viernes, 17 de febrero de 2017

Cofre

A veces me tropiezo con un cofre viejo. Sé lo que esconde bajo su candado. Guarda otro cofre, con dos candados. Dentro de éste existe otro, con tres candados.

Cuando me tropiezo con él, lo introduzco en una caja fuerte con una combinación de mil cifras, y cierro recordando las primeras doscientas. Las demás cifras, vuelan. Quedaría bien escribir que lo hacen mecidas por una brisa suave, pero no se ajustaría a la realidad. Necesitan un huracán que arrastre toda la miseria. Perdón, toda la memoria.

Yo, ayudo con mi soplo.

Gota de océano.

Mis cofres y mis cajas tienen fisuras, lo sé. No se perciben a simple vista, sólo sé que sus imágenes, sonidos, olores, frases, tactos, vidas, escalofríos y muertes, se cuelan tratando de poblar mi pensamiento.

Si me veis un día por la calle, serio, sabréis de esas fisuras.

Si sucede cada día... entonces...
...entonces sabréis dónde guardo la caja fuerte.

Y podéis subastar lo que pesa.

Cada día me encuentro con cofres escondidos en otras cajas fuertes, en otros seres. No sólo contienen pensamiento, algunas también contienen agua. Lo deduzco porque la observo resbalando.

Callada.