viernes, 24 de abril de 2015

Otra historia de gimnasio

Siempre se me ha dicho que soy un bicho raro. Sí, nada de persona.

Bicho.

Cuando voy al gimnasio (lugar al que acudo básicamente para fortalecer mis dedos, algo indispensable para competir a los dardos), también debo de parecerles un bicho raro.

Ya de paso que estoy allí, para no fatigar demasiado el pulgar y el índice, también practico algo con el corazón (hablo, lógicamente del dedo que sirve para mostrarlo a alguien que te cae mal y para usarlo con alguien que te cae muy bien), el anular y el meñique.

Por cierto, para cultivaros un poco no sólo os dejaré leer mis abonos sino que os explicaré (a quienes no lo sepáis), que este gesto
                                                           
lo usaban los arqueros ingleses a los que, para que no pudieran lanzar sus flechas, les cortaban el dedo índice. Como señal de que sí podían, no sólo enseñaban el dedo corazón como sustituto del otro y cierto recochineo, sino que además lanzaban flechas (…….) Esto encabronó a alguno que decidió cortarles la mano entera y además darles una colleja, por listos.

Menos mal que no me creéis.

Pero sí, alguien soltó en algún documental esta teoría que va y toma la Wikipedia, la tira al suelo, la patea como si fuera un Sibemol y nos habla de que equivale a un pene rodeado de testículos ya desde los griegos. Los de antes, claro, los de ahora no son griegos, son pobres.

Pofale.

Digo… pofalo.

Y es que estamos rodeados de desinformación por todas partes, por eso me da tanto miedo que la política se meta en la historia. Hay mucho erudito (y no lo digo como insulto, aunque la palabra se las trae) que nos vende su moto, como si hubiera vivido con ella. Y, salvo que mucho me equivoque, en la mayoría de los siglos no había motos…

A mí me tocó estudiar algo de historia (la Armada Invencible, el Pepe Botella y esas cosas), pero… ¿quién me demuestra que fueron los elementos los que terminaron con tantas naves bajo el mar?, ¿quién me puede asegurar que Adán y Eva se cubrían con una hoja de parra?, ¿tenía Adán dedo corazón?, ¿lo tenía Eva, aparte de una costilla y barro?, ¿podía ser atractiva toda sucia? ¿se comieron el corazón de la manzana?, ¿era Golden o Reineta? No, no, no. Quiero foto, no palabras.

Hummmm... ¿quién les haría las fotos?

Pero no cambiéis de tema.

Imaginaos si la historia actual la cuenta por ejemplo Pedrojota o el Gran Wyoming. Pues ahí están, dale que te pego cada día transformando algo que podemos contemplar con nuestros ojos.

Y sin embargo, muchos son capaces de defender y votar aquello que no sólo va en contra de sus principios, sino de su vida ¡y de sus ojos! Se les podría cortar el dedo índice con el que se ayudan para sujetar la papeleta, pero siempre te podrían enseñar el que les queda libre.

Ya lo hacen cuando gana su partido, sea el que sea, porque ya lo dice la propia palabra: partido.

PD- Os juro a ti y a ti que iba a hablar de mi gimnasio. Se me ha ido la olla.

¡Qué raro!