martes, 14 de febrero de 2017

El día de los gilipollas

—Hola, amor

—Hola, cielo

—Toma, un regalo, amor

—Oh, oh

—Sí

—Yo también tengo uno para ti, cielo

—Pues no sé a qué esperas, amor

—Yo tampoco, cielo

—Pues venga, amor, abre tu regalo y dame el mío.

—Oh, qué tono imperativo, cielo, me estás poniendo burra.

—Luego vamos a eso, amor, siempre pensando en lo mismo. Ábrelo.

—¡Oh, una rosa! Y… viene aquí metida… voy a olerla, cielo.

—Tú mateixa, amor. Es nuestro símbolo de amor, y perdona por la redundancia.

—¡No güele! ¡Es… de plástico!

—Ya estás tú buscando defectos, amor.

—No, no, si yo no.             Cielo.

—¿No me das tu regalo, amor?

—Toma, cielo.

—A veeeer que hay en esta cajita…      (,amor, que me se olvidaba)

—:-)

—¡Oh!

—No, no, cielo, es sin hache. Es una O.

—Estoooo… gracias, amor.

—¿Te gusta?

—Grsí. Y una pregunta… ¿para qué quiero una O? ¿Amor?

—Para que no te tenga que llamar siempre Albert. A partir de ahora te llamaré Alberto, cielo.

—¡Nnnnnnnnnnnnnnn…!

—¿Nnnnnnnnnnnnnn? Utiliza la O, cielo, que para eso te la he regalad.

—Vale, y tú utiliza la flor de plastic, amor, ponla en un florer y échale una aspirin.

—¿Para qué, cielo?

—Para que no le duela la cabeza, no te jode, amor.

—No, no me jode, me jodes tú, así que ponte tú arriba, cielo.


—Sí, amor.





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