sábado, 30 de mayo de 2015

Todo el mundo ama a Isabel

Sin duda, uno de los intérpretes que más me han gustado a lo largo de mi vida es el chulo de Loquillo. Como me pasa con la mayoría de los grupos, lo que más me gusta de ellos es la autenticidad, y ésta se da, sobre todo, en sus inicios. Luego van limando por aquí o por allá y acaban siendo algo que nada tiene que ver con sus orígenes. 

No obstante, a lo largo de la extensa carrera de Loquillo, se han creado temas que ya forman parte de la historia de mi vida. ¿A quién no ha acompañado el "Cadillac solitario" o "El rompeolas" o el "La mataré"?

-¡A mí!

-Tú te callas.

O la "Canción de amor", que hoy sería tan atacada como lo fue la mencionada "La mataré". O "Supersónica". O "Enamorado de la dependienta de la tienda de patatas fritas". O "El ritmo del garaje". O tantas y tantas otras...

...o esta misma.

¡Grande Loquillo!

Todo el mundo ama a Isabel-(Loquillo y Trogloditas)

Todo el mundo quiere oler sus medias
Todo el mundo le invita a lo que tiene
Puede ser un desespero
Por amor o por dinero
Nunca serás el primero
Todo el mundo ama a Isabel

Se ha puesto a veces muy cerca
La navaja de afeitar
No creo que se decida
Le gusta mucho la vida
Eso es algo que no olvida
Hoy saldrá una noche más

No la compadezcas nunca
No se vaya a enterar
Pues su risa quebradiza
Vale más que una paliza
Entra en tu orgullo y te atiza
Y te sientes un mamón

Me ha besado su saliva
Y luego me ha hecho pagar
Me he sentido algo ficticio
"Pa" poder pagarse el vicio
Se ha buscado este oficio
Aunque sea a su pesar

Me he despertado tarde
Y ella había marchado ya
Se lo había llevado todo
Me he quedado como un bobo
La papela, todo el costo
y mi "American Express"

Me he sentado en la cocina
Y he empezado a beber
Y entre confusión y prisas
Me ha surgido una gran risa
Era bella su sonrisa
Todo el mundo ama a Isabel



domingo, 17 de mayo de 2015

Paseando por el lado salvaje

Se me acerca una sonrisa.

—Oiga usted, sí, usted, el hombre guapo.

Miro hacia atrás, alguien me debe seguir de cerca. La sonrisa se abre más y se dirige directamente a mis ojos.

—¿Me puede decir su nombre?

—Sí.

(Instantes llenos de nada)

—¿Y bien? —me pregunta.

—Sí, correctamente —respondo con educación.

—¿Cómo se llama?

—Espera que le pregunto. —Me giro y me encuentro con una preciosidad de pelo moreno y tez pálida. Me dirijo a ella—: ¿Cómo te llamas?

—¿A ti qué carallo te importa? —me pregunta… o me responde, nunca lo sabré porque se va  furiosa, tamborileando el suelo con sus tacones.

La sonrisa de mi interlocutor, el chico ése de Manos Unidas, se descompone. Me propone lo siguiente:

—¿Comenzamos de nuevo?

—¿A qué? —inquiero, sorprendido.

—A nada :-(

—Abur, entonces.

Sigo caminando. El sol quema mi cuello. Yo no sé si debo empezar a utilizar camisas, como me dice la gente seria (bueno, se toman la seriedad como una etiqueta inherente a la formalidad; en realidad, para serio ya llego yo).

Otra sonrisa viene a por mí. Como diría Mafalda: sonamos.

—Buenos días, caballero —me saluda el de Médicos sin Fronteras. Y lo hace de la peor manera (bueno, no, podría hacerlo en singular, que está de moda dar el buen día).

—No soy caballero, soy mozo de cuadra.

Continúo mi periplo. Por fin se me acerca alguien que no sonríe.

—Tengo costo a buen precio.

—Yo sólo tengo gasto, lo lamento.

Se va el tipo, jorobado como un camello. Iba a decir fastidiado con jota, pero quedaría más jodido.

—¡Holaaaaaaa! —me dice Loli, abriendo una sonrisa enlatada. Ella no me recuerda, yo sí. Un día le hice confesarme que cobraba de la ONG para la que me pedía dinero.

—Adié.

Me meto entre calles. En el centro todo dios quiere algo de mí, y yo, que no valgo nada, sé que es por el interés. Si no fuera por su provecho, muchos de ellos me escupirían. Bien es cierto que luego escupirían sus dientes.

Por esta calle no puedo pasar, entre dos filas de manteros han dejado el espacio justo para que una hilera de paseantes camine a duras penas entre bolsos piratas. La perpendicular pertenece a las prostitutas; la paralela está reservada para los mendigos y la adyacente a las terrazas. A este tipo de terrazas acuden personas de ésas que hablan con la a, se comentan negocios turbios para captar clientes y acumular indecentes dividendos, se putea entre broma y broma, y se mendiga el sexo.

No existe la sociedad de clases, sino las clases de sociedad. Y todo es lo mismo: una gran mierda. Yo hace años que me he bajado, pero creo que en realidad algún día, entre varios, me tiraron.

Ahora que no me busquen.





viernes, 1 de mayo de 2015

Extrapolando

Estos días hemos tenido la oportunidad de ver, en los desinformativos, a una gran señora de color marrón dándole unas hostias a su hijo de dieciséis años, también de color marrón. El tema viene porque unos tipos de color rosa se ensañan muy a menudo con otros de color marrón en Estados Unidos.

Pero no nos perdamos entre colores, que luego caéis en el daltonismo. Vayamos al punto “g” de la entrada, que es lo que siempre pretendo. Y este punto es la extrapolación a un Estado donde me ha tocado vivir.

¿Qué pasaría si estas escenas ocurriesen en España? Pues que distintos colectivos tendrían la oportunidad clara de denunciar a la madre por pegarle a un menor, con el agravante de paternidad. Estoy seguro de que lo harían. La señora en cuestión podría ingresar en prisión por darle, con poco acierto, unas mínimas galletas a su hijo. Y es que la intención de la madre era fostiarlo en la boca. De nada serviría que fuese por su bien, quizá por salvarlo de las manos rosas, de las porras negras, de las pistolas eléctricas o de las armas de fuego.

Y es que en estos diecisiete aquís, llamados comunidades autónomas, se le ha vuelto a dar la vuelta a la tortilla. Eso sí, oh, cómo no: resulta que por haber sucedido en el alter ego de las democracias, en el paradigma de la modernidad, en el país medida de todas las cosas, aquí se admira lo que ha hecho esta señora, porque no se apellida Pérez, sino, probablemente, Smith.

Fariseos.

Esta señora marrón lo que ha hecho es luchar por su cachorro —obviemos las demás circunstancias, porque sólo son de forma—. Porque lo quiere, porque quiere lo mejor para él. Ésos no son malos tratos, son los mejores tratos del mundo: la educación y la protección.

No estoy a favor de la violencia en ningún caso (bueno, esto es mentira, la comprendo como defensa).

Otra cosa es abusar de la autoridad, y por eso existe un término que se llama EQUILIBRIO.

Aquí”s” ya hace mucho que se han roto los diferentes equilibrios con tanta discriminación positiva y con tanta paridad, porque el equilibrio válido, el mejor, el indiscutible, es el que surge de la propia naturaleza, no el que deciden, basados en sus propias circunstancias, unas personas con corbatas, perfumes, barrigas y papadas.


La diferencia entre una hostia a tiempo y un abuso está muy clara. Lo que se han sacado de la manga, no.