miércoles, 15 de febrero de 2017

¿Qué es ser romántico?

Nunca fui romántico. O se es o no se es. Y esa cualidad se perdió en alguna fase de mi creación, en algún gen todavía desconocido o quizá llamado AXR51ST (anda que como acierte…). Según la manera de ver el romanticismo hoy en día, yo no lo soy.

He compartido paisajes imborrables, momentos irrepetibles, he sorprendido a mis parejas hasta hacerles abrir la boca, he caminado sobre las nubes y resguardado bajo ellas a mis personas importantes quedándome sin mi cuero para que no pasasen frío, he dedicado años enteros a pensar al segundo en la misma persona y he establecido metas conjuntas que sólo las circunstancias lograron romper. He apostado mi vida por amor.

Pero soy un ladrillo.

Guauiño.

Creo que en toda mi vida he asistido a cinco o seis bodas, a todas ellas con mis dientes peleados, esto es, a regañadientes. Sin regalos porque nunca me ha sobrado el dinero o porque tenía otras prioridades más urgentes o más importantes para mí que una puta boda. El único motivo de asistir a un enlace ha sido que aquellos que se casaban me hicieron saber que mi asistencia les parecía importante, mucho más que un regalo del que ya estaban avisados que no llegaría.

Con todo, he sumado esfuerzos y automotivaciones y aleajactaesteteé. Con mi traje, mi corbata, mis zapatitos italianos de cordones y las gafas de sol que me añaden un aspecto mafioso de la zona irlandesa más que de la italiana puesto que no soy gordo.

En todas las bodas a las que asistí, hubo una enorme dosis de mala educación por parte de los anfitriones. Aunque se considere normal, a mí no me lo parece el hecho de estar esperando dos horas a que los recién casados se hagan unas fotos “románticas” en castillos descuidados de los que extraen la parte menos sucia para que los románticos se den un beso romántico cuando se lo ordene un fotógrafo que acaban de conocer. Que poneos allí aprovechando la puesta de sol, que tú te agachas, que tú te inclinas, que todos esperan, que que esperen notejode.

Luego llega el romántico brindis que sólo sirve para que los colegas te hagan fotos románticas de un brindis de plástico, de una escena obligada y considerada romántica. Luego el vals romántico, cuando un vals musicalmente no tiene NADA de romántico. Pero venga, a bailar, que toca. Todos con sonrisas, que se besen, qué bien bailan, qué mal bailan, que se besen los padrinos, que en la boca y qué risas.

Lo ODIO.

Luego a partir la tarta con la espada que, aunque no hemos empezado a comer, hay que hacer la foto cuando la corbata todavía permanece en el cuello y no en la frente. Este romanticismo es todo tan natural…

Entonces llega la romántica luna de miel, a encerrarse en un hotel del Caribe que es muy romántico y “hay que” disfrutar del romanticismo. Es todo tan romántico.

Dos de las parejas tan enamoradas y románticas a cuyas bodas asistí, duraron menos de un año. Es una pena, con lo enamoradísimos que estaban. De las demás, igual me equivoco, pero creo que sólo queda una en pie, y no se puede decir que irradien amor. Si miro a la generación de mis padres, sólo he conocido a una pareja cuya complicidad ha sido excepcional. La mayoría del resto han tenido sus tiras y aflojas, nunca han sido felices, pero les mantiene esa meta en común que fueron hijos y ahora son nietos.

Si me doy una vuelta por la vida o incluso por blogger, no dejo de ver muñecos rotos. Quizá alguna niña que cree en un príncipe azul porque le falta algo de cocción, o quizá a una persona que no ha necesitado que un gilipollas le pidiese matrimonio hincando la rodilla ante la mirada de otros gilipollas que consideran ese gesto romántico porque Hollywood lo ha establecido así.

Ser romántico, desde mi punto de vista, no es llamarle “cielo” a tu amor, porque se te puede escapar cuando estés con tu amante, fingiendo que el sexo es amor; le puedes llamar “bicho” y ser mucho más romántico. Tampoco lo es estar a punto para la foto que en un estudio te llenarán de flores o un vídeo que adornarán con las noches de blanco satén. Ser romántico no es una palabra, una foto o lo que te piden los clichés, es una actitud

Ser romántico tampoco es lo que escuché a un garrulo el otro día en la tele: “soy romántico, si tengo que regalar una flor, la regalo”. Menos mal que para ser romántico Hollywood no te ha dicho que te tienes que meter la flor por el culo.


Gilipollas.




Yo creo que ser romántico es que valgas tú, no que valga una puesta de sol, no que valga yo.  

Mi romanticismo eres tú, no lo accesorio. Pero da igual, siempre me equivoco.