los días se sienta una señora en la acera, salvo cuando llueve. Se cubre de harapos, incluso a veces lleva una manta. Exageraría si os contase que pesa doscientos kilos, porque en realidad no creo que pase de los ciento treinta.

La pobre señora se pasa allí la mañana, aburrida, pronunciando la misma frase: “Buenos días, una limosna, por favor”, con un acento de alguna república europea y una estudiada expresión de fingido dolor.

Yo las he pasado putas estos años, pero he logrado salir adelante. He tenido más suerte que otras personas que circulan por esta calle. Gente a la que no solamente le han arrancado su trabajo, sino que a algunos de ellos ni siquiera les dan  una mierda de pensión (por justicia moral), ya que estas víctimas (las de verdad) no tienen la culpa de las florituras que realizan quienes administran nuestra vida de manera corrupta.

Y algunos de ellos viven bajo la amenaza de un desahucio. Gentes a las que han robado hasta su dignidad. Ancianas retorcidas, porque su columna ya no aguanta el envite del viento nordés. Hombres con las muescas todavía más profundas, con las huellas desgraciadas de su alma cinceladas en sus rostros. Jóvenes que tienen que huir como lo hacían sus padres, sus abuelos y sus bisabuelos, acrecentando con su marcha la edad media de una población envejecida que permanece en mi tierra, porque ya no tienen mecha para comenzar una nueva vida.

Cuando algunos transeúntes se acercan a la mendiga de la acera, se creen buena gente, y seguro que lo son ante Dios, y ante los que actúan como ellos. Y se creen tan buenos porque comparten, aunque sea, unos céntimos con una señora de ciento treinta kilos que, al parecer, pasa hambre.

Está muy de moda (desde que —¡cómo no!— han realizado un estudio en EEUU) decir que las personas que piden limosna por la calle pasan inadvertidas para los viandantes. Como nunca he estado muy relacionado con las modas, yo sí me fijo en estas personas. Lo he hecho siempre (es que soy muy bueno, soy la “persona humana” “más mejor” del “mundo mundial”, y “amigo de mis amigos”, y blablablá). 

Lo que sí es cierto es que muchas veces he tenido que utilizar pegamento para volver a unir mi corazón, que no deja de ser el fragmento más sensible de mi mente.

He observado con atención (en los breves intervalos de mis descansos fumadores) los movimientos de la mendiga de la acera de mi calle. En el espacio de un cigarrillo, alguna vez, debido al fuerte tintineo de algunas monedas, sé que caen de las gordas, de las de euro o dos euros. Una tras otra. Y he visto algún billete en alguna ocasión. Bueno, no me extraña. Hay estudios que revelan que la media de limosnas puede pasar de los cien euros/día. Al menos ahora ya sé por qué el vaso de plástico de la mendiga siempre se encuentra vacío. Cuando los ricos de la calle donde trabajo le muestran su solidaridad, la pobre lo vacía con la velocidad de Juan Tamariz, y se guarda el dinero entre sus prendas.

El otro día se acercó a ella una mujer muy entrada en años, de aspecto miserable, apoyada en una muleta. Extrajo su cartera y le echó unas monedas de poco peso, a tenor del sonido (que es muy distinto al sonido de un tenor… joder, siempre tengo que dejar mi firma :-(, grrr).  Con diferentes equilibrios, sacó además una barra de pan de una bolsa y se la ofreció a la pobre.

Mi horario laboral, si es que existe, concluyó y salí. La pobre charlaba alegremente a través de su móvil, retirada en una calle adyacente,  en un idioma extraño, antes de que pasaran a recogerla con una furgoneta.  Tiene derecho a hablar por un móvil, ¿no? Es la típica pregunta que te hace quien te prejuzga pero está en contra de los prejuicios.

La respuesta está clara: Sí, claro, tiene derecho a hablar por el móvil y a gastarse sus decenas de euros diarios en una máquina tragaperras. ¿He dicho yo que no? Y tiene derecho a dárselo a su jefe de la mafia, y tiene derecho a reírse a carcajadas, como la he visto. Todo el mundo debería tener esos derechos. Pero el derecho a reírse a carcajadas les ha sido vetado a personas que tiemblan cuando ven amanecer, poco antes de salir a la calle y repartir unos céntimos de solidaridad a gentuza que se aprovecha de ellos.

Sí, la mendiga tiene derecho, al menos tanto derecho como el pobre que la sustituye en la calle los días que la señora de ciento treinta kilos falta a su trabajo. La semana pasada el pobre se tuvo que enfrentar a una rica que le dio una limosna y él le pidió además que le comprase una cajetilla de tabaco en el quiosco. Por la furia de los gritos de la rica, llegó incluso a parecer una intolerante.

Pero como los carnavales ya llegaron a la RAE hace años, las palabras se disfrazan de eufemismos políticamente correctos, y lo que yo siempre pensé que eran pobres, ahora resulta que son ricos, los que pasan hambre pueden pesar ciento treinta kilos y la alegría está reservada para la etiqueta que nos cuelgan los buenistas, pues si no entramos por su aro seremos insolidarios e intolerantes.

Mientras permitamos que se siga llamando noche al día, no nos podremos extrañar de que los políticos sigan diciendo “gracias al esfuerzo de la población, estamos saliendo de la crisis”, en vez de decir “no les quedan más cojones que pagar o los echamos de sus casas”.


Puta mierda.



lunes, 2 de marzo de 2015

La marca España

Disfrazad lo que queráis, que la realidad siempre supera vuestra ficción.





Vídeo de la vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos, jugando con la tablet. Tras ella, una mujer dale que te pego con su móvil. Ante ella, un tipo mirando su móvil y hablando por teléfono. A su derecha dos tipos descojonándose de risa, y al fondo dos más de cháchara. Ante todos ellos, el presidente español en el debate sobre el estado de la nación.

Continuad exigiendo esfuerzos. Me seguís dando asco.