viernes, 8 de enero de 2016

Despedida temporal

Bueno, chicos (fíjate, ahora que ya me comentaban dos chicos), me tomo un descanso de unos meses por temas de preparación profesional.

Echaré de menos vuestra compañía. Pero ya me pasaré a saludaros alguna vez por vuestras casas.

Os amo.

PD- Salvo a Antonio y a Elvis que, eso sí, los aprecio.

lunes, 4 de enero de 2016

Tembleque

Esto fue escrito el día 6 de enero de 2015. Perdonad por la caligrafía, me hallaba nervioso.



Anoche entraron varios tíos en mi casa. Tres tenían aspecto de camellos, y además había un negro, dos blancos y un tipo con peinado de sota de bastos. Mi primera reacción fue la típica de un cobarde, esconderme bajo la cama. Cuando me di un hostiazo con la parte de abajo recordé, de golpe, que duermo en una cama japonesa, pero el dolor hizo que me espabilase y pensase en esconderme en el armario. Pero… ¿y si alguien me descubría y tenía que salir del armario?

Lo descarté, soy un macho alfa. Un macho alfa cobarde, sí pero un macho alfa, tal vez un poco beta, o quizá vhs, el caso es que deseché esa opción. Vaaale, luego la retomé. Pero la volví a desechar, el armario estaba lleno de baldas y cajones y vale que mi cuerpo cabría en uno de ellos, pero mi cabeza ya es otro cantar, y no es que tenga la cabeza grande, no, es que está llena de pensamiento. Bueno, tal vez el médico no piense lo mismo. Recuerdo cuando acudí en su ayuda explicándole que me dolía la cabeza y se asustó antes de preguntarme: “¿TOOOODA?”

Algo llamó poderosamente mi atención y no fue precisamente que a esas horas de la noche el miniyó colgante estuviese mustio, no. Fue que aquellos tipos hablaban en bajito, que era un idioma que yo conocía muy bien.

—Te noto raro, Melchor —decía uno.

—Serán las gafas, Gaspar —respondía el otro.

—Nu inventar gafas toavía, nu, nu, nu —apuntaba un tercero, que tenía un gran lunar en la cara, antes de soltarle una colleja al tipo del peinado raro—: tú a trabahá, nene.

—Oiga, Baltasar, que no soy su esclavo, ¿eh?, una cosa es que cobre la mitad que los negros y otra que me trate a golpes —se quejó, mirando con cara de complicidad a los camellos. Éstos se observaron entre sí y, mientras se pasaban heroína, negaron con la cabeza. Luego, uno de ellos escupió:

—No me jorobes, tío. Menudo pringao. —En realidad no dijo jorobes, pero en este puto blog no se dicen tacos.

—Insisto —insistió Gaspar—, hay algo en ti que no me convence—. ¿Llevas barba postiza?, ¿por qué llevas ese gorro y no la corona?

Melchor carraspeó.

—Ejem, ejem, la corona no me tapa la coronilla. Tengo que ir al servicio, que me ha entrado un apretón de la hostia.

“Menudos Magos”, pensé. Y enseguida noté algo en mi garganta. Según oía los pasos de Melchor aproximándose advertí cómo mis testículos resbalaban con la saliva, me palpé las amígdalas y sentí un enorme dolor de huevos. Contuve un alarido y escuché el sonido de la orina sobre el trono. Pensé: “¡será guarro que ni levanta la tapa!” y me enfurecí durante al menos dos segundos. Luego, seguí acojonado.

De repente, todo mi cuerpo se paralizó al oír unos truenos muy ruidosos y una carcajada de satisfacción:

—Jojojoi

Entonces ya no pude más, reuní todo el valor que pude extraer del centímetro de vacío entre la cama y el suelo y le dije a Melchor:

—¡Te pillé, eres Santa!

—¿Qué Santa ni qué copón?, ¡soy un tío! —exclamó. Y luego susurró—: y entre tú y yo, de santo no tengo ni un pelo ;-)

—¿Empero, empero…? —balbuceé o balbucí. Pero lo hice.

—Ni pero ni hostias, soy Papá Noel, joder, ¿o qué te creías? Estos moros sólo te traen carbón, pero no del jodido carbón dulce ése que sólo hará que se te caigan los piños. ¡Carbón del que usa Baltasar para tiznarse!, que por cierto, se llama Emilio y es fontanero; en su familia le llaman Emiliño. Me he infiltrado para haceros felices a todos los niños y…

—¿Niñoooos? ¡Yo no soy un niño!, ¡soy todo un hombre!

—Hummm, eso no es lo que me escribió Carmencita en su carta, entre risas, todo hay que decirlo… —observó, observándome.

Yo le vi viéndole y noté cómo me ruborizaba y aumentaba mi temperatura. Él, para calmarme, extrajo algo de su manga. Concretamente un corte. Pero eso, lejos de calmarme, me enfureció todavía más. Él lo notó y dijo:

—Perdón, me equivoqué de manga—. De inmediato extrajo de su otra manga un paquetito. Yo sonreí con toda mi ilusión, lo abrí y me encontré una caja de Trankimazin. Entre soltarle un sopapo y tomarme una pastilla, opté por la última opción.

Me acabo de despertar.


Sí, tiemblo.



viernes, 1 de enero de 2016

Ahora sí: ¡FELIZ 2016!

Esta entrada de hoy podría estar escrita para quitar el hipo, pero está hecha para quitar el ano.

La mayoría de las personas nos enviamos deseos gratuitos en las fechas señaladas. Quizá algunos de ellos sean realmente meditados. Por ejemplo, yo a mi hermana le felicito el año y deseo que le vaya bien de verdad. Otros deseos pueden ser: “Feliz Año Nuevo (menos feliz que el mío a poder ser, pero esto me lo callo)”. Y otros tan vacíos como el otro día, que se me acercó un tipo en el vestuario del gimnasio y me dijo “¡Feliz Año!” y yo, del susto, le susurré “igualmente”, antes de gruñir. Y es que aunque no le deseo nada malo porque no lo conozco, mi vida no cambiará si mañana le atropella un camión o le pica una víbora. Total, se lo podía haber ahorrado que ni nunca hemos comido juntos ni me he acostado con su prima (si es que tiene prima y está buena, claro).

Mucha gente, con eso del optimismo barato de frasco, cree que el año que entra puede ser formidable. ¿Se engañan? No, en absoluto. Puede ser bueno. Pero…

…puede ser malo.

Aunque eso no se piensa tan a menudo.

En gran medida, en la mayor de las medidas posibles, el éxito de vuestro año tendrá una relación directa con vuestro esfuerzo. Aunque no esté de moda, si sois funcionarios regalar de vez en cuando una sonrisa os supone simplemente el esfuerzo de abrir las comisuras (cuesta menos que darle a un botón para cambiar de Sálvame a Gran Hermano). Si sois sindicalistas podéis dimitir todos uno por uno y después llamar fachas a los que os piden que dimitáis porque el obrero necesita protección (decís mientras se me ríe un pie). Si sois liberados sindicales (bueno, esto no lo digo porque sonaría demasiado fuerte). Si sois periodistas no estaría de más contar alguna verdad, evitar el sensacionalismo e intentar ser objetivo (joder, perdón, no os puedo pedir eso, os quedaríais sin trabajo. Al menos, limadlo).

Si sólo sois mierdas como yo, currantes de medio pelo o personas a las que tratan así, luchad sólo por lo vuestro, que no os engañen, todo dios hace lo mismo en esta basura de mundo. Si ayudáis, no es necesario publicitarlo, evitad las grandilocuencias, evitad ser loritos de repetición, pensad por vosotros mismos, pensad en vosotros mismos, sed egoístas (mucho ojo con esto, no significa que para saliros con la vuestra tengáis que joder a nadie). A todos (a mí el primero) se nos llena la boca con que lo que opinamos es lo mejor, y no tiene por qué ser así. Lo mejor y lo peor es lo que vemos día a día en nuestras calles, no lo que nos cuentan los salvadores del mundo, ésos que hablan de solidaridades, tolerancias y trabajadores y trabajadoras. Eso es pastel, y un día de éstos os lo demostraré.

Tened claro que os puede tocar la primitiva, pero es más probable que acertéis tres números. También podéis tener claro que os puede tocar la primitiva por el lado negativo, esto es, que os sucedan cosas terribles que les pasan a una de cada cien mil personas. Sé bien lo que digo. No penséis que eso siempre le pasa a los demás.

Sé que soy un capullo pero, como todos los capullos, estoy aferrado al suelo, así que paso a enumeraros varias de las cosas que, sin duda, desgraciadamente, sucederán este año nuevo que, aunque olvidemos nuestras experiencias, nunca cambia. Es posible que encontréis el amor, que viajéis y lo colguéis en Facebook o que tengáis hijos. Pero:

—Continuarán los casos de corrupción

—Miles de mujeres seguirán siendo maltratadas, unas decenas de ellas morirán

—Habrá nuevos atentados terroristas tremendamente grandes y probablemente muy cerca

—La gente tendrá que seguir emigrando para buscarse las habichuelas

—Decenas de miles de animales serán abandonados, torturados y desprotegidos

—Arderán decenas o cientos de miles de hectáreas de bosques

—Los problemas de contaminación no se atajarán

—Los bancos seguirán obteniendo pingües beneficios

—Se seguirá empleando el dinero sin orden de prioridad

—Los empleos, gobierne quien gobierne, seguirán siendo una PUTA MIERDA. Quizá éste sea el mayor engaño de estos cuatro guays de la casta que sí, que ya son cuatro.

—Uno de los cuatro guays (a saber), gobernará este sitio.


A ése, que ahora desconozco, sólo le digo: que tire la toalla, porque los que nos lo curramos, los que empleamos nuestro pequeño o gran esfuerzo, no os merecemos.



Ese señor importante/ que tiene que decidir/ es un cargo relevante/ no se puede prescindir/ esa imagen convincente/ que sale en televisión/ madera de presidente/ hombre serio.../ Manda más que los que mandan/ es toda una autoridad/ siempre sabe lo que dice/ siempre se sabe callar/ dice no ser millonario/ con gran deportividad/ suele vencer al contrario/ muy formal.../ ¡Que tire la toalla!/ Artesano de promesas/ hermético de pelar/ se las da de independiente/ no lo puede remediar/ tiene arrugas en la frente/ de querer ir más allá/ y nunca sabes cuándo besa/ de verdad.../ ¡Que tire la toalla!

Sé que todos vosotros sois conscientes de todo lo que he relatado. Sé, como me hizo saber un día una persona con su comentario, que no digo nada nuevo.

Así que… una vez más:

¡FELIZ 2016!

:-)

Por cortesía de Antonio: