miércoles, 29 de junio de 2016

Cagones

En los años ochenta, mi ciudad era bastante peligrosa, de las que más. No existían las bandas de cagones latinos con la gorra de medio lado que les pegan a los niños, pero era mucho más violenta de lo que es ahora, y los cagones eran blancos. Los chicos de los barrios se daban de hostias entre ellos y había puñaladas todos los fines de semana y también durante la semana. Yo perdí a algunos conocidos, tampoco demasiados, ahora mismo recuerdo a dos pero sé que hubo más. Los barrios más violentos se pusieron de moda y se rebautizaron y se comenzó a hablar un idioma que era una mezcla entre frases talegueras y acento gallego.

Algo así:





En realidad funcionaba como suelen funcionar estas cosas: yo soy más fuerte que tú y la tengo más grande. Además, no tengo nada que perder, porque mi vida es una mierda.

Pero esa realidad escondía los motivos típicos: nosotros somos más o creemos que somos más fuertes que vosotros. O tenemos estiletes y barras de hierro. De este modo, no era tan difícil considerarse héroe por meterle unas hostias o unas puñaladas a otros en inferioridad de fuerza o número, o sin armas.

Bien, el sida se cargó a toda la mafia que pululaba por aquí. Y, desgraciadamente, a otras personas que nada tenían que ver con esto.


Llegaron los noventa, sin aquellos yonkis, sin aquellas algaradas. Y se pusieron de moda las peñas violentas de fútbol.


Nosotros somos más fuertes y la tenemos más grande. Pues lo mismo. Venían los cagones de Madrid y como eran más, se liaban a hostias con los cagones de aquí. Eran los más machos.


Pero claro, luego llegaban los cagones ingleses a Madrid y los cagones madrileños se hacían caquita detrás de los policías.

Estos días atrás, a principios de ese circo llamado Eurocopa, los cagones ingleses, que eran los más machos que se conocían, se las tuvieron que ver en Francia con los cagones rusos, que eran los más fuertes y la tenían más grande. Los cagones ingleses corrían por las calles mientras los cagones rusos se creían héroes, básicamente porque se habían preparado para las peleas y estaban en superioridad de condiciones.

Los cagones turcos, a su vez, querían llegar a Francia armados de cuchillos para pasar por el cuchillo a los cagones españoles, pero la cosa se detuvo a tiempo. De llegar a pasar una catástrofe de ésas, el ridículo grito de “yo soy español, español, español” se habría quedado en un discreto silencio, como el chiste de la rana de la boca grande.

De todas maneras, unos cagones rusos se encontraron a unos cagones españoles que ponían pegatinas a las farolas en las que decían que en su ciudad esos cagones pateaban a otros cagones, y ellos mismos fueron pateados.

Y es que el mundo huele a caca.










lunes, 27 de junio de 2016

Un tema simple

En esos años ochenta en que la música se aprendía a golpe de ilusión y experimentación, muchísimos grupos hicieron sus pinitos. Entre mis favoritos estaban Hertzainak. Pero yo no lo sabía.

Años más tarde, aquello que me parecía demasiado suave me fue conquistando por su simpleza, y grupos como Hertzainak, Delirium Tremens o Zarama llenaron mi casa de notas.

Aunque estas bandas fuesen conocidas más bien a nivel local, mi afición por el rock euskaldun fue siempre muy superior a la que nos invadía con bastante éxito desde Madrid, quizá porque me llenaba el ambiente de las txosnas, y allí, entre caldos singulares conocí ese rock cutre que me llena de buenos recuerdos y que ha ido desapareciendo dejando paso al incombustible reggaetón que tantas ganas me da de potar.

A estas alturas ya sabéis que no podéis esperar de mí grandes temas, ésos ya los conocéis todos y alguna vez los cuelgo, así que me dejo llevar y cuelgo lo que me da la gana.





Zoratzen ari naizela - Hertzainak

Cuando le he contado al psicoanalista el amor que te profeso, me ha dicho que me estoy volviendo loco.
Porque la llama intensa de tus ojos ocres está abrasando mi corazón.
Me quieren hacer creer que me vuelvo loco porque no me satisface el aroma de la bata blanca del psicoanalista.
Será porque no es tuya, y porque lo que me fascina son los pétalos rojos de tus claveles y tus rosas.
El psicoanalista no para de decirme que me estoy volviendo loco.
Tras haber bebido tres zuritos y cuatro chupitos, tu voz suave me sigue pareciendo igual al murmullo cantarín de las aguas bajo el puente.
Nuestros labios se humedecieron bajo el puente.
Te quiero, te quiero, cuatro chupitos y tus labios húmedos.
El psicoanalista no para de decirme que me estoy volviendo loco.



jueves, 23 de junio de 2016

Traje y corbata

Hacía tiempo que no me ponía traje y corbata. Durante una etapa y por obligaciones laborales puntuales, acudía a ciertos lugares adonde ir con corbata o sin ella establecía la diferencia entre “uno más” y “el macarra”; o el abogado y el denunciado; o el ejecutivo y el peón.

Pero el traje y la corbata no van conmigo, por mucho que todo el mundo me diga que me ve favorecido, que parece mentira que no los use con mayor frecuencia, y alguna mujer me haya comentado que no sabía que había un hombre de verdad debajo de mi cuero y mi vaquero.

Pero yo no me veo. Es decir, si me miro, me veo, que no soy transparente, pero vamos, que no me encuentro. Me refiero a que si me busco me encuentro, siempre estoy cerca… a ver cómo lo explico… como que me parece que no me queda bien. Y el bebo tampoco, me violenta. Por eso ni como mucho, porque creo que no me queda bien, ni bebo más de lo estrictamente necesario para no desfallecer deshidratado. Y siempre agua, leche, zumo o Coca Cola.

Pero vamos a la ropa, que es verano en el Corte Inglés, aunque también lo es en el resto de comercios.

Cuando me visto con un traje, me da la sensación de que no soy un ejecutivo, sino un comercial. Esa ropa es tan ajena a mí como lo puede ser un chándal, y no porque no haga deporte, sino porque no me gustan los chándalses o como se diga. Es cierto que mis gestos varoniles acompañan al traje a la perfección y también lo es que si me pongo las Ray Ban de imitación con los cristales de espejo, puedo dar el pego. Pero qué queréis que os diga: que no, que me siento mejor cuando me subo a mis botas enfundado en mis tejanos que realmente no son de tejas -ya que pesarían demasiado-, sino de tela.

Vamos, que como dice todo dié, no me sé sacar partido, sólo entero. Cuando entro, entro y cuando salgo, salgo, nada de la tópica indecisión del gallego. Que sí, que me lo dice todo el mundo, o al menos los que me conocen, que no me sé sacar partido. Me he planteado ir al programa que hay antes de las noticias de Telecirco, uno en el que te llenan de colorines, todos lloran por lo triste que es la vida, intentan cambiar toda tu esencia y luego te dicen: lo más importante es que seas tú mismo.

Pero soy muy tímido. Las cámaras me causan temor. Cuando me van a hacer una foto me orino, y sólo tengo fotografías de algún descuido (en varias salí con el dedo en la nariz hasta la falange proximal). En las fotos de grupo siempre estoy en un extremo, detrás de la cabeza de alguien, y en la del DNI me dejé barba hipster (que es como una barba sin apellido, tal cual) y me puse unas gafas sin cristales, que son como unas gafas pero sin cristales.

Cuando llevo corbata, siempre voy al bufé de abogados, porque en el bufé de jardineros dan peores platos. No son de loza, son de cristal. Y como y bebo. Normalmente como, ya os he dicho. Normalmente, como ya os he dicho, bebo lo estrictamente necesario, esto es, un vaso de agua, pero no veáis el trabajo que cuesta digerirlo. El cristal muchas veces se queda atascado en la garganta.  Entonces, se me saltan lagrimones, pero los disimulo tras las Ray Ban.

De imitación. Eso sí.


Total, que el traje está bien visto pero mal dicho. En realidad se dice: él trajo.




martes, 14 de junio de 2016

Un reloj de oro

Un día, hace muchos años, alguien llamó a la puerta.

—Toc, toc, toc —dijo o hizo. Pero sonó.

—¿Quién es? —preguntó mamá.

—Soy el hambre.

Mamá abrió la puerta, le metió una buena hostia, cerró y se metió en su habitación. No sé qué hizo, pero cuando salió, bajo unos ojos tristes sacó a relucir una sonrisa que nos alumbró a los tres cachorros.

—Ahora vuelvo.

Nos dejó en casa de la vecina y tardó varias horas.

Volvió con unas bolsas cargadas de garbanzos, macarrones, arroz, espinacas, aceite y patatas. Y así lo hacía cada lunes. La leche y la fruta tampoco faltaban, eso nunca. Y durante años, cada día que comíamos en casa tocaba potaje.

Nosotros habíamos estado acostumbrados a vivir como reyes, pero las cosas se torcieron. Toda la gente de nuestro alrededor se separó. Lejos de pasar de nosotros, se convirtieron en hostiles, nos negaron el saludo, subastaban nuestras ropas y sonreían de medio lado.

¡Y era gente muy buena!, muchos de ellos acudían a misa y hace poco vi a una arpía asquerosa liderando una ONG a favor de quienes yo me sé. La ensalzaron en el periódico como si de una diosa se tratase. Me dio náuseas, porque no sólo yo tengo un pasado dudoso.

En aquellos años yo me sentía malo, inservible, raro (eso aún me acompaña, pero qué le vamos a hacer si es mi personaje en esta vida guay). Hace poco lo hablé con mis hermanos, muchísimos años después, y a ellos les pasó lo mismo, pero es extraño que nunca hubiésemos tocado el tema.

No toda la gente fue mala. Aborrezco los refranes y las frases hechas, pero la vida me ha demostrado que cuando vienen los malos tiempos es cuando descubres a la buena gente. Ellos forman parte de mis latidos y nunca podré agradecer lo que hicieron por nosotros de manera desinteresada.

También existieron los interesados. Mamá, por ser un lazo, no puede entrar en mis ideales de belleza, pero la mujer al parecer no estaba nada mal. Y muchos cerdos intentaron aprovecharse de la situación. Fueron marcados, porque ni a la inocencia se le saltan ciertas cosas.

Podría contar innumerables anécdotas de mi infancia, pero no lo haré.

Sólo sé que entre los objetos que malvendió mi madre había un reloj de oro que retengo eslabón por eslabón en mi memoria. Llevo años buscándolo y dudo que lo encuentre antes de que le llegue el finiquito. Creo que a ella le haría ilusión, y creo que a mí me devolvería una risa infantil que me faltó, cambiándose por un rictus más difícil de definir. Pero paso de melodramas. Ésos funcionan en las películas de lágrima fácil.

Mamá nos sacó adelante con un par de ovarios y muchas, muchísimas horas sin nuestra compañía.


Nunca más he logrado comer potaje.



domingo, 12 de junio de 2016

Con-sonante

No digas una sola palabra de amor
Hablemos un poco de algo mejor
O si lo prefieres de los aviones
O si te gusta, de los transistores

En el desayuno hablamos de amor
En la comida hablamos de amor
Y por la noche, ¿qué pasa, mi amor?
Que por la noche hablamos del amor

No más amor
No más amor
No más amor

¿Sabes lo que pasa si hablas tanto del amor?
Que al final no sabes lo que es el amor
Y descubres que nunca has sentido amor
Y que nunca sentirás amor

En este mundo nada es verdadero
Todo está metido en un agujero
Así que mejor no hablar de amor
Hablemos un poco de algo mejor

No más amor
No más amor
No más amor





miércoles, 8 de junio de 2016

Mi hamor por la poesía (un poema para tín)

Yo que amo a la poesía

Tanto como el sol a una mañana  fría

Decidí escribirte estas letras

Que interpretarás si te concentras

Como si comieses una sopa de letras

Tus ojos

achinados

Rojos…

Y perpetuados

En esa preciosa cara

Que de barata no tiene nada

Y en ese percioso cuerpo

Que si lo veo no me enerbo

Porque yo te quiero tal y como eres

Tú me das muchos placeres

Me saludas por las mañanas

Sobre todo cuando tienes ganas

Y te acomodas en mi abrazo

Y me haces sentir un solazo

En fin qué más decirte

Si todo está lejos de herirte

Y no paro de insistirte

Que te quiero

Que te quiero

Que te quiero

Y que sin ti mi vida tiene un agujero

Y que te mando unos versos

De esos que riman con besos


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Ahora a ver quién tiene huevos a comentarme.


Je.

viernes, 3 de junio de 2016

Robando enlaces

Como podéis comprobar en el margen derecho de este espacio, el señor Rorschach ha colgado un enlace sobre una mujer desesperada en este mundo que se nos vende feliz.

O esta mujer es la mejor actriz del mundo o está tan desesperada como lo he estado yo y millones de personas. Lo que más me conmueve de ella es la dignidad que muestra, ese valor tan pasado de moda.

Ella no quiere subsidios (solo que lo necesita PARA VIVIR). Ella QUIERE TRABAJAR. Ella QUIERE JUSTICIA.

Ella no demanda un piso por la puta cara, quiere PAGAR el suyo. Ella no quiere mendigar, ni que le llamen pobre. Quiere currárselo y no le dejan. Quiere tener LA OPORTUNIDAD DE SACAR A SU FAMILIA ADELANTE. Y, de paso, a ella misma.

Ella es atendida por una funcionaria de ésas que se quejaron porque les quitaron dos pagas extras o les bajaron un cinco por ciento su sueldo. Es como para convertirse en una máquina de repartir bofetadas.

Ella no habla de política, ¿os habéis fijado? Se la suda. Habla de corrupción, sí, y no se inclina porque sabe que está flanqueada por derecha y por izquierda. No está hablando de feminismo, ni de machismo, ni de homofobia, ni de sirios, ni de aborto, ni de paridad. Ella no dice los trabajadores y las trabajadoras. Ella habla DE UNA REALIDAD. De una puta realidad que disfrazan todos los días y desde todos los sectores. De su realidad.

Está quemada. Los que lo hemos estado sabemos perfectamente lo que dice. Hay otros que se creen que lo saben. Y los demás piensan que exageramos, que somos vehementes, que gritamos. Yo entiendo su histeria, nacida de la impotencia más absoluta.

Todo eso lo conozco en primera persona en al menos tres ocasiones a lo largo de mi vida, y se lo he visto sufrir a mi gente más querida. El resto, PUTA MIERDA y PALABRAS.

Supongo que si este vídeo llega a tener una gran repercusión mediática (no lo creo, pero a saber), lo intentarán llevar a su terreno unos y otros. Pero ojo, que cargue contra los sinvergüenzas del PP o del PSOE no significa que esté a favor de los demás. Si habéis pensado eso, no habéis entendido NADA.

Esta mujer ha expresado en trece minutos lo que yo llevo intentando hacer sin éxito con todos mis conocidos y por medio de esta puta mierda de blog, durante años.

Desgraciadamente se quedará en una anécdota más de este Estado cada vez más polarizado por políticos de mierda, jueces de mierda, periodistas de mierda y otras basuras.

Si un sistema no funciona, en vez de limpiarlo, se vota a los anti-sistema, que crean otro sistema exactamente igual.

Yo sé que a algunos os gusta colgar banderas lejanas. Con la cantidad de dramas que hay por aquí, el señor Sánchez (PSOE) se ha prestado de boquilla a acoger a gentes ajenas a las que dar trabajo, sanidad, educación y subsidio.

Y mientras, MILLONES de casos como el de esta mujer aquí mismo.

A mí, que soy un insensible, porque me identifico más con una persona de edad similar a la mía, con la misma educación, con el mismo pasado, con los mismos cabrones ahí arriba y con cierta dignidad, ¿qué queréis que os diga? Que, aunque no sea tan políticamente quedabién como enarbolar ciertas banderas, yo también le voy a dar la publicidad que se merece dentro del escaso número de lectores que tengo.

Yolanda, gracias por traernos a una persona, no a un número. Y gracias por mostrarnos una dignidad que no vende.

Yo votaré, Yolanda. Votaré en blanco como los últimos no se cuántos años.

A mí NO-ME-VA-LEN.  Ninguno.

Os dejo el enlace, porque creo que han prohibido su reproducción fuera de Youtube. Merece la pena. 

https://www.youtube.com/watch?v=ZAUMNnQ1-Mk&feature=player_embedded