jueves, 27 de agosto de 2015

Refugio breve

A veces, cuando todo me asquea (y os puedo asegurar que me pasa en más ocasiones de las que puede parecer), me refugio en lo más hermoso de mi tierra.

Y me escapo a un mundo que ya no existe. Me sumerjo en los bosques, que todavía quedan; en la buena gente, que todavía existe; me sumerjo en las notas de aquí, en nuestras melodías, en nuestras corcheas. 

Me sumerjo mar adentro.




Luego, salgo a la superficie y respiro basura.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Patos, patas y las diversas formas de hijoputez

Resulta que entre las fiestas hispanas, famosas por maltratar a los animales, está la de un pueblecito catalán llamado Roses. Y resulta que es un sitio de veraneo donde van pijitos y pijitas con las uñas pintaditas y sus pendientitos de perlitas y su sensibilidad con las películas de amor, porque si hoy en día lloras resulta que eres sensible.

Y resulta que esas pijitas son tan sensibles que son capaces de agarrar a un pato por las patas y sacudirle a un tío que protesta contra el maltrato animal. Ésa es la sensibilidad de la gentuza de plástico, la zafia, la abominable, la que luego se ofende porque la describen. Y es que tienen una sensibilidad muy selectiva.

Se me ocurren muchísimas cosas que hacer con esta asquerosa, pero no las puedo exponer porque sería políticamente incorrecto. Diré entonces que me encantaría agarrarla por las patas y sacudirla contra un camión, a ver si le parece divertido a esta estúpida. Hay otras cosas que sí puedo decir, porque no son machistas: me encantaría sacudirle la cara al tontarro grasiento que la acompaña con una estúpida sonrisa. Lo malo de esto es que el sebón me podría denunciar y yo saldría perdiendo. ¿Sabéis por qué? Porque sacudirle a un tipo está penado, pero con un animal puedes hacer lo que te salga del nabo.

El ayuntamiento de este sitio de tan arraigada costumbre española de maltratar a los animales, se ha lavado las manos, no se pronuncia. ¿Significa esto acaso que tiene miedo a perder votos? Y si esto es así, se me ponen los pelos como escarpias, porque… ¿es que la mayoría de ese pueblo catalán está a favor de la tortura? Referendum YA.

Lo único que me alegra es que haya gente que se haya posicionado en contra de esta “¿fiesta?”. Les han llamado animalistas, joder con los que insultan. Les podrían llamar, por ejemplo… ¿personas civilizadas? Porque yo, por ejemplo, ni soy animalista ni ecologista, ni tengo perro, ni flauta, ni gafas, ni cara de despistado, ni soy nada. Y de civilizado poco debo de tener, porque ya os he dicho que castigaría a estos dos hijos de la gran puta. Tampoco llevo rastas ni uniforme, ni bandera. Simplemente no soporto el abuso de ningún tipo. Y mucho menos con seres inocentes: animales y niños.

Lo que sí se puede hacer es localizar a esta repugnante y expandir su maltrato por todos los países, porque se supone que es de fuera. Igual que hicieron con la noticia del cabronazo españolito que mató y desolló al león más “bonito” de Zimbabue. Y es que asesinar a un león es de valientes, porque tiene unas garras que te cagas y unos colmillos que te podrían matar. Otra cosa es acabar con él a cientos de metros, con mira telescópica y escondido tras un árbol, claro, pero quién va a juzgar eso.

Si se localiza a esta mierda de tía, espero que le pase factura.


Bueno, os dejo el vídeo de la pijita sensible de las uñas pintadas para que juzguéis por vosotros mismos, porque yo soy un borde y un extremista, y un fascista y un animalista. No te jode. 




martes, 11 de agosto de 2015

Guasa

En este mundo absurdo ha salido al mercado una aplicación de un juguetito que os ha colmado de sonrisas y de buen rollo. Se llama whatsapp. Es tal el éxito de esta aplicación que casi nadie levanta sus ojos de esa frase magnífica que adornará su vida por unos instantes hasta la siguiente frase que reciba. Luego tendrá la oportunidad de responderle: m gst q m dgs eso.

Tened cuidadito con este borde, porque yo en la acera no me separo cuando viene alguien que sólo se interesa a sí mismo y que le da igual el mundo que le rodea, pero es que a mí me enseñaron que las aceras y los caminos son “para caminar, para dirigirse a un sitio”, y ésa es mi pobre disculpa. Y hay unas normas básicas que la mayoría de las personas desconocen porque no les interesan. Hasta ahora, los tropezones con estos egoístas sólo me han ofrecido dos opciones: o me han pedido perdón o se ha montado una pequeña bronca que no ha ido a más que a decirme que soy un borde. Y es que claro, querer andar por la calle resulta que es de bordes. Si ya lo decía yo, deberé caminar por el bordillo (que es un poco menos borde) y dejarles toda la amplitud de la acera para que “whatsappeen” con tranquilidad.

Luego están los que lo hacen en el coche mientras conducen. El otro día casi me tira una tía de la moto. Pero el borde soy yo, claro, ella sólo whatsappeaba.

También están estos simpáticos funcionarios (¿tendré que aclarar que no todos?) que les jode que les recorten un tanto por ciento de su sueldo, pero que ellos recortan, whatsappeando, un tanto por ciento de su jornada laboral. Opino, como fascista que soy, enemigo de las libertades, que deberían prohibir a los niños en clase y a los funcionarios en su jornada laboral el uso del móvil. Y es que tengo la desgracia de trabajar en un sector donde trato con muchos de ellos. Para agilizar los trámites, los iluminados de las distintas administraciones se han gastado un pastizal en paneles para llamar al público.

¿Agilizar?

Me encuentro a muchos de ellos, sin cortarse ni un pelo, sonriéndole a su móvil de última generación (¿se siguen llamando móviles, celulares… selulares?), mientras la gente espera. Al público en general les importa una mierda, porque mientras esperan están tecleándose con un colega furtivo o hablando del tiempo. Pero como yo no soy público sino privado, pues me jode.

Ayer mismo, un matrimonio (joder, mis prejuicios y yo, no sé si eran matrimonio, pareja de hecho, amigos, compañeros o conocidos), bueno digamos que unos conocidos con dos hijas en común (que yo no sé si eran sus hijas, aunque a ella le llamaban mamá y al tipo papá, pero vaya usted a saber)… bueno, a lo mejor eran dos desconocidos con dos hijas en común, o cada hija era de un padre, o incluso de una madre; yo creo que eran dos divorciados de otras parejas que habían quedado en mantener una vida consensuada o quizá él era gay y ella un travesti y aquéllas no eran sus hijas sino dos actrices que ensayaban. Bueno, no me liéis, el fondo de la cuestión es otro. Os podéis hacer a la idea, como ejemplo, de que eran una pareja con dos hijas. Esperaban su turno en una administración, cada uno con su bicho de última generación mientras las niñas se subían con los pies a los asientos, gritaban y hacían todo aquello que un niño educado no debería hacer más que en los sitios habilitados para ello (pongamos parques, lugares de ocio, su puta casa), pero ya sé que soy un fascista enemigo de las libertades etcétera, etcétera. En un momento dado, las niñas desaparecieron y yo no me preocupé lo más mínimo (de preocuparme podría haber denunciado a sus padres, y todo dios se reiría de mí). El caso es que los padres o esos señores que al menos dos días en su vida lo pasaron en grande y ella se quedó palante, ni se percataron, y al cabo de unos veinte minutos apareció una funcionaria con las dos crías de la mano, refunfuñando (yo creo que le habían cortado sus momentos de whatsappeo) y se las entregó a esos señores más preocupados por sus móviles que por sus hijas. Luego les tocó el turno y finalmente salieron de allí con esas dos niñas, como si las conociesen.

Creo que, para ser un cuarentón, estoy muy chapado a la antigua. Recuerdo alguna velada romántica de “las de verdad”, con chispas en los ojos, con chispas en el coco, con chispas en la cama. Y no lo quiero olvidar. ¿Recordará su hermosa velada la parejita que me encontré el otro día en una mesa de dos, separados por una botella de vino… y por dós móviles que sólo dejaron para degustar su comida? Pues no lo sé, pero me parece que gastarse una pasta para estar cada uno atendiendo a su móvil, sonriendo y tecleando es una auténtica GILIPOLLEZ. Claro que, como decís los amigos de la libertad, que cada uno haga lo que le dé la gana. Ahí coincidimos: que hagan el gilipollas.


Pero hasta ahora sólo os he hablado de algunas cosillas que subjetivamente me molestan. Vamos a lo objetivo. ¿Os gusta que os agarren de un huevo o de un pezón y tiren de él hasta que duela de verdad? Creo que no, porque objetivamente a la gente no le gusta el dolor (el de verdad, no me meto en los teatros del BDSM). Es decir, no os gusta el dolor, ¿a que no? Pues joder, yo creo que un día le voy a tener que aplaudir la cara a alguien, porque con esto del whatsappeo, algunos han desarrollado una fuerza en los pulgares, que cuando me oprimen la mano me hacen daño, ¡y eso que yo ejercito los dedos en los campeonatos de dardos! Pero claro, me llevan ventaja, yo practico con la diana sólo una horita al día, ellos se pasan el puto día dale que te pego.


miércoles, 5 de agosto de 2015

Apertura de comentarios

Ya más relajado de trabajo, tendré tiempo de contestar.


Resultado de imagen de petrolero

Aunque no he colgado nada nuevo, pero bueno, siempre está ahí lo de atrás. Vamos, lo del culo.