jueves, 2 de marzo de 2017

Aprendiendo ingles

Mi nombre siempre ha causado controversia. Creo que a la gente le resulta difícil pronunciarlo, Sbmó, joder, no es tan difícil, sólo tiene una vocal, como Antonio, que tiene tres.

Por esa misma razón (la dificultad incomprensible), he permitido que cada uno me llame desde siempre lo que le dé la gana. No obstante, a la gente por lo general ese nombre le parece demasiado largo y lo apocopan llamándome “desde siempre”, “desde” o “de”.

También me llaman imbécil, gilipollas, pringao, aunque esto último sólo lo hacen los que tienen un ojo a la virulé cuando se van o se los llevan.

Muchas personas, no sé por qué razón, también me llaman Óscar, ¿tengo cara de Óscar? No sé, para mí la cara de Óscar es redonda y yo no tengo la cara redonda. Quizá es que hubo un Óscar muy famoso que se parecía a mí.  O a lo mejor es que cuando somos pequeños y conocemos a un niño de nuestra edad o incluso mayor o incluso menor, o incluso un adulto o un viejo, o incluso, vete tú a saber… ¡una niña! y conocemos su nombre, ese mismo nombre es el que a partir de entonces nos sirve como referencia para imaginarnos cómo serán otras personas que se llaman igual. Por ejemplo, yo pienso que todos los que se llaman David son rubios, menos Bisbal, que tiene rizos.

Luego están los ingleses o anglófonos en general. O, mejor dicho, las anglófonas. Por alguna extraña razón ellas no me llaman Óscar u Ójcar, como me llaman en Madrid cuando voy. No. Las anglófonas me llaman todas “Omaigod”. Joder, que no hay manera, que incluso en los momentos más íntimos yo estoy “Sbmó”, “Sbmó”, y ellas, dale que te pego, llamándome “Omaigod”, primero suavemente, pero terminando por chillarme hasta que me aparto mosqueado. Joder, repito. Y acabo (por decirlo de alguna manera, porque nunca acabo) con lo que yo llamo el dolor inglés, que me pilla desde el músculo oblicuo del abdomen hasta el sur rosado por toda la zona de las ingles. De ahí su nombre.

Cuando se van las anglófonas, siempre acudo al amor propio, pero ése es ya otro tema.

Me gustaría aprender inglés, la verdad, para intentar comprender un poco mejor a estos hijos de la Gran Bretaña. Yo sólo tengo un nivel medio o, al menos, eso pone en mi currículum. Al principio sólo sabía decir “pencil”, pero luego aprendí también “chair” y “table” y ya me puse a escribir y a estudiar para emular a todo un presidente como es Mariano Rajoy. Es curioso que un tipo como él sepa tanto inglés, pero siga sin aprender el español: “He estao en el debate sobre el estao de la nación, ha sido iMejorable y se ha hablao de la aNistía, es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde, de verdaz”.

El caso es que me he tomado muy en serio las clases audiovisuales de inglés. Recuerdo el primer día en que me encontré con mi profesora (ésa no me llamaba “Omaigod”, sino “Dalejoder”) y que le pregunté si aquélla era el aula, y ella, sonriendo, me respondió:

—If, if, between, between.


Y luego llegaron los vídeos. Mmmm, qué maravilla. Os dejo tú (que sijjifica dos), para que vosotros aprendáis tanto como yo.

Os quiero.


Y lo sabéis.