jueves, 23 de julio de 2015

La memoria

Hace un par de meses quise colgar esta canción, pero no tuve tiempo. El ska es una de mis músicas de la adolescencia. Es cierto que la han contaminado con política, como todo, pero yo me quedo con los acordes vivos y alegres y, tan ajeno a músicas rítmicas como soy, considero el ska como una excepción.

Muchos amantes de estas melodías simplonas, incluso algunos intérpretes defienden que el ska nació en Jamaica, pero los mismos ritmos y compases ya sonaban en Centroeuropa muchas décadas atrás. Claro que eso no vende, porque no tiene la etiqueta “ska” (que sí vende), y vivimos en un mundo de etiquetas.

En Italia no sólo existen genios como Franco Battiato o cantantes prebisbalianos como Eros Ramazzotti. No sólo existen voces rasgadas como Gianna Nannini. También existen el rock y el ska y, desde mi punto de vista ignorantón y tabernero, ajeno a la cultura y al arte, los considero bastante buenos.

La particularidad de esta canción se basa en que, con una melodía alegre trata un tema serio, con una letra dura. La he intentado traducir ayudándome con las herramientas de Google, pero no sé cómo habrá resultado el experimento, así que si me lee algún italiano (mejor italiana) y me tiene que indicar alguna corrección, la asumiré con gusto y lo agradeceré.

Bueno, a vosotros dos que me leéis, espero que os guste y ya os advierto que es muy raro que yo escuche música en los blogs, así que si no lo hacéis no os tiraré una piedra. ¡Hala!, a disfrutarlo, o a repudiarlo.

O a pasar página.


La memoria-(Senza Sicura)

Hablo como si fuera todavía un hombre, pero ya no lo soy

Hablo como si todavía estuviese vivo, pero ya no lo estoy

Son el polvo, son el dolor, no tengo más hijos, no tengo más amor

Ellos son el polvo y la historia mi viento

Me está robando de la tierra y del cielo que me llevará a algún lugar

En este tren tan antiguo como el silencio, como el dolor

Y escucho los gritos de odio lejano y una condena que no puedo descifrar

Apretando fuerte entre las manos la esperanza de no morir

Pero es así de simple y hay demasiado miedo y necesidad de respirar

Porque todo puede terminar, irse para no volver más

Y tú me hablas, pero no puedo escucharte más

Y tú me miras, pero no te puedo ver

No tengo más hijos, ahora con este dolor no tengo una mujer que me pueda esperar

Ya no tengo una tierra en la que crecer o a dónde ir, sólo soy un número a quemar

Me arrancas la vida, se perderá en el cielo con mi destino

Con mis sueños y con cada recuerdo, con mi rostro y con tu sonrisa

Pero que muera la carne entre la ira y el silencio no es importante, no es tan malo

Que queme los números grabados con fuego, la voluntad del fuego es mi vía para escapar

Pero lo que yo era, lo que yo vi, lo que perdí no puedo dejarlo con mis quemaduras

Quiero que viva este dolor infinito, quiero que viva en ti y nunca se termine

Sin tu memoria, quién soy, porque yo no soy nada sin ti

Hablo como si fuera todavía un hombre, pero ya no lo soy

Hablo como si todavía estuviese vivo, pero ya no lo estoy

Son el polvo, son el dolor, no tengo más hijos, no tengo más amor


Ellos son el polvo y la historia mi viento




martes, 21 de julio de 2015

Inteligencias sibilinas

La inteligencia no se mide por la memoria, por los conceptos aprendidos, o las citas ajenas repetidas, sino por la capacidad de razonar, de improvisar, de vivir.


Sibemol

----------------------------------------------------------------

Ring, ring.

—¿Sí?

—Hola, soy yo.

—El escalofoide anacrónico y versátil, según la teoría del gran Frost, no deja de ser un nucléolo prácticamente soslayado por la miscelaneidad de las contubernias armisticias y subyugantes, he dicho.

—Jo, cuánto sabes, eres mucho más inteligente que yo.

—Lo sé, pequeña, lo sé. Se debe a mi magnífica genética cerebral adquirida y a mis arduos trabajos en diferentes materias intelectuales, amén de los numerosos volúmenes de mi biblioteca y mis inquietudes innatas acompañadas siempre por Wagner (ya sabes que el resto de compositores son una bazofia). Si tú algún día decides pensar ten en cuenta que, como decía Francis Bacon, quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota y quien no osa pensar es un cobarde.

—¡Qué bien hablas! Además… ¡escribes muy bien!, se me mojan las bragas. Tengo tres.

—Ejem. Y… bien, es posible que la naturaleza me haya dotado de un sexapil sobre todo perceptible a través de mis palabras. En cuanto a ti, pequeña, existen unos productos antipipís.

—Me pones colorada.

—Tú a mí me pones… me pones… (silencio)

—¿Te pongo?

—If, o... no, no, claro que no, ejem. Disculpa por responderte en inglés y no seas chabacana, te lo suplico.

—¿Entonces qué te pongo?

—Me puedes calificar con un diez.

—Vale, vale, pero, ¿no eres un poquito soberbio?

—Ay, pequeña, ¡yo soberbio!, ¡qué desfachatez sin par!

—Perdona, te lo ruego.

—Tienes que utilizar mejor tu lengua y medir más lo que te atreves a decir.

—Mi lengua mide diez centímetros, ¿a ti cuánto te mide?

—(Silencio)                     Veo que no aprendes.

—Me refiero a estirada, ¿cuánto te mide?

—¿Ahora mismo?

—¿La estás estirando?

—A ver, a ver, ¿de qué estamos hablando?

—Pero vamos a ver, hombre, ¿tanto que sabes y no me respondes a una cuestión simple?, ¡que cuánto te mide la lengua!

—¡Yo qué sé!, ¿te crees que me paro a medir mi anatomía?, eso lo dejo para los necios. Lo que importa verdaderamente es el tamaño de la inteligencia.

—Pues ahí me das pal pelo.

—Lo sé, como dijo Ortega. Y también lo dijo Gasset. Eureka, como dijo Arquímedes. Córcholis, como dijo Mortadelo. Sopa, como dijo Mafalda. Por Belenos, como dijo Astérix.

—Eres un tipo coerente.

—Me lo has dicho sin h.

—Perdón, eres un tipo choerente.

—(Silencio)

—¿Por qué te quedas callado?

—Por nada, por nada…

—¿Qué haces?

—Que nada, que nada…

—Estoy empezando a dejar de admirarte.

—Es que, como dijo Aristóteles, el sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.

—¡Pero si te has quedado callado!

—Umpfff... Me voy, ¡me vooouououoy!

Clic.

------------------------------------------------

Dedicado a los que se hinchan como pompas de jabón. Cuando explotan se quedan en lo que eran.


miércoles, 8 de julio de 2015

Sensibilidades selectivas

Siempre me llamaron la atención esas personas que se curan en salud diciendo: “yo no soy racista… bueno, sólo con los gitanos”. Vamos a ver, señor, si usted es racista sólo con los gitanos, entonces usted es racista, no me venda su “bondad”.

Hace unos días colgué una entrada en la que hablaba de esos seres despreciables (a mi modo de ver) que se divierten con el sufrimiento ajeno. El caso es que no les tengo el más mínimo respeto. Los respetaría muchísimo más si viviesen dentro de la piel de un toro o de cualquier otro animal y les estuviesen clavando arpones. Es más, los defendería con mis palabras, porque no les desearía ese mal con el que ellos se divierten.

En realidad hay varios tipos de enfermos (si se me permite —o si no—. Para mí es una patología psíquica disfrutar con el dolor ajeno, pero es posible que esté equivocado). Por un lado, están los que disfrutan con cualquier clase de dolor (ajeno, en particular de los animales) o son capaces de justificarse. Por otro lado, los que disfrutan sólo con el dolor de los toros (y son todavía más capaces de justificarse).

Normalmente, estos seres humanos intentan llevarte a su terreno para intentar apartarte de lo que realmente se discute: el disfrute con el dolor ajeno. Y sacan siempre los mismos debates paralelos. Algo así como:

¿Yusté, come carne?

¿Yusté, no sabe que esto es un arte, una tradición y un emblema cultural, mirusté?

¿Yusté, no sabe acaso que el toro no sufre?, ¿que se siente protagonista?, ¿que es un animal noble?

¿Yacaso no vive el toro comunrey durante toda su vida?

¿Yusté, es de izquierdas?, ¿antiespañol?

Y mierdas por el estilo.

Esta gente (voy a ser correcto y llamarles gente; sé que tienen una sensibilidad especial ante lo que creen un insulto y es meramente una descripción), se sube en un pedestal y habla de éticas, sí, sí. ¿Por qué creo que mi ética es mayor que la suya?, son capaces de preguntarme.

Je, ya están cambiando de tema para llevarme a su terreno. Lo que yo crea o no crea es cosa mía, igual que mis pensamientos políticos que nada tienen que ver con la tortura, igual que si como carne. Ése es otro debate. Si quiere, señor, hablamos de solomillos y de entrecots. Pero en otro momento y en otro lugar, porque lo que se debate aquí es si el toro sufre. Y, de paso, si ese sufrimiento le causa a usted satisfacción. Me gustaría saber de paso, señor, si esos movimientos ambiguos que ejecutan sus ídolos también son capaces de confortarle, señor, porque de ser así, podríamos cambiar al animal por un potro de gimnasia. Y nos ahorraríamos sufrimientos.

Veo que usted se siente ofendido, señor, por mis palabras. Yo le pido perdón si le duelen tanto como treinta centímetros de arpón, varios pinchazos que lo desangran y un descabello que, con suerte, terminará a la primera con su vida. Ya le digo: con suerte, señor.


En fin, señor, no entraré en debates estériles y blableos vacíos. Usted sabe mi posición, yo conozco la suya. Yo no le respeto, déjeme usted en paz.



domingo, 5 de julio de 2015

Rompiendo almas

Hay expresiones tan duras y demoledoras que, si se analizan en algunos contextos, son capaces de producirte insomnio. Al menos, a mí, aunque me enfundo el traje de Sibemol y parece que no tengo sensibilidad. Pero lo cierto es que la tengo.

El ser humano, como especie, es lo más rastrero, sinvergüenza, zafio, canalla, mezquino y desalmado de todos los seres que habitan el planeta. De manera individual, no todos somos así.  Yo distingo entre tres categorías:

1-Una mayoría que, efectivamente, es así. Toreros, cazadores, domadores, gentuza repugnante que vive de las peleas de perros, gallos y espectáculos de animales (por llamarlos de alguna manera), como circos y zoológicos. Se les pueden sumar personas que tienen animales en casa. Por ejemplo, los gañanes que encierran entre barrotes a pajaritos, en peceras a peces, en jaulas a serpientes, reptiles, anfibios y arácnidos. Y todos aquellos que asisten a los espectáculos, incluso a través de la pantalla de televisión. También podemos sumar a los malnacidos que abandonan cientos de miles de animales cada año en las carreteras y en los montes. Hablamos de millones de personas sólo en esta circunscripción llamada España. Y es que el mercado de animales es legal.

2- a) Personas que nada tienen que ver con lo expuesto en el punto 1. Son aquéllas que inconscientemente no se inmutan, porque ni siquiera se paran a pensarlo. Consumen fútbol, viven del aire, no lo consideran un problema o tienen otras sensibilidades como ponerse ciego de cerveza.

b) Personas que conscientemente no colman su egoísmo comprando animales como complemento a sí mismos, personas a las que les da pena lo expuesto en el punto 1, gente que no sabe cómo luchar contra esto, que de alguna manera se lavan las manos, que piensan que lo tienen que solucionar los políticos.

c) Personas que se posicionan en contra del punto 1 claramente.

3-Por último, una minoría casi imperceptible de personas que ni siquiera comen carne porque conocen el maltrato que existe en los mataderos. Los hay que lo hacen como moda o etiqueta, como algún caso que conozco, y los que lo llevan a rajatabla.

Por eso pienso que el ser humano es ASQUEROSO.

Yo soy asqueroso, porque soy ser humano. Lógicamente, tengo mi parte de culpa. En mi favor (pequeño favor) diré que tengo cierta sensibilidad en todo lo que se refiere a los animales, porque me jode que para grabar Flipper (esa película del delfín azul y sonriente), se tuviera que utilizar a cinco delfines diferentes y que el delfín principal muriese de agotamiento. También me da escalofríos que para el gran éxito español “Blancanieves”, que no he tenido el “placer” de ver —ni lo tendré—se haya maltratado a un montón de novillos, algunos de los cuales se sacrificaron en la misma plaza. Me jode también que para rodar “el cerdito valiente” se tuviese que sacrificar a 48 cerditos que engordaban demasiado rápido; o que para grabar la película del gato Chatrán se tuvieran que utilizar 65 gatos porque iban muriendo durante el rodaje.

Y no soporto, de manera literal, las imágenes que ha subido Frank Cuesta a la red, dirigiéndose a Christian Gálvez (ese ser humano afable de sonrisa perenne). Lo he intentado, pero he llegado a la parte de la osa y su osezno y se me ha roto el alma, y no he podido seguir.

Para mí, que soy un don nadie y un mierda, Christian Gálvez, igual que Ramón García, o Finiquito de Córdoba, están en una página mental, junto a otros cientos de famosetes más, y ahí seguirá salvo que recule, pero lo dudo, hay dinero de por medio. Si no existiera negocio, los animales no sufrirían tanto.

Si tenéis valor, mirad este vídeo. Yo fui incapaz. Mi enhorabuena a Frank Cuesta, que se ha mojado.


AÑADIDO POST POST: A estos de telecirco se les ha escapado algo dentro de su corrección política de sus "doce meses, doce causas".