miércoles, 21 de septiembre de 2016

Historias de marcianos-III

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Durante este curso, estaremos constantemente saltando hacia atrás. Si nos repetimos será porque hemos comido ajo (perdón, es un chiste del pasado para haceros más ameno el curso).

1.Ajo-Planta de la familia de las liliáceas etc.

2-Planta-Ser vivo que no se mueve.

Volvamos a la educación, que hemos tratado en el preámbulo. Nuestros antepasados obligaban a sus descendientes a ir a la escuela. Allí sus maestros, reproducían lo que los libros reflejaban en sus escritos, es decir, leían. Examinaban a sus alumnos para ver si lo habían comprendido y los calificaban con resultados que oscilaban entre el “muy deficiente” y el “sobresaliente”. Curiosamente, después de decirle a una criatura que era “muy deficiente”, eran capaces de pelearse por cambiar el término “minusválido” por el término “discapacitado”.

Algunos territorios, como Marca España, obligaban a los descendientes a estudiar, y hacían pagar a sus mayores unas cantidades de dinero exorbitantes por los libros de texto. Aquel era un negocio que aportaba pingües beneficios a unos pocos y, aunque los padres se quejaban del gasto al que se les sometía, cada año desde el Ministerio de Educación cambiaban dichos libros de texto para obligar a los mayores a comprarlos. No obstante, éstos siempre tenían dos opciones muy famosas en esa época. Una era sí. La otra era sí. Al final, los pagadores siempre escogían la mejor opción. Era lo normal, no eran estúpidos.

Puntos suspensivos.

Para motivar a los jóvenes muy deficientes, las escuelas los expulsaban. Antes de ello, los hacían repetir curso varias veces para que el negocio de los libros de texto no se resintiese.

Algunas personas protestaban por los métodos y eran considerados raros. En general, cualquier persona que protestaba era considerada rara. En algunos tiempos fueron detenidos, ajusticiados y asesinados, pero más tarde,  con eso que llamaban evolución, sólo los expulsaban, los apartaban o les hacían la vida más difícil. Es curioso observar que la propia sociedad, con la manera rudimentaria de la época, con ese nuevo invento que llamaban programación, ayudaba a sus dirigentes a condenar a los raros al ostracismo. Más curioso, sin embargo, era que en el fondo, la sociedad estaba de acuerdo con la mayoría de los raros, pero su programación les impedía hacerlo público.

3-Raro se le llamaba a alguien que se salía del camino. Sólo había dos caminos: el derecho y el izquierdo. Algunos pretendían ir por el centro, pero eran pocos Ciudadanos. Otros, simplemente eran plantas que, como hemos acordado, eran seres vivos que no se movían.

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Estamos empezando a detectar los primeros síntomas de perplejidad en el brillo de algunos ojos. Continuaremos con las cápsulas.


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sábado, 17 de septiembre de 2016

Historias de marcianos-II

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Dependiendo de las zonas del planeta Tierra, las personas que en él vivían tenían diferentes costumbres. En este curso nos fijaremos en un territorio peculiar que se denominó durante siglos Hispania, España, Estado español y finalmente Marca España. En momentos puntuales podremos abarcar otros territorios mucho más importantes para la destrucción del planeta, pero hemos elegido Marca España por cumplir muchas de las pautas que nos ayudarán a entender mejor y de manera más divertida toda esa prehistoria que, no lo olvidemos, pertenece a nuestro pasado.

Marca España abarcaba una milésima parte del planeta Tierra. Aunque figuraba dentro de los que se denominaban países desarrollados, era un territorio que contenía a todos los tipos de población independientemente de sus recursos. Como el resto de territorios existentes, Marca España se creía el ombligo del mundo, pero dentro de sus fronteras existían otros territorios de menor entidad que también se creían ombligos del mundo.

1. Frontera se le llamó en sus primeros tiempos a un límite en el que habitaban los seres humanos de una civilización. Cruzar una frontera sin el permiso adecuado era malo para los seres humanos, pues no sabían vivir con el tronco separado de la cabeza. Con el desarrollo, aquellas fronteras violentas se fueron convirtiendo en una división de territorios cuyas costumbres eran diferentes, pero que básicamente se transformaron en distintos modos de pagar impuestos, dinero y diferentes tributos.

2.Dinero (impuestos, tributos). En los inicios de cada civilización se comenzó a utilizar el intercambio de productos. Si uno necesitaba jabón, lo cambiaba por una bombilla. Lo malo es que no se habían inventado ni el jabón ni la bombilla, pero como no aporta nada a nuestro curso, no añadiremos paja. Estos intercambios fueron sustituidos por metales preciosos o sólo bonitos, que a su vez se sustituyeron por moneda, que a su vez fue sustituida por billetes, que a su vez acabaron sustituyéndose por tarjetas y finalmente por códigos de intercambio bancario.  Quien más ceros tuviese, más poderoso era y más fe tenía en que la felicidad se podía comprar. Esta paradoja es impactante, pues nuestros antepasados pensaban que el cero equivalía a nada.
Pobres.

3-Paja-Este término es importante para nosotros en su tercera acepción. La primera habla de los tallos de los cereales secos; la segunda, de una cosa que carece de importancia; pero la tercera viene a ser como nuestro padre.  Recordemos todos que gracias a una, lograron engendrarnos a más de cien mil marcianos llegando nuestra población en la actualidad a casi un millón, todos muy parecidos, eso sí. Ahora ya no recurrimos al Gran Padre, y muchos de nosotros ya somos hermafroditas y apenas con el pensamiento y un grato giro de músculos somos capaces de fecundar nuestro vientre. Nuestros doctores trabajan con ahínco en el cuerpo de los varones para evitar esos dolores atroces que sufren durante los partos.

Y ese olor.
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En Marca España, como ya hemos dicho, existían distintos territorios con costumbres diferenciadas. La obligación de estar unidos durante una etapa de cuarenta años tuvo como consecuencia un desequilibrio que dichos territorios se encargaron de equilibrar. Ello causó nuevos desequilibrios dentro de las fronteras de esos territorios de menor entidad. También causó el hecho de que en vez de buscar lo que les unía, pusieron énfasis en lo que los separaba. Todo ello fue producto de la desnaturalización anterior y posterior.

Y es que con la naturaleza no se puede jugar. Y ellos no lo sabían.


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viernes, 16 de septiembre de 2016

Decepción

Los que me leéis desde hace algún tiempo conocéis un poquito mi manera de pensar. Esta manera que tengo de criticar lo que considero criticable. Muchas de estas críticas han sido hacia mi propia tierra, porque hay cosas que no comprendo, y mi gente sí. Eso, como no puede ser de otra manera, me entristece y muchas veces me solivianta, porque no alcanzo y me frustro.

Normalmente he puesto de paradigma al País Vasco como un lugar donde las cosas se hacen bien, al menos mucho mejor que aquí.  Si lo he escrito es porque lo he pensado, no suelo hablar por hablar o escribir por escribir.

También he hablado de Cantabria y de Asturias, que nos llevan mucha ventaja en ciertos ámbitos que considero importantes.

Llevo decenas de años yendo a dichos sitios, por lo tanto he comprobado que están cambiando de manera sustancial. Las praderas que se contemplaban en los montes de Asturias y Cantabria se están convirtiendo en plantaciones de eucaliptos, y aquel verde que dolía a los ojos se ha vuelto en muchas partes tan gris como mi tierra “verde”. En Vizcaya, aunque no tantos, empieza a haber más eucaliptos de la cuenta. Todo cambia al llegar a Guipúzcoa, la provincia más bonita que conozco, además del norte de Navarra, más grande que la propia Guipúzcoa, pero sin mar.

En los últimos años, como digo, he notado cambios significativos en sitios que consideraba mucho más desarrollados. La cons-destrucción se ha cebado en todas partes con los paisajes, con la salvedad de que en muchos enclaves del País Vasco, conservan muchos de sus edificios históricos. Pero… tienen sus lagunas. En el centro de San Sebastián están tirando algunos edificios clásicos para levantar moles iguales a las de otros lugares, las orillas del Urumea han cambiado su fisonomía, he visto a operarios de “limpieza” tirando la basura del Monte Igueldo “monte abajo” y he comprobado que en pro del ahora llamado arte, un “Peine de los vientos” consiste en hierros retorcidos y oxidados en la falda de dicho monte. Y qué decir del famoso Cubo de Moneo, situado donde antes existía un precioso Gran Kursaal. Pero son mis gustos y es su tierra. Yo ahí no pinto nada más que el hecho ser un espectador que comprueba con pena cómo poco a poco se repite en ciertos sitios lo que ya ha comprobado en su sitio. 

He ido admirando a los vascos a lo largo de muchos años. A mí me han tratado en general bastante bien, aunque capullos hay en todas partes y allí también los hay, por lo que ha habido ciertas excepciones que considero normales. No obstante, este año he vivido cosas que, junto con las de los últimos años, me han hecho reflexionar. He asistido a un evento deportivo al que acudieron también algunas personas de mi tierra, y he comprobado en otras carnes lo que en la mía nunca se me mostró. He visto cómo se reían de mis paisanos, he visto cómo los despreciaban algunas personas y cómo salía algún insulto despectivo que acompañaba al gentilicio “gallego”. He visto el diferente trato que desde la Organización se le daba a mi gente, incluso desde alguna institución pública. Bien es cierto que también he visto cómo la televisión pública del País Vasco y posteriormente algún diario se hizo eco de ello. He visto cómo perjudicaban a mis paisanos con las reglas del evento y cómo la Policía Local les ponía ciertas trabas. Y he visto un localismo ajeno a la razón, a la concordia o a la deportividad.

También he echado de menos la falta de un golpe en la mesa por parte de mis paisanos, un “así no”, un “me voy”.

Me he sentido extraño por lo inesperado del asunto.  Repito que en el País Vasco, al que he acudido siempre que he podido, me han hecho sentir como en casa, o mejor. Es un sitio al que siempre he admirado y al que le he llegado a tomar un cariño fraternal.


Pero yo pertenezco a mi sitio y a mi gente. Y cuando tocan a mi gente o a mi tierra, me tocan a mí.



(Imagen de Galicia)


martes, 13 de septiembre de 2016

Historias de marcianos-I

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Como indicábamos en la cápsula anterior, nuestros antepasados humanos despreciaron todo aquello que pensaban que les sobraba. Esto sucedió durante los últimos años de sus existencias, antes de la gran explosión (os recordamos que lo que llamamos gran explosión fue en realidad miles de explosiones en distintos puntos del planeta en un intervalo de tiempo no superior a una hora).

1.Hora era una unidad de tiempo que contenía otras subdivisiones. Entre las medidas de estos humanos se tendía a lo complejo y habían dispuesto que los husos horarios se dividiesen en 24, de tal manera que de 0 a 24 la Tierra daba una vuelta de 360 grados sobre su eje, vuelta que equivalía a nuestra medida menor, el día.  En una hora un hombre medio de aquellos tiempos podía comer, también podía echar una cabezada después de comer o también realizar el acto sexual. Se tienen noticias de que algunos hombres eran capaces de comer, realizar el acto sexual y echar una cabezada, las tres cosas, en dicho espacio de tiempo.

En aquella época considerada moderna y por ende (decían) buena, las personas (llamadas así para diferenciarse de los animales y de las plantas) comían, dormían y se entretenían con disfrute sin medida. Es curioso pensar cómo existía una medida para absolutamente todo, incluidas las palabras y expresiones a pronunciar en diferentes ámbitos, y sin embargo una falta de proporcionalidad en las medidas del desarrollo de sus necesidades. 

El hombre de esos tiempos consumía en algunos territorios hasta cuatro veces más de lo que el cuerpo necesitaba, mientras en otras partes del mismo planeta morían de hambre en un parpadeo otros seres recién nacidos. También es curioso comprobar que en las zonas de mayor consumo, el número de descendientes era escasísimo mientras que en las zonas de hambrunas las familias no paraban de alumbrarlos.

Por lo general, las personas coleccionaban ropas que no utilizaban, vehículos para el transporte, decenas de intercomunicadores que llamaban móviles, se automedicaban indiscriminadamente, abusaban del alcohol y gastaban una cantidad exagerada de agua que en otros lugares no tenían ni para vivir. Algunos de ellos consumían un número desmesurado de calorías que luego, mediante ejercicio físico, intentaban bajar. Cada ser humano generaba al día algo más de un kilogramo de basura y se desechaba un tercio de los alimentos a consumir.

En algunas fiestas, nuestros antepasados se arrojaban comida y agua para su divertimento. También arrojaban animales desde distintos edificios, pero ese tema corresponde a otra cápsula.

2.Familia era como se denominaba a un grupo de personas que convivían bajo un mismo techo y que tenían enlaces principalmente de consanguinidad entre ellos. Existían el padre, la madre, y los descendientes. De todas maneras, ese núcleo que había sido una constante durante cientos de años, se fue transformando en otro tipo de familias que denominaban “abiertas”, y que cambiaron sustancialmente su estructura.

Continuando con el tema que abarcamos, las poblaciones que vivían de manera más acomodada, se hicieron esclavos de sus vicios. Como comentábamos en la anterior cápsula, los humanos de entonces no aprendieron de sus antepasados. Los antiguos romanos y otros pueblos primitivos habían caído en decadencia por sus abusos. Habían creado impresionantes edificaciones para su época que incluían vomitorios que utilizaban para expulsar todos aquellos manjares de lo que se habían atiborrado sin medida. Como estas cápsulas entran en vuestro cerebro en el tiempo en que parpadeáis, no os dará tiempo para expresar vuestro asombro con un gesto.

Los habitantes de los últimos años de la Tierra repitieron los mismos desmanes aun teniendo a su disposición una vasta información de la que sus antepasados carecieron. Sus cuerpos proporcionados rápidamente conformaron figuras grotescas debido a sus excesos con la comida y la bebida, los azúcares y las grasas y los productos de la industria.


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viernes, 9 de septiembre de 2016

Historias de marcianos (Prólogo)

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Nuestros antepasados del planeta Tierra pensaban que en el futuro viajaríamos sin descanso en naves acondicionadas a nuestra existencia. Ellos ignoraron y despreciaron todo aquello que les sobraba y vaticinaron que se acabaría su mundo, pero no hicieron nada por evitarlo. En lo que llamaban auge o evolución, sólo volvieron a repetir una historia que pretendían enseñarse en las escuelas.

1.Llamaban escuelas a unos centros donde por imposición sus descendientes tenían que adquirir diversos conocimientos. Al acto de adquirir conocimientos lo llamaron aprender. Nosotros hoy en día lo llamamos programación, y hemos heredado tal concepto que nació en los últimos siglos de existencia del planeta Tierra por parte de unos personajes ilustres que se hicieron llamar políticos.

2.Aprender debería haber consistido en el acto de formarse como personas civilizadas.

3-Civilización denominaban a su cultura y sus creencias. En este punto, existían multitud de civilizaciones con algunos nexos en común. Curiosamente, aquéllos que siguieron respetando su entorno fueron denominados atrasados y, o bien los absorbieron o bien los exterminaron.

Nosotros no necesitamos aprender, aunque en la generación de nuestros hijos las cápsulas que en estos momentos nos estamos infiltrando serán incorporadas directamente mediante micronanochips a su cerebro a la tierna edad de dieciocho años.

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Nuestros antepasados hablaban de los marcianos en sus fábulas y leyendas y creían que seríamos verdes como un campo de hierba.

4.Campo era una extensión de terreno (parte de la Tierra y de la tierra), donde crecían múltiples variedades de vegetales útiles para la alimentación de las personas y los animales.

5.Hierba era una variedad vegetal que servía de pasto a muchos animales que a su vez se convertían en alimento de otras especies, conformando una cadena natural en la que se desarrollaba la vida.

Aunque vivimos en este planeta ya obsoleto llamado por nuestros antepasados Marte, nuestro aspecto es muy similar al de nuestros abuelos terráqueos. Sí, es cierto, tenemos algunas diferencias: nuestro cráneo ha crecido y nuestro cerebro no cesará de desarrollarse. Por otro lado, nuestras extremidades se han atrofiado y, aunque aún podemos moverlas para pulsar botones, nuestro cerebro ya se encarga de todas las funciones necesarias para trasladarnos con el pensamiento y realizar otras funciones prescindibles hoy en día.

Poco a poco, nuestros aparatos digestivo y excretor se han ido acostumbrando las nuevas circunstancias y aunque padecemos accesos de dolor un par de veces en nuestra existencia, la edad media de nuestra vida alcanza ya los doscientos treinta años.

Los más veteranos de nuestro nuevo mundo , acaso los más vigorosos, llegan a lo que llaman éxtasis manipulando sus genitales como lo hacían los chimpancés y nuestros tatara-tatarabuelos. A los jóvenes de ochenta y cinco años para abajo ya ni se nos ocurre.

A vosotros cincuenta, que asistís a este curso de prehistoria terráquea, os iremos ofreciendo los programas en distintas cápsulas cuya codificación extensa quedará reflejada en la base de datos de Elypse. En un breve parpadeo conoceréis con cada cápsula el desarrollo de la historia de los que han sido nuestros antepasados: los últimos habitantes del planeta Tierra. 

Esperamos sea de vuestro agrado.


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